BoletinJul2013 pieter musterd/Flickr

Dios se vale de muchas medidas para conformar a su pueblo a la imagen de Cristo.

El contacto con otras personas a menudo levanta ampollas, y así Dios nos hace ver nuestro verdadero carácter. ¿Cómo son nuestras reacciones y sentimientos? Es así en el matrimonio, por ejemplo. Es así también en la comunidad cristiana, es decir, la iglesia de la cual somos miembros. ¡Tantas distintas personalidades y gustos! Con razón se presentan los roces.

Una manera de evitar problemas con otras personas es no tener contacto con ellas. Así de fácil. Para no tener peleas con los hermanos de la iglesia, luego, ¿no es mejor asistir lo menos posible? De todas formas, podemos dar culto a Dios y estudiar su palabra en casa. Y, además, si se presenta algún disgusto con alguno, lo mejor es irse para otra iglesia, ¿no es así?

La respuesta a estas pregunta es que no. O, por lo menos rara vez. Y, aun en estos casos, antes de abandonar la iglesia, debe primero tener en regla su relación con todos los demás. Si ha habido choques, si hay disgustos, en cuanto dependa de uno, que los arregle antes de irse. ¿Es esto imposible? No, no es imposible. Todos gozamos de la presencia del Espíritu de Cristo, y Él nos ha perdonado, no castigándonos siempre en la medida que nuestros comportamientos merecen. Puede que nunca llegue uno a una relación de completa confianza con la persona que es piedra en el zapato, pero, sí, puede amarla, servirla, y tratarla con toda cordialidad y respeto, respetando diferencias de estilos y perdonando lo que por ser personal no tiene mayor peso. El amor cubre multitud de pecados. No todos, por supuesto que no.

Otro asunto parecido a lo anterior: si ve uno que la iglesia tiene defectos y debilidades. Digamos que no hay mucha oración, no hay mucho entusiasmo en los cultos, la predicación es débil, la gente no evangeliza, se preocupan muy poco por los necesitados, y fuera de los cultos de costumbre, no hay muchas actividades para los diferentes grupos de personas – bueno, ¿no es mejor irse para otra iglesia?
La respuesta a esta pregunta otra vez es que no. Es decir, si la iglesia, pese a todo lo anterior, sigue siendo en verdad iglesia, no debe ser abandonada por sus miembros. Dios en su providencia hizo que usted conociera el evangelio y llegara a la iglesia donde está. No fue una equivocación suya. Las cosas del creyente no son por accidente. Dios algo quiso y quiere hacer con usted en este lugar donde le ha puesto. Por lo menos quiere que allá aprenda a confiar en Él en medio de problemas y debilidades. Quiere que aprenda paciencia y perseverancia, y que deje de pensar demasiado en su propia comodidad y gustos.

¿Nunca debe uno dejar una iglesia deficiente? Sí, puede haber casos, pero digamos que rara vez. ¿Por qué rara vez? Pues, si la iglesia de uno es en verdad iglesia de Cristo, luego necesita que cada miembro actúe como miembro para mejorar y mantener el testimonio suyo en lugar de abandonarla a que muera. Antes de abandonarla, aun si uno se tiene por cristiano débil, debe hacer lo posible por mejorar la salud personal suya con el fin de mejorar la de la iglesia. Quédese y ore. No sea egoísta, pensando sólo en sí mismo. Crezca personalmente mediante su lectura y estudio. Seguramente hay algunas ayudas en la iglesia, alguna persona, el pastor en algo por lo menos, que pueden ayudarle. Hay buenos libros y recursos en internet. Todo cristiano tiene el deber y la manera de madurar, y Dios pone los desafíos y los ambientes para esto. Él es sabio en sus disciplinas, y uno no debe huir de ellas. Al creer en Cristo, cada creyente goza de la presencia del Espíritu de Cristo en su vida, y allí tiene el recurso para poder ser útil para la gloria de Cristo en la buena vitalidad de su cuerpo. Cada uno debe ser "solícito en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz".

La iglesia es el proyecto de Dios; cada iglesia local es su proyecto. Exige de cada miembro cambios, a veces incómodos. Pero, es el programa de Dios, y fracasamos si corremos de lo difícil para poder seguir como somos, sin insistir en ser perfeccionados en todas las gracias de carácter y comportamiento que Cristo, nuestra cabeza ordena. Querer que, sin cambiar uno mismo, los demás se ajusten a uno, es el orgullo del egoísmo, algo feo y dañino para el proyecto de Dios. Una de las razones de la comunión de los santos es volvernos de hecho más santos. La iglesia no es sólo a lo que asistimos, sino que es de lo que somos. Ausentarse es demorar su desarrollo como persona en toda la voluntad de Dios.


 

Volver