Toda la verdad 10

Si Dios es soberano, ¿por qué no pone todo en el mundo de acuerdo con su ley? ¿Por qué permite tantas injusticias? La respuesta es que no arregla todo porque siendo Él el encargado de todo... (Foto: Sathish J/Flickr)

Dominio divino absoluto y libertad humana auténtica.

Si Dios es soberano, ¿por qué no pone todo en el mundo de acuerdo con su ley? ¿Por qué permite tantas injusticias? La respuesta es que no arregla todo porque siendo Él el encargado de todo, por razones propias, razones que no nos ha explicado completamente, tiene razones que nosotros no sabemos ni entendemos. Él es infinito en su sabiduría. Hay secretos en Dios en cuanto a lo que hace, en cuanto a cuándo, cómo y por qué hace lo que hace. No se ajusta siempre a nuestra comprensión. Por ejemplo, Dios a veces se valió de naciones paganas e impías para conquistar, llevar al exilio, y maltratar a los de Israel, el pueblo escogido de Dios.

Pero, tengamos muy presente que sin mermar en nada la soberanía de Dios, la Biblia da también otra respuesta. Esta es que Dios no arregla las cosas porque el hombre no obedece, y Dios, según Romanos 1, a veces abandona al hombre a lo que él mal escoge. Lo hace, no porque no puede impedirle su maldad, no porque tenga que respetar la voluntad independiente y soberana humana, sino porque se vale de la desobediencia del hombre para cumplir su voluntad, mostrando su justicia; castiga al hombre rebelde. La situación de miseria en este momento internacional es para que el hombre entienda que su propia sabiduría y habilidad no son ni aptas ni suficientes, y que por otro lado, porque cuando vive indiferente hacia el Dios suyo creador, Dios maldice aun las intenciones admirables de los hombres para bien.

Toda la verdad está en todo lo que la Biblia dice. Piense en los muchos textos que declaran la indiferencia y la negligencia humanas como motivos de la ira y el castigo divinos. Por ejemplo, Romanos 1:18 y 2:8-9.

¡Qué peligro rebajar a Dios de lo que Él mismo dice ser según las Escrituras! Hacerlo es una clara tendencia que confirma nuestro desprecio contra Él. No es para nosotros insistir en que Él esté a la medida de nuestros conceptos en cuanto a cómo debe ser. Es una clara indicación de lo radical de nuestra caída en el pecado. Resultamos idólatras, y pasamos una buena parte de nuestro tiempo fabricando dioses que quepan dentro de nuestro sistema de controles.

Pero, no, lo maravilloso de Dios es que Él es Dios, infinito, eterno, e inmutable en su ser, sabiduría, poder, santidad, justicia, bondad y verdad. Él es perfecto y lo que hace es perfecto. Volvernos a Él tal como es, es renacer.

Sigo insistiendo en que Dios es soberano, pero que a la vez, cada uno de nosotros es totalmente responsable por lo que hace o no hace.

Dios hace lo que quiere – El libro de Lamentaciones (3:22-33, por ejemplo) lo dice. Pero, había razón; el pueblo suyo le había desobedecido. Dios quiso castigarlo – porque Él es Dios, y es el Dios que es; no algún dios hecho a la medida de los gustos del ser humano caído, anormal, corrupto e idólatra. Dios no resulta derrotado por nuestro pecado, pero nosotros sí resultamos duramente castigados por él. Dios se declara Dios de misericordia, pero a la vez, Dios de justicia.

Algunos textos de Deuteronomio dicen que nos irá bien si obedecemos, y que nos irá mal si no. Fíjese en el capítulo 28, mire también Levítico 23. A la vez, Deuteronomio 9:1-8 enfatiza en que la bendición de Israel no era por razón de la justicia de ella, sino por lo que dice el versículo 5. El versículo 7 tiene estas palabras: “Desde el día que saliste de la tierra de Egipto, hasta que entrasteis en este lugar, habéis sido rebeldes a Jehová.” ¿Cómo, pues, pudo Dios bendecir a un pueblo rebelde cuando había dicho que la bendición vendría por la obediencia? A la luz de otros textos bíblicos, tenemos la respuesta. Dios es el justo y el que justifica, pues envió a Jesucristo (Romanos 3:26) a cumplir la justicia que exigía. Por eso Dios preservó a su pueblo, pese a su indignidad. Su pacto acordado, favorable a Israel, se debía a su gracia. Otra vez, Deuteronomio 7:6-11, nos hace entender que por gracia Dios escogió a Israel, y dentro de Israel, un remanente escogido por gracia. Lea, por favor, Romanos 11:3-10. Deuteronomio pone de relieve las dos verdades: la bendición de Dios se debe a la gracia de Dios únicamente, pero a la vez, son sólo aquellos que obedecen a Dios que gozan de su bendición. Lea Deuteronomio 7:9-26. A Dios las gracias por su salvación, salvación totalmente de gracia, pero a nosotros la exhortación a obedecer.

Debemos ser lectores asiduos y atentos de toda la Biblia. Sólo así tendremos toda la verdad.

 

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