BoletinJun2011 Paval Hadzinski/Flickr

La Iglesia Católica Romana acaba de iniciar el proceso de beatificación de este hombre.

Es decir, lo van a declarar "santo". Entendamos que, sí, hay unos cristianos más santos en su actuar que otros, más cerca de la meta de amar a Dios de todo el corazón y de comportarse más según su ley. En esto debemos esforzarnos. Somos exhortados a ser santos como Dios es santo, 1 Pedro 1:16, y algunos, por la gracia de Dios, alcanzan un nivel más alto que otros. Pero todo progreso en estas cosas depende de la obra de Dios. Acordémonos de Efesios 2:10. Pablo decía que por la gracia de Dios era lo que era, 1 Corintios 15:10, y nunca fue declarado "santo" por ninguna iglesia o consejo de iglesias. Respetamos a las personas que, usando bien los dones recibidos, aportan o aportaron buen ejemplo y muchos beneficios en otros campos a favor de la iglesia y el mundo. Pero, en todos estos casos, damos la honra a Dios, porque es Él que distingue entre uno y otro, 1 Corintios 4:7. Seguramente Dios dará galardones según las obras de cada uno, y debemos esforzarnos por tenerlos. Pero, nunca, en ningún momento debemos gloriarnos, como si lo que tenemos no lo hubiéramos recibido como gracia de Dios.

El problema es que la beatificación que la Iglesia Romana practica va más allá de la realidad de reconocer la gracia de Dios en otra persona. ¡Qué desatino colocar a unos por encima de otros en cuanto a méritos personales! ¿Acaso Dios (para quien uno es santo o no lo es) habla de alguna clase de hombres como más santa que otras? ¿No llaman las Escrituras "santos" a todos los creyentes en Cristo, por ejemplo, 1 Corintios 1:1, Filipenses 1:1, Colosenses 1:1, etc.? Que sigamos los ejemplos de otros, pero que reconozcamos que toda dádiva y todo don perfecto descienden de lo alto (Santiago 1:17-18).

El problema que comentamos no es problema sólo de la Iglesia Romana. ¿No tenemos nosotros la misma tendencia de adular y elevar a nuestros pastores y maestros como si fueran más santos que los demás, más favoritos de Dios que los demás, con más palanca con Dios que los demás?

Dice la Iglesia Romana que por haber hecho milagros, algunos cumplen uno de los requisitos para ser clasificados "santos". ¿Hacer un milagro le califica como "santo"? ¿Qué de lo que advirtió Jesús en Mateo 7:21-23? Y recordamos las palabras de Pedro y de Juan en Hechos 3:12, después de haber obrado la sanación del cojo: "¿Por qué ponéis los ojos en nosotros como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste?"

Y nos hacemos la pregunta: ¿Puede un hereje ser tenido por "santo"? Juan Pablo II era papa de la Iglesia Católica Romana, una iglesia que enseña gravísimos errores. Es cierto que esta iglesia dice creer los credos de los primeros siglos del cristianismo, credos que son altamente bíblicos. Pero, la Iglesia Romana, dejando prácticamente estos credos en el olvido, ha inventado enseñanzas que contradicen a las antiguas. Son estas lo que principalmente la Iglesia Católica Romana practica y promulga. Son herejías. Como por ejemplo, la enseñanza que dice que el hombre por sus obras colabora con Cristo para merecer el perdón de sus pecados. Otro ejemplo: el error que coloca juntamente con Cristo a seres sólo humanos como mediadores entre Dios y el hombre. Y estas son algunas de las enseñanzas que todo papa de la Iglesia Romana cree y defiende. ¿Declarar santo a un hereje?

Alguno objetará a lo anterior que Juan Pablo II hizo mucho bien. Sin duda así fue en cuanto a lo humano, pero por ejemplo, entre el mucho bien que hizo fue buscar unir todas las religiones, si no en una sola organización, por lo menos en una simpatía de aprecio y tolerancia. ¿Es esto un logro loable? ¿Es bueno apreciar a una religión que niegue al Dios verdadero y que sirva a un dios falso? Por supuesto debemos respetar los derechos civiles de todos, y su libertad de conciencia, pero a la vez, debemos señalar los errores y llamar a los equivocados a arrepentirse y a creer en Cristo, único Dios y único Salvador. Y debemos enseñar cómo es en verdad este Cristo para que todos sepan que las ideas erróneas en cuanto a Jesús de Nazaret son altamente ofensivas para Dios. Mostramos toda cortesía, y no lastimamos innecesariamente a las personas. Tampoco las acusamos de creer lo que no creen, y no debemos torcer sus palabras para poder condenarlas; así no. Pero, tampoco aprobamos los errores que creen, y, sí, buscamos que crean la verdad. No, no tenemos por santo a un hereje.


 

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