BoletinMay2013 Elvert Barnes/Flickr

 Comenzamos ya el mes de mayo como siempre con el Día del Trabajo.

¿Por cuál razón establecieron este festivo? Probablemente fue con el fin de honrar al trabajador y tener presente sus derechos como tal. ¡Cuánto aporta el obrero al bienestar de una nación!

Como cristianos celebramos el día por otra razón más. Celebramos el privilegio de poder trabajar. Es otra de las bendiciones de Dios a favor del hombre. En el principio, Dios puso al hombre y la mujer en el huerto de Edén para que lo cultivara y lo cuidara, Génesis 2:15. Después Dios tuvo que imponer mandamiento para que el hombre no trabajara todos los siete días de la semana, sino sólo seis. El trabajo para el hombre se volvió otro de los tantos ídolos que colocó en lugar de Dios.

Claro, con la entrada del pecado en el mundo, también entró la tendencia a la pereza y la indolencia. Vivía entre los extremos de trabajar demasiado por un lado, y por otro, de no trabajar lo suficiente. ¡Cuán difícil es para nosotros llevar las cosas como Dios ordena! A cada rato abusamos de los dones que Dios nos da. Sí, es bueno descansar; sí, es bueno trabajar.

En el momento, más son los que pecan por el lado de la ociosidad que por el del exceso de trabajo. O, si trabajan, lo hacen, no como una manera en sí de honrar a Dios, sino para poder descansar, teniendo el descanso como máximo bien. El que goza de no tener que cumplir seis días de trabajo es considerado como el más afortunado.

Pero, gocémonos en el privilegio de trabajar. Somos felices cuando trabajamos. Claro que hay trabajos muy feos y muy molestos. Pero, aun en ellos, recibimos beneficios y honramos a Dios si los hacemos con buena voluntad y para Él.

Las madres en la casa que cuidan de sus hogares con esmero gozan de una conciencia tranquila al pensar en lo bueno de su labor. Así es el caso con los profesores en el colegio. No es pequeña cosa su aporte al bien de la sociedad y al reino de Dios.

Tantas veces pensamos en lo idílico de nunca jamás tener que preocuparnos con deberes y ocupaciones. ¡Qué rico nos parece la idea de no hacer ningún trabajo, no prestar ningún servicio, no cumplir con ninguna obligación! ¡Sólo estar de balde! Bueno, sí, esto de vez en cuando y por poquito tiempo. Pero Dios nos hizo para trabajar, y sólo si trabajamos somos felices. Incluso en Apocalipsis 7:15, leemos que la multitud de los redimidos delante del trono de Dios, ya resucitados, "...están delante del trono de Dios, y Le sirven día y noche en Su templo". ¿Ocupados para siempre? Sí, hermanos, así, será, pero a la vez, ¡felicísimos! ¡Celebremos el Día del Trabajo!

"Todo lo que hagan, háganlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres, sabiendo que del Señor recibirán la recompensa de la herencia. Es a Cristo el Señor a quien sirven", Colosenses 3:23-24. Y, acordémonos de Romanos 12:11. Dice algo muy parecido: "No sean perezosos en lo que requiere diligencia. Sean fervientes en espíritu, sirviendo al Señor".

Entendamos que hay tiempos cuando no debemos trabajar, hay razones porqué disminuir el ritmo de trabajo, etapas de la vida cuando debemos retirarnos de trabajar. Pero, por lo general, somos llamados a laborar, si no en algún empleo formal, sí, en buenas obras, pues cada cual recibirá según sus obras. Aun pensionados y con debilidades y limitaciones, es mucho el bien que uno puede hacer, y ocupado en el bien, resulta contento y no fastidiado o fastidiando a otros al no pensar sino en uno mismo, su desdicha, sus dolencias y sus achaques.


 

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