BoletinFeb2014 Brad Flickinger/Flickr

Con el colegio como ministerio de la Iglesia Gracia y Amor, ¿a qué meta apuntamos?

Obviamente queremos enseñar lectura, escritura, matemáticas, ciencias generales, etc. Por supuesto, debemos enseñar Biblia también, porque ella da las pautas para entender las otras áreas. La Biblia es la base para todo, ya que nos dice para qué existe el mundo y cuáles son los principios y el poder que nos guían para vivir con éxito en él.

Tenemos que tener cuidado, sin embargo, porque el colegio no es un instituto bíblico. Sería defraudar a los padres de familia y a los alumnos si una buena parte del tiempo del colegio fuera dedicado al estudio de la teología. Hay otras áreas importantísimas que deben estudiar. Recordemos que todo lo que Dios creó lo hizo para su gloria, y en lo posible todo debe ser bien entendido, utilizado, y gozado para gloria y conocimiento del Creador.

Los estudiantes matriculados en nuestro colegio este año como en los años anteriores vienen de varias iglesias que no son "reformadas" en su doctrina. Algunas tienen prácticas y costumbres contrarias a la orientación básica de nuestra iglesia. ¿Debemos ocuparnos en corregir estos errores, o debemos limitarnos a enseñar sólo las enseñanzas bíblicas que todos tenemos en común?

En la práctica no es nada fácil responder la pregunta. Obviamente no podemos en el colegio tratar todas las diferencias que existen entre nosotros y otras iglesias. Sin embargo, hay algunas bases de la fe reformada que por ser bases bíblicas no podemos pasar por encima. Los elementos del calvinismo son necesarios para una sana comprensión de Dios y su salvación. Estos puntos tratan de la realidad de la soberanía de Dios, de lo que Jesucristo en verdad logró en la cruz, y de cómo el ser humano puede gozar de restauración en paz con Dios en santidad de vida. Es decir, estos puntos son esenciales para una comprensión aceptable del mundo y de la vida, de por qué existimos, y según cuál norma y cuál poder debemos vivir como seres creados por Dios.

Si el colegio no se esfuerza en lo anterior, no cumple la razón por la cual lo comenzamos. Por supuesto debemos llevar a cabo este esfuerzo sin polémicas exageradas y sin presiones tendenciosas. Lo difícil es cómo mantener un equilibro entre, por un lado, la insistencia en la verdad, toda la verdad, y por el otro, basado en toda la verdad, el cumplimiento de la tarea de preparar a los alumnos en todas las áreas de la vida. A la vez, tenemos que recordar que, si bien tenemos el deber de enseñar la verdad, es el Espíritu de Dios que ha de convencer a los alumnos.

Para cumplir con un proyecto tan complejo como es la educación de la juventud, oremos ferviente y constantemente que el Señor dé sabiduría a los profesores para enseñar todas las asignaturas partiendo de la totalidad de las premisas esenciales bíblicas. En el colegio no hay tiempo para explicar todo esto, pero tampoco hay derecho ni de insinuar siquiera que algún elemento de la verdad sea sin importancia.

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