El calvinismo, el Arminianismo, el Catolicismo y el Comunismo

Es tan inherente en el ser humano creer que tiene en su poder salvarse, que no es capaz de imaginarse otra opción. Por esto mismo, en alguna medida, sigue confiando en el poder humano para lograr la bendición de Dios. (Foto: Jules & Jenny/Flickr)

 

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Solo el Calvinismo de al respuesta completa a la problemática humana. Al hacerlo, da a Dios lo que le corresponde, es decir, toda la gloria por razón del nuevo nacimiento de su pueblo. Los otros sistemas dan por sentada la autonomía humana en alguna medida. El calvinismo entiende que el hombre en nada tiene en sí mismo la posibilidad de resolver su fracaso. Clama, igual como hicieron los discípulos a bordo del barco en la tempestad en medio del Lago de Galilea, Señor, sálvanos, que perecemos, Mateo 8:25. Insiste en que el perdido mire a Jesucristo, que mire a Dios. Por supuesto en el caso citado de los discípulos, ellos permanecieron en el barco, y por supuesto se dirigieron a Cristo. Pero, se calmó la tempestad por la voz del Creador. La tempestad es real; la muerte es una sentida y terrible posibilidad. ¿Qué, pues? Miren a Cristo, tal como Dios aconsejó mediante Isaías, Miren a mí y sean salvos todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay otro. Y siendo que Dios salva, no hay necesidad de otro salvador. ¡Un gran Salvador es Jesús el Señor! Digno es el Cordero que inmolado fue; fue inmolado, y con su sangre, nos ha redimido para Dios, y nos ha hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra, Apocalipsis 5:6-10.

Claro que muchos que no son calvinistas claman a Dios, y Dios salva a quienes lo invoquen en verdad. En este breve escrito, no es mi propósito analizar cada una de las corrientes anotadas en el título arriba. Lo cierto es que, en alguna medida, todas menos el calvinismo, colocan al ser humano pecador, caído en Adán, como colaborador en su propio rescate.

¿Es esto cuestión de jactancia para los calvinistas? No, de ninguna manera, pues los calvinistas tampoco viven siempre consecuentes con lo que dicen creer. Todo el mundo en algo todavía se felicita por sus propias actuaciones, y las tienen en alguna medida como razón de su confianza delante de Dios.

¿Qué, pues? Lo valioso de la fe reformada es que el calvinista, más de lo que hacen los otros “ismos” (por lo menos en teoría), promueve la gloriosa realidad de la eficaz actuación de Dios en todo. Es decir, que de Él, y por Él, y para Él son todas las cosas; a Él sea la gloria por los siglos. Todos los demás sistemas de creencias, los otros “ismos” en alguna medida son pelagianos, por usar el término que describe la creencia del monje Pelagio en el siglo 5 D.C. Él insistía en que la salvación humana estaba en poder de la voluntad de cada ser humano. En aquel siglo Agustín de Hipona proclamaba la declaración de Efesios 2:8,9: Por gracia son salvos por medio de la fe; y esto de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. La iglesia en aquel siglo, reunida en concilio, condenó a Pelagio, y justificó a Agustín, pero como todos nacemos convencidos de ser nuestros propios salvadores, muy pronto y repetidamente la iglesia se ha apartado de su propia decisión, tomada después de examinar las Escrituras.

Bien entiendo que hay muchos, pero muchos cristianos evangélicos no reformados, que están de acuerdo con Agustín y en contra de Pelagio. Pero, sin embargo, muchos de estos son “semipelagianos”, sinónimo para el término “arminiano”. Estos, profesando sinceramente su acuerdo con Efesios 2:8-9, sin embargo, adicionan que Dios no puede salvar al pecador sin permiso del mismo, que el nuevo nacimiento depende de una decisión suya. Se contradicen, pero no en el sentido como a veces encontramos en la Biblia, que a veces hay dos verdades paralelas que la Biblia enseña, y que el ser humano no es capaz de relacionarlas lógicamente. No, en el caso que tratamos, de hecho es una contradicción decir que la salvación es todo de gracia, pero que sin embargo, depende de algo humano, de algo de su voluntad para salvarse.

