La historia de Inteligentus Orgulios

Inteligentus orgulios era paralítico, y el rey le puso una tarea imposible; con esto le quería dar una lección, y sí que la aprendió. (imagen: clker)

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La historia de Inteligentus Orgulios

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Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino, mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Isaías 53:6

 

 

La historia de Inteligentus Orgulios

Amados niños, nuevamente con ustedes desde esta linda selva amazónica que Dios creó. Para iniciar vamos a orar a nuestro buen Dios. Vamos a decir nuestra frasecita para estar quieticos. “Los pies juntos están. Cruzo los dedos de mis manos. Bajo la cabeza con atención. Cierro mis ojitos para la oración”. Oremos: “Padre celestial, te adoramos y te agradecemos porque una vez más nos permites acercarnos a ti para rogarte que nos ayudes en las actividades que hoy vamos a realizar. Necesitamos de ti para poder aprender lo que es justo, lo que agrada a tu santo nombre. Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén”.

Ahora vamos con nuestra tareíta. Colóquense de pie, vamos con el digital de Dios es grande: “Dios es grande, Dios es bueno, Dios me ama, Dios me cuida. Gracias Dios porque me amas, gracias Dios porque me cuidas”. Pueden sentarse. ¿Recuerdan el versículo? Vamos a repetirlo “El corazón apacible es vida para la carne; más la envidia es carcoma de los huesos”. Pr. 14:30. ¿Cómo van con las estrofas de los libros de la Biblia? Hoy vamos a cantar las tres estrofas juntas, ¿listos?

¡Cantaremos todos juntos, los libros de Moisés, los libros de Moisés son los libros de la Ley, son Génesis, y Éxodo, Levíticos y Números, y por fin Deuteronomio que encierra la ley!
¡Cantaremos todos juntos los libros históricos, ellos narran la historia del pueblo de Dios, de Josué, de Jueces y la historia de Rut, dos libros de Samuel, dos libros de Reyes, dos libros de Crónicas que cuentan historias, y después el libro de Esdras, Nehemías y Ester!
¡Cantaremos todos juntos los libros poéticos, ellos cantan bellos himnos que cantaban los judíos, de Job y los salmos, los Proverbios de un sabio, Eclesiastés y cantares del sabio Salomón!

Muy bien. Ahora llegó el momento de aprender la siguiente estrofa. Al grupo de libros de esa estrofa se le llama los profetas mayores. No porque ellos fueran más viejitos que los otros profetas o más grandes en estatura, más bien porque sus escritos son más extensos. Los profetas mayores son 4, pero los libros son 5, ¿Cómo así? Es que el profeta Jeremías, además del libro de Jeremías escribió Lamentaciones. Los libros son: Isaías, Jeremías, lamentaciones, Ezequiel y Daniel. Escuchen: ¡Cantaremos todos juntos los profetas mayores, los profetas mayores por todos cuatro son, Isaías, Jeremías que escribió Lamentaciones, Ezequiel y Daniel fieles a nuestro Dios! Coloquémonos de pie, digamos nuestro digital para cantar: “Cinco niños felices están. Sonrisas bonitas sus rostros tendrán. Se paran contentos para cantar… vamos a cantar: ¡Cantaremos todos juntos los profetas mayores, los profetas mayores por todos cuatro son, Isaías, Jeremías que escribió Lamentaciones, Ezequiel y Daniel fieles a nuestro Dios! Estiren la manita, y digan: “Se sientan quieticos para escuchar”.

Ahora vamos con nuestro versículo y la historia. De los libros de los profetas mayores seleccionamos el versículo 6 del capítulo 53 del libro de Isaías, y la historia también está basada en este capítulo. Is. 53:6 dice: “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en Él el pecado de todos nosotros”. Niños, ninguno de nosotros tenemos la capacidad de salvarnos por nuestros propios medios. Venimos a este mundo como ovejitas descarriadas que no pueden, no entienden ni quieren volver al redil de su Pastor. Para que podamos volver al redil del Señor fue necesario que Dios colocara todos los pecados de pecadores como nosotros en Jesús y que fuese Él quien recibiese el horrendo castigo. Vamos a repetir el versículo: “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargo en Él el pecado de todos nosotros”. Is. 53:6

