Boletín julio de 2017 Dejemos que Dios sea Dios 

Es un privilegio glorioso el que todo obre para nuestro bien. Según dice el pasaje, al hombre que verdaderamente ama a Dios, todo obra para su bien. Por lo general, incluso aquellas cosas que con disgusto rechazamos... (Foto: Wendy Seltzer/Flickr)

Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. Romanos 8:28

Es un privilegio glorioso el que todo obre para nuestro bien. Según dice el pasaje, al hombre que verdaderamente ama a Dios, todo obra para su bien. Por lo general, incluso aquellas cosas que con disgusto rechazamos de Dios son parte de la receta que Él tiene para nuestro bien.

El sufrimiento es el escenario donde se nos da la oportunidad para mostrar las buenas cualidades. Y el mejor ejemplo que hemos tenido al respecto está precisamente en nuestro Señor Jesucristo, quien cada mal que recibió aquí en la tierra, lo recibió como nuestro Padre quiere, y de paso nos dejó un ejemplo de cómo afrontar cualquier dificultad, según nos dice el apóstol en 1 Pedro 2:22-24, por favor, dese el tiempo de leerlo con detenimiento.

La grandeza de Dios se muestra en todo, por tanto también en las pruebas y aflicciones que podamos vivir. Cuando de Dios venga el sufrimiento, en lugar de pensar ¡Qué Terrible! Tengamos presente que incluso en esas situaciones Dios muestra su misericordia hacía nosotros. Él sabe cuánto necesitamos que sus cualidades sean las nuestras y nos ayuda a lograrlo, muchas veces a través de las aflicciones.

Por tanto, demos gracias a Dios por todo, según dice Efesios 5:20 “dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.” Generalmente le damos las gracias a alguien por su generosidad para con nosotros; cuánto más debemos ser agradecidos con Dios, quien nos llena diariamente de sus bondades y nos envía la medicina de la aflicción, la cual está divinamente mezclada y santificada para el máximo bien de los santos. Por el contrario, muchos de nosotros nos negamos a darle gracias a Dios en todo, por la simple razón de que a veces no creemos que Dios tenga parte en todo; sin embargo, recuérdese lo que dice Su Palabra: “¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó?” Lamentaciones 3:37

Si usted se pregunta por qué aun sigue desempleado, o por qué sigue solo, o por qué no ha sido sanado, o por qué le pasó esto o aquello, más bien primero glorifique al Señor por eso. Porque “para aquellos que aman a Dios todas las cosas ayudan a bien”. Lo que a lo mejor ahora puede considerar como aflicción, es necesario para su bien inmediato o futuro. De otra manera, no le estaría pasando. Glorifique al Señor y confíe en Él. Dele gracias en todas las cosas. Puede que usted considere que algunas de esas cosas son un “mal”, pero recuerde que en realidad “ninguna adversidad acontecerá al justo”. Vea además Isaías 55:8-9

Ahora, si fuera el caso de que por amor quisiéramos proteger a otro de todo sufrimiento o malestar, entonces según nuestro pensar Dios resultaría que no es siempre amante; pero si somos consecuentes, entonces tampoco lo sería un médico cuando ofrece una píldora amarga al que la necesita. Equivocadamente, muy dentro de nuestro corazón, siempre quisiéramos que Dios nos dijera: “bueno, con tal de que siempre estén contentos, no importa lo que hagan”, pero que este no sea nuestro sentir.

Antes de que podamos lograr casi cualquier bien en nuestras vidas, necesitamos ser quebrantados. Esto significa perder nuestro orgullo, entregar nuestra voluntad, y ser capaces de ver nuestro ser pecaminoso, tal como es. El hecho de que Él nos discipline, nos prueba que somos verdaderamente sus hijos, véase Hebreos 12:7-8. Algún día, cuando estemos delante del trono de Dios y recibamos su recompensa, por la vida que recibimos como creyentes, tendremos la alegría de saber que Dios no nos permitió darnos el gusto con todo lo pecaminoso, mientras estábamos aquí en la tierra.

Volver