Nuevamente, vale la pena aclarar que el calvinista reconoce que el hombre tiene que creer para ser salvo, pero reconoce también que su fe en Cristo no es la razón de su salvación, sino el medio por el cual los méritos de la actuación de Dios le son comunicados al creyente, para que este esté consciente y entendido del cambio que Dios ha obrado. Uno cree, sí, pero cree porque antes Dios le ha dado vida (el nuevo nacimiento) para poder creer, Efesios 2:1. Dios es el que da la fe; es don de Dios. …Mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia, (Romanos 4:5). Toda la gloria es de Dios, y todo el poder es de Dios. El hombre es librado de depender de sí mismo. El arminiano, el católico romano, y el comunista tienen en común que la solución de la problemática humana, es decir, de su pecaminosidad, depende en alguna medida, si no totalmente, de la voluntad humana. De este grave error resulta el fracaso humano. Sólo el calvinismo presiona de manera completa con la realidad absoluta que Dios tiene que comenzar la obra – y llevarla a perfección. Llama la atención del pecador, no a sí mismo y lo que debe o puede hacer, sino a lo que Cristo ha hecho y a lo que Dios tiene que hacer para salvarle.

Los de creencia “pentecostal” o “carismática” también, en su gran mayoría, son arminianos. Creen de corazón y predican con fervor que la salvación depende de Dios, pero al predicar el evangelio de Jesucristo, tienden a colocar la confianza clave para salvación sobre la persona. Esta, creyendo, inicia el proceso para que Dios después le haga nacer de nuevo. Es tan inherente en el ser humano creer que tiene en su poder (en alguna medida) y su deber de hacer algo para salvarse, que no es capaz de imaginarse otra opción. Por esto mismo, en alguna medida, sigue confiando en el poder humano para lograr la bendición de Dios.

Reconozco que este escrito toca uno de los puntos de doctrina más difíciles para la gente. La Biblia obviamente manda al ser humano a obedecer a Dios, y promete bendición si lo hace. Cada ser humano en el juicio final recibirá según sus obras. Constantemente la Biblia presiona al cristiano a actuar según la ley de Dios, a amar a Dios con todo el corazón y al prójimo como a uno mismo. Esto es tan obvio, tan prominente, tan repetido en las Escrituras, que, siguiendo la lógica humana, parece no ser posible otra conclusión, sino la que dice que el hombre en alguna medida “merece” el galardón con que Dios premia la obediencia. En alguna medida, en algún sentido, sí, así es. Pero, la Biblia también enseña otra cosa. Enseña que, volviendo al texto citado de Efesios 2:8,9, dice después, v. 10: Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, la cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. En este escrito, no desarrolló más este enigma, el cual dice que si bien el hombre actúa, actúa solamente porque Dios está actuando. Refiero al lector a textos como Gálatas 2:20, 1 Corintios 15:10, y Hebreos 13:20-21 en los cuales se ve los dos elementos del dilema, sin proveer una resolución del mismo.

El deber es del hombre, pero el poder es de Dios. El calvinismo, solo el calvinismo, insiste en mantener este misterio que lo es para la lógica humana. Así toda la gloria es para el Señor. No disminuye una verdad con el fin de mantener otra. Insiste en que la Biblia sea nuestra guía en cuanto a creencia y práctica, y encuentra en la Biblia que la salvación es de Dios; no es de quien quiere o de quien corra, sino de Dios quien tiene misericordia. Sólo el calvinismo lleva a depender de Dios 100% para la resolución de la problemática humana, y a la vez, exige que el ser humano haga lo que Dios manda. Si uno no quiere llamarse “calvinista” está muy bien. Al fin y al cabo, no fue Juan Calvino quien inventó el sistema que ahora lleva su nombre. Lo que él hizo fue proclamar la verdad, la fe una vez dada a los santos, en contra de la enseñanza del catolicismo del siglo 16, el cual rehusó someterse consecuentemente a la fe bíblica. El catolicismo todavía llama al hombre a confiar en sí mismo. Lo mismo hace obviamente y consecuentemente el comunismo en su materialismo ateo. Lo mismo hace en una medida u otra el evangelicalismo arminiano, pero en este caso, por la gracia de Dios, pese a los errores (errores que el calvinista también tiene en la práctica si no en teoría), cree en Jesucristo único Salvador, quien mediante una sola ofrenda (el sacrificio de sí mismo) hecha una sola vez para siempre, obtuvo la eterna redención.

 

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