artículo 2 de la serie sobre los 500 años de la reforma

En este 2017, quinientos años después de que estalló formalmente la Reforma Protestante, conmemoraremos otra vez aquel 31 de octubre de 1517. (Foto: Magro_kr/Flickr)

DescargarBoton2

 

Ese día, Martín Lutero clavó las 95 tesis en la puerta de la iglesia en la ciudad de Wittenburg, en Alemania. Las 95 tesis criticaban justa y severamente algunas creencias y prácticas de la iglesia cristiana de aquel entonces.

Bueno, y ¿qué tiene eso que ver con nosotros en el 2017? Pues, mucho. ¡Para nosotros es importantísimo lo que estalló en ese entonces! Y lo más importante es que ahora tenemos la Biblia en nuestras manos, lo cual no era cierto en ese entonces. Pero, no sólo la tenemos, sino que como fruto de la Biblia y de aquel movimiento del siglo 16, tenemos el regreso a todo un sistema de creencias, los cuales en su conjunto llamamos ahora la fe reformada. Es un regreso a la forma de doctrina que la Biblia enseña. Es un re-formar de la doctrina a su forma original, la que en aquellos tiempos había sido de-formada.

La fe reformada no es una novedad del siglo 16, no es algo que por primera vez surgió en la llamada Reforma Protestante. No, la fe reformada es la misma fe que fue “una vez dada a los santos” por los apóstoles, quienes escribieron el Nuevo Testamento. Es decir, es la enseñanza del cristianismo desde su comienzo. Es la historia de la venida de Jesucristo, el Hijo del Dios trino, a la tierra, hace más de 2000 años; y con la historia, también la explicación y los frutos de su enseñanza y obra. Se trata pues de las Buenas Nuevas de Jesucristo, Salvador.

Tristemente, y con el paso de los años después de los apóstoles, la iglesia cristiana iba en gran parte diluyendo o modificando la fe apostólica. Se perdió su forma original. 2 Timoteo 2:13-14 habla de esa forma, y los reformadores del siglo 16 la recuperaron. No sacaron un dogma nuevo, sino que re-formaron lo que había sido de-formado.

¿Cómo lo hicieron? Volvieron a la Biblia para redescubrir lo que ella enseñaba. Volvieron a toda la Biblia. La iglesia cristiana de esos tiempos había puesto otras autoridades en lugar de la Biblia. La iglesia, por lo tanto, había perdido en gran parte su carácter bíblico-cristiano. Por eso, la sociedad mayormente católica de aquel entonces también había perdido su carácter bíblico. Las consecuencias de esa deformación son evidentes en el caos y miseria prevalecientes en el mundo a través de los siglos, especialmente hoy.

Cuando hablo de la fe reformada, hablo del sistema de doctrina que los reformadores volvieron a enseñar y predicar. Hablo del evangelio, y del evangelio juntamente con sus contextos, apoyos y frutos, todo lo que la Biblia presenta al explicar las Buenas Nuevas.

Muchos hablan del “evangelio”, pero lo hacen sin la plenitud y la maravilla de la doctrina reformada. Siempre está la tendencia de modificar y reducir las dimensiones o el contenido del evangelio como evangelio, es decir, como Buenas Nuevas de Dios. Los reformadores plantearon el debate para recuperar lo perdido. Predicaron el evangelio, no sólo como debate, sino como “poder de Dios para salvación”. Insistieron en el debate, pero que el evangelio fuera predicado en su sencillez, una sencillez relacionada con “todo el consejo de Dios” y maravillosamente adornada por este consejo. Nuevamente Dios y su evangelio fueron vistos y conocidos en la plenitud que la Biblia revela.

La conmemoración de los 500 años de la Reforma reconoce la explicación de Dios mismo sobre el mundo y la vida en su totalidad. Él es el Creador de los cielos y de la tierra, el que en la Biblia enseña cómo son las cosas. Nada se queda por fuera. No es sólo un aporte parcial al intento de resolver la problemática humana, sino la declaración y la exposición de la realidad única dada en la Biblia para su resolución total, para todas las edades y para todos los pueblos. No es un mero debate con las múltiples corrientes filosófico-religiosas humanas, sino una sentencia que califica como errónea a toda aquella en la medida en que no se conforme con la Biblia. ¿Fanatismo, fundamentalista? Bueno, de fundamentos… sí, de eso se trata. Todos queremos tener fundamentos para lo que creemos. ¿Fanatismo? ¿Puede ser fanatismo esto que declara, recomienda, y promueve lo único que resuelve en verdad aquella problemática humana, y que lo hace para gloria y honra de Dios?

Volver