BoletinMay2015 fady habib/Flickr

¿Qué del domingo de resurrección que celebramos todos los domingos? He aquí una tremenda ayuda que nos ofrece este día.

Se trata de recordar, cada domingo, que Cristo resucitó. Suele ser difícil creer que Dios sea capaz de proveernos en lo económico, lo social, lo físico, y lo emocional, si uno guarda el día para el Señor en lugar de dedicarlo a su propia comodidad. "Es que tengo que dormir ese día". "Es el único día que puedo hacer mercado". "Es el día para estar con la familia". "Es el día de 'relax' con un buen partido de fútbol". "Es que estoy atrasado en mis tareas de la universidad".

El día del Señor es en memoria del Cristo resucitado, y el Cristo resucitado es como lo presenta Efesios 1:19-20: "...La operación del poder de [la fuerza de Dios], la cual operó en Cristo, resucitándolo de los muertos". A este Cristo, ascendido después, Dios sometió todas las cosas bajo sus pies, y como cabeza de la iglesia, gobierna todo para el bienestar de su pueblo. Efesios 1:17-23.

Las preocupaciones que mencionamos arriba son legítimas. Dios mismo sabe lo que cada uno necesita, y en su bondad cuida de la salud, los estudios, etc. Nos da todas las cosas para disfrutar (1 Ti. 6:17). Por su bondad, pensando en nuestro bienestar, ha reglamentado todo, dándonos principios, si no mandamientos, precisos, para que haya armonía y prosperidad en la vida. No siempre es fácil saber cómo ordenar todo en este mundo tan complicado y de tantas presiones. Demanda mucha sabiduría, mucho esfuerzo, mucho cuidado.

Pero, por descuidar el día que Dios reclama para sí, el día en memoria de la resurrección, en memoria del Cristo de toda bondad y todo poder, ¿no es que de allí vienen tantos fracasos y descontentos, los mismos que por nuestra "sabiduría" supuestamente hemos evitado al desatender las ordenanzas de Dios?

¿Será que Dios no sabe cómo funciona el mundo y la vida de nosotros? ¿Será que Dios no tiene poder para proveer y para ordenar los asuntos que nos parecen imposibles? Claro que sí, lo tiene. Por eso leemos la Biblia. En la Historia Sagrada Dios relata cómo en el pasado Él cuidó de su pueblo. Volvamos a recordar la resurrección, que la tengamos presente para animarnos en todo esto. Jesucristo, resucitado por su propio poder y al despecho de sus enemigos, ascendió a los cielos y se sentó a la diestra de la majestad de Dios. Desde allí y mediante las operaciones directas de su Espíritu omnipotente en el mundo (especialmente en la vida de cada creyente en Cristo), regula todo para el bien de su pueblo, la iglesia. Ef. 1:21.

La iglesia se reúne cada domingo para celebrar este hecho. Cada creyente asiste para descansar, para descansar de sus propias obras y descansar en las de Dios. Es el descanso de contemplar la victoria de Cristo sobre el pecado que atormenta la conciencia. A veces es el descanso del arrepentimiento. Siempre es el descanso de la complacencia de contemplar la hermosura de Dios recordando la obra eficaz y redentora del Salvador, y de allí, el descanso del perdón y de la paz. Es el descanso de recordar que las cosas están en manos de este Dios y Salvador omnipotente, y que si buscamos primeramente su reino y su justicia, lo demás será añadido. ¡Adoración de la iglesia reunida a este Dios y Salvador!

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