Boletin octubre 2016

¿Por qué tratar este tema en momentos decisivos, de crisis política, social, y económica? La respuesta es sencilla... (Foto: Uzi Yachin/Flickr)

...Dios es el Creador del mundo y de todo lo que hay en él, y, por lo tanto, tenemos que manejar todo de acuerdo con la voluntad de Dios. ¡El mundo es suyo!

No hay derecho de hacer cambios en la constitución divina, la cual está en la Biblia. Dios se declara Creador a través de ella. Fíjese, por ejemplo, en Hebreos 11:3: Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palaba de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía. Hebreos 1:2: En estos postreros días [Dios] nos ha hablado por el Hijo, …por quien hizo… el universo. Hebreos 1:10: Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obras de tus manos. Hebreos 3:4: El que hizo todas las cosas es Dios.

Por supuesto, Dios creó al hombre también, y lo creó a su propia semejanza. El ser humano tiene que pensar y actuar en armonía con cómo es y en armonía con el mundo en que vive. Si no, fracasa como ser humano, y ofende a su Creador. El que viola el orden de Dios es un impío, y, citando Isaías 57:21, No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos.

A la luz de las decisiones que tenemos que tomar estos días (y siempre), debemos tener presente la exhortación que el autor de la carta a los Hebreos hace tres veces: Si oyen hoy su voz, no endurezcan sus corazones. (3:7, 15 y 4:7). Se refiere a la voz de Dios. No nos es permitido hacer cambios en el orden que Dios ha establecido. No hay derecho de hacerlo. Es una afrenta a Dios en su soberana, sabia, y buena voluntad. No es cuestión de nuestro parecer y conveniencia, sino de la autoridad del dueño de todo.

A través del pasado siglo y medio, ha venido a predominar la teoría de la evolución. La misma excluye a Dios como Creador. Enseña que el mundo comenzó y se desarrolló por casualidad. El ser humano llegó a ser humano por suerte, y, por lo tanto, no tiene que responder ante ningún Dios. Su única ley es la que le convenga. Si se presentan conflictos entre unos y otros, los más fuertes o más numerosos o más astutos se imponen. Cambian los criterios por los cuales juzgamos si algo es bueno o malo. No juega por nada el temor de Dios, ya que según la teoría de la evolución, Dios, si existe, no tiene derechos sobre nada ni nadie.

Cuestiones de género, de política, de economía, de sociedad, etc., dicen, son cuestiones que se resuelven a la luz de la sabiduría humana. La mayoría o los más fuertes imponen sus ideas. A veces, sí, admiten y hasta admiran el pluralismo, pero el pluralismo admirado no deja lugar para la autoridad absoluta del Dios de la Biblia. Las muchas ideologías existentes, en su gran mayoría son tolerantes, pero no toleran al cristianismo según Cristo hablando por las Escrituras.

Por supuesto este escrito trata un tema complejo. Ha sido una discusión ardua a través de los siglos (y todavía lo es) sobre qué exactamente enseña la Biblia en muchos puntos. Pero, sin duda toda discusión sobre religión, política, economía, etc., tiene que partir del hecho de Dios, Creador de todo. Si no, seguiremos en las controversias y equivocaciones que han sido el pan diario de la humanidad, desde la caída del hombre en pecado hasta el día de hoy. Es el punto que define los comienzos, y por lo tanto define de quién o de quiénes son los derechos y los criterios legítimos del individuo y de la sociedad.

Por ejemplo, ¿No han leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? (Mateo 19:4-5). Otro ejemplo, El que hurtaba, que no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad (Efesios 5:28). Un ejemplo más: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida, dice Jesucristo, el Creador de todo.

Toda la cuestión de resolver problemas y orientar vida comienza con el asunto de quién manda, y el que manda es el dueño, y el dueño del mundo es su Creador. En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Que pensemos y actuemos de acuerdo con este hecho.

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