BoletinDic2014 Michael Coghlan/Flickr

¡Qué cansancio! Y la frase del profeta Isaías nos desanima aún más: No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos.

Para que haya la paz, hay que remover las causas del conflicto. Según Dios, la impiedad es la causa básica subyacente a todos los conflictos en el mundo. Así es de sencillo. Al no dar a Dios lo que es de Dios, lo demás no funciona bien. No es cuestión de la economía o de las estructuras sociales, o de los sistemas defectuosos de justicia, o de salud, o de educación. El problema es la impiedad. De ella fluyen todas las injusticias y corrupciones.

La primera Navidad en Belén de Judá fue Dios reclamando sus derechos en su mundo. Lo hizo para mostrar misericordia, ofreciendo perdón, con arrepentimiento y fe – todo mediante su Hijo Jesucristo, Dios manifestado en carne (1 Timoteo 3:16). Jesucristo es el mismo que después de morir en la cruz, resucitó, y ascendió al cielo, y se sentó a la diestra de Dios. Es el mismo que viene a tierra la segunda vez desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor de la gloria de su poder, cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron... (2 Tesalonicenses 1:7-10). Todo el libro de Apocalipsis proclama el desenlace final victorioso de Jesucristo sobre la oposición.

Paz no va a haber mientras haya la impiedad. No, no habrá la paz, sino la oposición de Dios. Piense en el caso del rey Salomón quien...inclinó su corazón tras dioses ajenos, y su corazón no era perfecto con Jehová su Dios... Dios reaccionó... y se enojó Jehová contra Salomón... y suscitó un adversario a Salomón (1 Reyes 11:4,9,14). Se dividió en dos el reino, y la guerra tomó el lugar de la paz. Dios sabe que la paz con la impiedad es un aliciente a los impíos a seguir en su impiedad. Servir a Dios no es opcional. El mundo es suyo. Dios es bueno, sabio, y justo. O hay la paz bajos sus términos, o sigue el conflicto. Dios no negocia. No está sentado a la mesa, sino sobre el trono. Momentos de alivio pueden haber, pero soluciones permanentes sin la piedad, imposible.

Es cierto que millones ahora celebran la Navidad, pero los más lo hacen sólo después de haber negado el sentido bíblico de la misma. El mundo tiene la Navidad como sólo un estímulo hacia las buenas relaciones humanas. Para la gran mayoría de celebrantes, no tiene nada que ver con el rechazo a la idolatría.

Claro está, la Navidad era y es la proclamación de la paz – para todo aquél que tiene a Jesucristo por Rey y Salvador. Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo (Romanos 5:1). Hay paz con Dios para todo aquel que se convierte...de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien no libra de la ira venidera. (1 Tesalonicenses 1:9-10). Lucas 1:67-79 narra la profecía de Zacarías sobre su hijo Juan bautista que había de nacer, diciendo entre otras cosas que Juan prepararía el camino al Mesías en su venida para que, librados de nuestros enemigos, sin temor le serviríamos en santidad y justicia delante de él todos nuestros días... para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; para encaminar nuestros pies por camino de paz.

¡Feliz Navidad!


 

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