la reforma y Calvino 

Conmemorar los 500 años de la reforma es la oportunidad de recibir de excelentes fuentes de la verdad y del fuego espiritual bíblico que los comentarios de Calvino ofrecen. Nos ayudan a detectar los errores que persisten en nosotros todavía. (Foto: Jim Forest/Flickr)

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Soy un “calvinista” muy desaplicado en cuanto a leer las obras de Calvino. He leído una sola vez, de pasta a pasta, la obra maestra de Juan Calvino, "La Institucion de la religión Cristiana". Seguramente más lecturas de su obra me habrían servido para frenar un poco mi tendencia a confiar en mí mismo y la tendencia hacia la pereza en mi servicio a Dios. Pues Calvino escribió como pastor, buscando que los fieles anduvieran de corazón, con energía, y con fervor en toda la voluntad de Dios. En buena medida (no puede haber duda) que Calvino se declaraba en palabra escrita, en predicación, y en el ejemplo de su vida, que quería servir al Señor, y hacerlo siempre dependiendo de Él, siempre para Su gloria. En qué medida logró alcanzar su meta, es para los interesados decidir. Sé que la Biblia nos enseña a vivir según Calvino exhortaba. Pero no soy “calvinista” en el sentido de seguir las obras de Calvino. Ni él, ni sus escritos son la razón de mi doctrina.

Calvino no enseñaba nada nuevo. No inventó el sistema, la fe reformada, que ahora lleva su nombre. Simplemente presentó de manera consistente y sistemática lo que otros habían enseñado antes (y que otros contemporáneos suyos enseñaban). Pero, Calvino organizó mejor lo que ya antes era la enseñanza de otros, otros de los mejores piadosos y eruditos de la Biblia. Pues, fue de la Biblia de donde Calvino recibió la materia prima de la cual salieron los elementos de su predicación sistemática del consejo de Dios.

Fue de la Biblia que salió y sale la fe reformada. Calvino escribió 45 tomos de comentarios sobre casi toda la Biblia. Sus sermones expositivos sobre una buena parte de la Biblia fueron guardados en forma escrita por algunos taquígrafos que le escuchaban, y después él mismo los revisó antes de ser publicados. 145 sermones sobre Job, por ejemplo. 140 sobre Deuteronomio. 45 sobre Efesios (ya traducidos al español). La organización CLIR, de San José de Costa Rica, poco a poco viene traduciendo al español más de los comentarios suyos. Los dos tomos sobre Génesis ya están a la orden. Los cinco tomos sobre los salmos están en proceso. Hace años tenemos los comentarios sobre Romanos, sobre Hebreos, y sobre las cartas pastorales.

¿Hay comentarios y sermones mejores que los de Calvino actualmente? Bueno, quizás mejores o igualmente buenos. Pero el testimonio de muchos es que pocos superan en cuanto a su fidelidad al texto bíblico, al sistema total de la doctrina bíblica, y a las preocupaciones pastorales y evangelísticas que deben caracterizar toda comunicación cristiana.

Conmemorar los 500 años de la fe reformada es la oportunidad de recibir de excelentes fuentes de la verdad y del fuego espiritual bíblico que los comentarios de Calvino ofrecen. Nos ayudan a detectar los errores que persisten en nosotros todavía; nos dirigen a Cristo para la gloria de Dios y la salud de la iglesia. Se me hace que nosotros, los de la fe reformada, seríamos mejores representantes de esta verdad bíblica si hubiéramos leído más de Calvino. No sólo yo, sino mis contemporáneos en Colombia, quienes profesan la fe reformada, nos haríamos un gran favor para nuestra propia vida espiritual y para la eficacia de nuestro ministerio, y para la sabía proclamación de la fe reformada si leyéramos más de Calvino. No, no es esencial leer a Calvino. Hay otros muchos autores que promueven lo mismo. Pero, Calvino, también. Su manejo del texto bíblico, su perspicacia al presentar toda la verdad sin caer en las deformaciones de presentar una parte de la verdad, sino presentar toda la verdad, su sabia aplicación de la sustancia de cada pasaje bíblico, etc., son ayudas muy grandes para ser fieles testigos de Dios.

Pero, tengamos en cuenta que Calvino no es el inventor o el descubridor de la fe reformada. Es la Biblia de donde sale esta fe. San Agustín de Hipona en esencia ya había enseñado lo mismo hacía mil años. La Iglesia Católica Romana profesaba y profesa lealtad a San Agustín, aunque en la práctica no la muestran. El ejemplo básico de Calvino, como predicador y maestro, es su atención a la Biblia. Pocos hacemos lo mismo en la medida que él lo hizo. Nos llamamos “calvinistas” muchas veces, pero sin hacer el trabajo arduo y constante de verificar por la Biblia misma si nuestras creencias en verdad salen de la Biblia, y si salen en fidelidad a la Biblia, si estamos enseñando Biblia y doctrina bíblica controlados y entusiasmados por la Biblia en su totalidad, o no. Nada más deshonesto esto de profesar ser portavoces de la fe reformada sin haber trabajado y sin trabajar en la mina de la Biblia misma. Recibirla de segunda mano, de Calvino o de otros miles de comentaristas reformados es loable, pero no es suficiente. Debemos escuchar la voz de Dios mismo; debemos examinar las Escrituras, todas ellas, bajo la lupa del Espíritu Santo, buscando la gloria de Dios, meditándolas día y noche, para que nuestros caminos sean prosperados según Dios.

Para esto conmemoraremos los 500 años de la Reforma. En esencia, todos los reformadores renombrados eran “calvinistas” (“agustinianos”).
 

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