BoletinFeb2013 brett jordan/Flickr

Resumimos toda la vida cristiana en dos mandamientos.

Con un poco más de detalle, son diez los mandamientos que nos enseñan la voluntad de Dios en todo. Pero, claro, para entender los diez, es decir, las dos tablas de la ley, la ley escrita en tablas de piedra por Dios mismo, tenemos que recibir todas las Sagradas Escrituras. Ellas las interpretan, y así nos instruyen para obedecer al Creador. Todas las esferas y todas las instituciones que Dios constituyó exigen nuestra cuidadosa atención.

Se ve que la vida no es ni simple ni fácil. Y siendo compleja la vida, corremos el riesgo de dejar afuera alguna o algunas esferas y deberes. Como criaturas de Dios, y aun más como criaturas redimidas por Cristo, anhelamos con todo corazón agradar en todo a nuestro Creador y Salvador. Queremos andar como es digno del Señor, agradándole en todo, dando fruto en toda buena obra y creciendo en el conocimiento de Dios. (Colosenses 1:10). Anhelamos ser como Pablo proponía en la misma carta. Decía que a Cristo proclamaba, amonestando a todos los hombres, y enseñando a todos los hombres con toda sabiduría, a fin de poder presentar a todo hombre perfecto en Cristo (Colosenses 1:28). Debemos ser perfectos como nuestro Padre celestial es perfecto (Mateo 5:48).

No es suficiente, por ejemplo, con solo orar sin cesar. Hay otras cosas a que también debemos prestar atención, orando sin cesar al hacerlo. Tenemos que buscar el reino de Dios, guardar nuestro corazón, amarnos los unos a los otros, llevar el matrimonio y el hogar en santidad, rendir culto a Dios, crecer en gracia y conocimiento del Señor Jesucristo, anunciar el evangelio, ser nación santa, etc. La lista de ocupaciones es bien larga, ya que en todo debemos amar a Dios con todo, y debemos amar al prójimo como a uno mismo. No hay detalle de la vida al cual no llevarlo como Dios manda. Se ve que la vida cristiana no es para perezosos. La obra de Cristo en la cruz tuvo como fin "purificar para sí mismo un pueblo propio celoso de buenas obras" (Tito 2:14). Así que en el hogar, en la iglesia, en el país, en el empleo, en el colegio, en el centro comercial, por la calle – toda esfera de la vida, toda institución que Dios estableció – todo exige que lo cumplamos esforzadamente y según los dones y el llamamiento recibidos.

Cada esfera está relacionada con las otras. La vida cristiana es un solo cuadro, compuesto de los varios elementos. Si uno se esfuerza a favor de la iglesia, pero no cuida el hogar, se queda corto. Si uno cultiva la comunión con Dios, pero no lleva bien el empleo o la profesión, la comunión con Dios en alguna medida es deficiente. Si uno se desespera en esto, ya que parece que en las 24 horas no cabe todo, hay que mirar a qué está prestando más atención que lo que debe, y hacer los ajustes necesarios. ¡Nada fácil, esto!

Por supuesto, hay algunas áreas de la vida cristiana que son de base. Principalmente está lo de la conversión a Cristo. Si uno no es de Cristo, si no está en unión con Cristo mediante la fe, luego no puede vivir la vida cristiana como debe. Es imposible buscar la gloria de Dios si no es por medio de Cristo. Uno no tiene los bienes y bendiciones que Cristo logró a favor de su pueblo si no es de Él. Muchos fracasan porque intentan vivir religiosamente cuando todavía están muertos en sus delitos y pecados. Por eso, tarde o temprano se aparten de Cristo, pues se desaniman al ver el fracaso, o se cansan de buscar alcanzar algo que en el fondo no les interesa.

Otra área básica de la vida cristiana es el conocimiento de la Biblia, pues, sin guía, ¿cómo va a conocer el camino? Sobre todo, es al comienzo de la vida cristiana que este conocimiento es indispensable. Algunos creyentes intentan a través de la vida vivir para Cristo, pero sin jamás hacer suyas la enseñanza fundamental de la Biblia. No son disciplinados para prepararse para el viaje, y muy pronto se quedan varados o perdidos. Posiblemente sigan con fervor, pero no con provecho.

Una advertencia: la configuración de la vida de un creyente difícilmente va a ser igual a la de otro. Será igual, pero sólo en los lineamientos generales. Cada cual dará cuenta a Dios por su propia vida tal como Dios mismo la constituyó y la lleva en su providencia. Que no tome en todo detalle la vida de otro creyente como guía para uno. Puede servir de guía general, sí, y así es que cada uno debe ser ejemplo para los demás; ejemplo, sí, pero señor, no.

En ocasiones pasadas, hemos repartido un escrito con 17 puntos, cada uno comenzando con la letra ce, buscando resumir con estos los componentes esenciales de la vida cristiana. No es un resumen perfecto, pero, permite tener "el cuadro completo" ante los ojos para evaluar cómo va uno en su ocupación como hijo de Dios, como siervo de Dios. Si no tiene uno, solicítelo. Y, adelante ocupado en "los negocios de su Padre celestial".


 

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