Boletin Julio 2016

No somos personas normales. Tenemos que acordarnos constantemente de esto. (Foto: Adam Caudill/Flickr)

Nacimos pecadores y pecaminosos. Es un mal congénito. Ofendemos a Dios, el Dios único, el que habita en las alturas, el que es tres veces santo, y que es soberano sobre todo, Creador y Juez. Es un fuego consumidor, Hebreos 12:29. ¡Horrenda cosa es caer en las manos del Dios vivo! 10:31. Hemos pecado contra Él, y Dios ha jurado en su ira que los que le provocan, no entrarán en su reposo, Hebreos 3:11; 4:3. Es para el hombre morir una vez, y después el juicio, 9:27. Por lo tanto, vivimos bajo el temor de la muerte, sujetos a servidumbre, 2:15. Nuestra mala conciencia no nos deja descansar, ya que nos ocupa de “obras muertas”, 9:14; 10:22, y nos hace temer la presencia de Dios. Vivimos sin servir al Dios vivo, 9:14, siendo que esto mismo es lo único que da sentido y satisfacción a la vida, ya que sólo por Él hay galardón, 11:6, por lo que hacemos, 6:10. Si no tenemos a Jesucristo por Mediador, 8:6; 9:15; 12:24, vivimos en desobediencia e incredulidad, sin esperanza, sin reposo, capítulo 4. Siendo como somos, criaturas de Dios, Dios nos impone una cuota de obediencia total, y nunca la cumplimos. No servimos a Dios con gratitud, agradándole con temor y reverencia, 12:28. Toda la problemática humana tiene su origen y su esclavitud en el hecho de nuestra separación de Dios, de vivir bajo el “engaño del pecado”, 3:13, de vivir apartados del Dios vivo, 3:12.

¡Qué cuadro más desolador! ¿No es verdad? Pero, precisamente por ello el Espíritu Santo nos ha dado en la Biblia la carta a los Hebreos. Hebreos nos habla de un Sumo Sacerdote, el mismo Hijo de Dios, que es constituido a favor de los hombres en lo que a Dios se refiere, para presentar ofrendas y sacrificios por los pecados, 5:1. ¡Conózcalo! ¡Admírelo! ¡De gracias a Dios por Él! Como un náufrago perdido en alta mar que vislumbra la barca salvavidas que se acerca, acuda “para asirse de la esperanza puesta delante” 6:18. ¿Cuál esperanza? “Estando ya presente Cristo, Sumo Sacerdote… por su propia sangre… se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado”, 9:11, 12; 10:26.

Allí, en breve, está la realidad nuestra. ¡Pecado e ira, pero a la vez, la gracia de Dios!

La carta a los Hebreos fue escrita a creyentes en Cristo, los cuales estaban al punto de dejar a Cristo para volver a confiar en otra cosa, en los ritos y personajes de la ley de Moisés. El Catolicismo Romano, en tiempos más recientes, tomó el lugar de la ley de Moisés como supuesto medio de reconciliación con Dios. Somos herederos de una cultura basada en este sistema, y además, por naturaleza somos atraídos hacia nuestras obras como supuesto medio de saldar la cuenta que todos los días la conciencia nos hace recordar. Somos culpables y condenados. Ni medidos por las normas diluidas de nuestros propios criterios estamos bien con Dios. Lo sabemos, y buscamos a todo costo ser buena gente, genial, respetada, con prestigio y aceptación.

Hebreos con voz en cuello, con las súplicas del Espíritu de gracia, 10:29, nos llama a tener los ojos fijos en Cristo, 12:2.

Todos buscamos la aprobación: la de alguien o la de alguna norma externa. Cada cual tiene su propia religión. Su auto estima depende de emular algún modelo, aun cuando el mismo muchas veces es un modelo de perversión y degradación. El Bronx. Los excéntricos no son libres, como muchas veces se jactan, sino esclavos de querer ser conocidos y reconocidos. Su rebeldía se debe a la obsesión de ser tenidos en cuenta. Como no pueden (no quieren) conformarse con estándares morales verdaderos, se declaran libres de los mismos, y sin embargo, cumplen rigurosamente otros de su propia improvisación. Son la vanguardia de nuevos modos y exhibiciones, muchas veces entrevistados públicamente precisamente por ser innovadores, sólo por eso, ya que en poco contribuyen al arte o a la moralidad o a estilos auténticamente útiles.

Solo por Jesucristo, Sumo Sacerdote de Dios, hay regreso, restauración, reconciliación, arreglo. Él es el camino por el cual volver a la normalidad, la paz con Dios y al servicio a Él y al prójimo.

Así, pues, la carta a los Hebreos es una presentación de la obra de Dios para rectificar la maldad y la miseria de la humanidad, específicamente las de “su pueblo”, 2:10-17. Dios mismo amonesta a la humanidad, pero específicamente a la parte que profesa la fe evangélica, a hallarse en “el camino nuevo y vivo” que “Cristo abrió” mediante su encarnación y muerte redentora en la cruz, 10:19-22, y a permanecer en este camino. Se trata de hechos históricos, de los cuales Dios mismo, el Dios trino, es el protagonista en el drama de los siglos. Todo tuvo su ejecución en la cruz, pero su culminación llegará con su segunda venida. Los frutos de su actuación son eternos, 9:12, 15 y definitivos, 9:12, 14, 26; 10:10-18. Es cuestión de después de la muerte, 9:27, después de volver Jesucristo, 9:28. Es cuestión de la ciudad celestial, 9:24; 11:16, de la intervención de Dios en su mundo, 10:5-9, el cual Él mismo creó, 1:3; 1:10; 3:3-4. Es cuestión de Jesucristo, Profeta (la verdad), Sacerdote (la redención), y Rey (autoridad). Somos llamados – urgentemente – a “oir” la voz: Hebreos 2:1-4; 3:7; 4:7; 5:11; 12:25; 13:7.

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