BoletinAbr2015 Andrew A. Shenouda/Flickr

Algo muy particular de la primera Semana Santa es cómo la gente no quería creer lo que estaba pasando.

Jesús había dicho a sus discípulos que iba a morir y resucitarse:

Y tomando a los doce, les dijo: He aquí subimos a Jerusalén, y se cumplirán todas las cosas que fueron escritas por los profetas acerca del Hijo del Hombre. Porque será entregado a los gentiles, y será escarnecido, e injuriado, y escupido. Y después que le hubieren azotado, le matarán; mas al tercer día resucitará. Pero ellos no entendían nada de estas cosas, y esta palabra les era encubierta, y no entendían lo que se decía. (Lucas 18:31-34)

El texto dice que "no entendían", pero no entendían porque les parecía imposible que estas cosas sucedieran. No había nada difícil de entender en las palabras mismas del Salvador, pero, sí, difícil de creer. ¿Iba a morir el Hijo de Dios, el Mesías? ¡Imposible! ¿Iba a resucitarse Jesús al tercer día? ¿Cómo así?

Para los discípulos era costumbre filtrar las palabras de Jesús a través de la lógica y la experiencia de ellos. Aún no habían asimilado la verdad que Jesús era el Hijo de Dios. Vemos a Pedro negando al Señor tres veces, esto después de ser tan valiente que tomó a cuenta suya la defensa de Jesús. Sacó su espada y le quitó la oreja del siervo del sumo sacerdote. No creía que Jesús fuera capaz de defenderse sin esa intervención suya. No podía aceptar que Jesús muriera según Él mismo había anunciado varias veces.

Allí está también Tomás, "No creeré si no veo y si no toco". (Juan 20:25). ¿Será que Dios, sí, puede? Cuando las damas llegaron con la noticia de no haber hallado el cuerpo de Jesús, pero, sí de haber oído el mensaje de los ángeles, los discípulos tenían por locura las palabras de ellas, Lucas 24:11, y no las creyeron.

Las damas al principio tampoco creyeron, Juan 20:1-2. Los dos varones en camino a Emaús el domingo de la resurrección es otro caso. Jesucristo tuvo que reprenderles con estas palabras: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? Lucas 24:25-26.

Por supuesto, los líderes religiosos enemigos de Jesús, y en general la nación entera de Israel no creyeron.

¿Vive Jesucristo? Es decir, ¿vive al tomar Él mismo otra vez su propia vida, después de haberse ofrecido a Dios en la cruz como sacrificio en pago de nuestro pecado? Luego, ¿por qué dudamos de nuestra justificación ante Dios por medio de la sola fe en Jesucristo? Notamos nuestra duda porque a cada rato buscamos el perdón de nuestro pecado mediante lo que hacemos, como si lo que Jesucristo hizo no fuera suficiente. Como que después de tantos años de celebrar la Semana Santa, aún no creemos. No creemos en la singularidad de la victoria total de Cristo por la redención que obró una sola vez para siempre. Criticamos el dogma de la misa porque declara que Cristo tiene que volver a sufrir infinidad de veces para poder perdonarnos, pero nosotros también ponemos en tela de juicio la suficiencia de aquella obra. ¿No es el hecho de que, después de tres días en el sepulcro, y luego resucitó, la prueba suficiente de la victoria de Cristo? Al verlo vivo, los discípulos debían haber gritado de júbilo; "Nuestros pecados están perdonados. Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de Jesucristo".

Si en verdad creemos en la resurrección de Jesucristo, ¿por qué no guardar como debemos el día de reposo? ¿No es el domingo el día de la semana en que celebramos su victoria sobre el pecado, la muerte, el mundo y el diablo? ¿Cómo es que no nos reunimos jubilosos con el pueblo de Dios ese día para adorar al Salvador resucitado?

La Semana Santa, la razón de poder decir que ¡DIOS, SÍ, PUEDE! Jehová es mi pastor; nada me faltará. Lea, por favor, Efesios 1:18-23.

Volver