BoletinJun2015 Tim Caynes/Flickr

Separación del mundo y para Dios es el primer principio de la vida cristiana.

Para poder tener el mismo punto de vista que Dios debemos ser llevados como el apóstol Juan, a la cima de un monte (Ap. 21:10-12). Muchos no pueden ver el eterno plan de Dios, porque permanecen en la llanura.

El muro es lo primero que menciona Juan en su descripción de la ciudad y aunque están las puertas que permiten el movimiento de Dios, es el muro el que se menciona con prioridad. Pues Dios quiere su ciudad con sus medidas y su gloria en aquel día, entonces debemos construir ese muro en nuestros corazones ahora. Esto significa en la práctica que debemos guardar y valorar todo lo que es de Dios y rechazar y rehusar todo aquello que es del mundo. Esto sin excluir a nuestros amigos y familiares, aun cuando no participemos en las cosas que ellos hacen. Nehemías y sus coterráneos en su época lograron reconstruir el muro de Jerusalén, pero solo enfrentando con firmeza una gran oposición. Este es el precio de la santidad y debemos estar preparados para pagarlo.

Dios le dio a Juan una comprensión especial de la naturaleza del mundo "kosmos". En su primera epístola Juan escribe: "Todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, la vanagloria de la vida, no provienen del Padre, sino del mundo" (1 Juan 2:16). Todo lo que puede ser incluido bajo concupiscencia o deseo primitivo, todo aquello que excita a la ambición desmedida, distinción, riquezas, hazañas y todo aquello que despierta en nosotros el orgullo o el encanto de la vida, forman parte del sistema del mundo, el mundo aplaude todas estas cosas. Por tanto, cuando nos enfrentamos con la satisfacción en el logro de algo legítimo que despierta en nosotros el orgullo de la vida y no la alabanza de Dios, podemos saber con certeza que hemos tenido contacto con el mundo. Por eso hay una entera necesidad de velar y orar si deseamos mantener limpia nuestra comunión con Dios. Entonces, ¿cómo podríamos escapar del sistema del mundo utilizando métodos que al fin son poco más que mundanos?

En primer lugar no lo lograremos adoptando una actitud negativa, podemos construir un rancho de ermitaño, en algún lugar remoto y pensar que viviendo ahí escaparemos del mundo, pero el mundo nos seguirá, aun allí. Cristo habiendo orado a Dios que no nos quitara del mundo, si no que nos preservara del mal, nos envía al mundo como el mismo fue enviado (Jn. 17:15,18), ya que las tinieblas son densas, pero nosotros debemos brillar como luminares en el mundo llevando la palabra de vida (Fil. 2:15) si cumplimos nuestra misión seremos semejantes a Noé, que por su fe condenó al mundo. Así que nuestra liberación del mundo comienza, no al dejar esto o aquello, sino al ver tal como si fuera con los ojos de Dios y pensamiento de Cristo. ...¿Si ganare todo el mundo y perdiere su alma? Mat. 16:26.

En segundo lugar la separación, de la misma manera que Jesús no somos del mundo (Jn. 8:23) debemos huir de todo aquello que es del mundo y que no es del Padre: los deseos de la carne, los deseos de los ojos, la vanagloria de la vida (1 Juan 2:16). No podemos amar al mundo que pasa pues equivaldría a una rebelión contra Dios. Por esta razón en 1 Juan 2:15 se nos dice: No améis al mundo ni las cosas del mundo... Tenemos que ponernos en guardia y si realmente llegamos a distinguirnos del mundo, sufriremos su odio y tendremos tribulación; pero podemos sentirnos alentados porque Cristo ha vencido al mundo y el que ha nacido de Dios triunfa sobre el mundo por la fe (1 Jn. 5:4-5). Ello implica que el mundo está crucificado para nosotros y nosotros para el mundo (Gál. 6:14). Cuando Dios se nos acerca con la obra terminada de Cristo, no solo nos muestra a nosotros mismos allí en la cruz, sino que nos hace ver que nuestro mundo está allí.

Por último, al igual que muchos otros aspectos de la vida cristiana, el camino de la liberación del mundo causa sorpresa, pues está en completa oposición a todos los conceptos naturales del ser humano. El ser humano busca solucionar los problemas del mundo alejándose físicamente de lo que él considera como zona peligrosa. Pero la separación física no produce la separación espiritual y viceversa, el contacto físico con el mundo no implica esclavitud espiritual al mundo. La esclavitud espiritual al mundo es el fruto de la ceguera espiritual que entró por la caída de Adán y Eva, y desde ese entonces reina la maldad y la muerte, todos los pecadores andan según la corriente de este mundo, y la liberación se produce cuando comprendemos su verdadera naturaleza. El carácter esencial del mundo es satánico, como su príncipe, y está en enemistad con Dios, comprender esto significa encontrar liberación que solo se produce cuando Jesús, el hijo de Dios, quien vino para iluminar y salvar al mundo, nos abre los ojos por Su Espíritu que actúa.

Por: Nayyara Chávez

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