Vamos ahora con la Historia. ¿te gustan las historias de reyes? Les invito a que nos subamos al avión que va en dirección a Tranqulandia. “Niños y niñas, se les informa a todos los pasajeros ajustarse los cinturones de seguridad. Rrrrrrrrrrrr, “atención queridos pasajeros, les habla el capitán JDM vamos en dirección a la época de los reyes, al reino de Tranquilandia”. Después de un tiempo el avión aterriza. Ya llegamos niños. El reino de Tranquilandia es gobernado por el rey Sabius el Prudente I. Tranquilandia era un reino muy seguro, sus habitantes estaban contentos con su rey. En verdad el rey hacía honor a su nombre. Pero en su reino había un hombre de nombre Inteligentus Orgulios. Este hombre tenía un problema físico, era paralítico, pero además de su parálisis, tenía otro problema aún más serio que su incapacidad física, ¿Cuál sería? Tenía serios problemas espirituales, claro que para muchos que no entienden que la salvación es por gracia, que es un regalo de Dios, van a creer que lo que hacía Inteligentus Orgulios era correcto.

Él creía que se podía salvar por sus obras, es decir, por lo que hacía y por lo que no hacía, y también por lo que sabía. ¿Cómo así? Primero con relación a las obras que hacía, él tenía algunos recursos, entonces de vez en cuando mandaba a uno de sus criados a llevar alimentos para algunos necesitados, y decía: “Dios ha de colocar mi generosidad a mi favor para dejarme entrar al cielo. Además de ello yo ya fui bautizado, voy a la iglesia, leo la Biblia y oro. Todo eso Dios me lo tiene que tener presente para abrirme la puerta de su reino”. En segundo lugar, con relación a lo que no hacía, él pensaba: “Por mi condición de parálisis, no hago muchas cosas malas que otros hacen. No puedo ir a robar, no puedo ir a los bailes, no puedo ir como otros detrás del pecado, entonces creo que Dios también coloca esto a mi cuenta, para entrar a su reino”, y en tercer lugar con relación a lo que sabía, pensaba el: “Ninguno como yo. He memorizado multitud de versículos y hasta capítulos de la Biblia. Dios tiene que abrirme la puerta del cielo también por esto, porque he guardado su palabra en mi mente”. Es que cuando se hacían concursos de quien sabia más versículos, Inteligentus Orgulios, lejos, ganaba.

A raíz de lo que creía, algunos comenzaron a escucharlo y él con su inteligencia los confundía. La noticia llegó al rey Sabius el Prudente I, el cual mandó traer a Inteligentus Orgulios. El rey al ver a su vasallo, le pregunto: ¿Así que tú crees que te puedes salvar por lo que haces, por lo que no haces y por tu inteligencia?”. Inteligentus orgulios respondió: “Si, su majestad” Entonces el rey dijo: “Le ordeno que sin la ayuda de nadie, deshierbe, are y prepare el terreno que queda al lado del palacio para sembrar hortalizas. El terreno tiene 200 codos por 200 codos”. Es decir, más o menos 100 m por 100 m. Eso es un terreno bien grande. Continuó el rey: “tiene 15 días para presentar el trabajo. Si en ese plazo no lo presenta la ejecución esta decretada”, Inteligentus Orgulios dijo: “Su majestad, ¿qué tiene que ver eso con lo que creo? Además, soy invalido, ¿le parece justo decretar la pena de muerte si no cumplo?”. El rey en pie y con voz firme, dijo: “He decretado. Cúmplase la orden”. Y ordenó salir a todos del palacio.

Inteligentus Orgulios, salió confundido y con terror, se preguntó, ¿y ahora yo que hago, si nadie me puede ayudar y yo soy inválido? Y lo peor es que sé que el rey va a cumplir la sentencia, porque los decretos que se dan en este reino se tienen que cumplir. Oh no, estoy perdido”. Todo el reino supo de la tarea y de la sentencia si no se cumplía, ¿Por qué el rey decretó tal cosa? ¿Qué tenía que ver la sentencia con lo que Orgulios creía? Los días pasaban y Inteligentus orgulios no podía hacer nada, no tenía la capacidad, así que el terror se apoderaba de él, viendo como el tiempo se acercaba. Llegó el día, sonaron las trompetas, “Turuuuuuu, turuuuuu” Demacrado, pálido llevaron a Inteligentus Orgulios delante del rey. Preguntó el rey: “¿Cumpliste la orden?” Inteligentus respondió: “Su majestad, su orden es imposible para mi cumplirla”. Entonces el rey, con mucha firmeza, le dijo: “Si humanamente no puedes cumplir con la orden de hacer algo que es meramente físico, mandado por un rey humano, ¿Cómo crees que te puedes salvar por tus obras si las exigencias del Dios Santo de Israel son infinitas? ¿No has escuchado que por cada pecado que cometemos lo único que Dios acepta es la condenación eterna?” Inteligentus, temblando dijo: “Piedad, piedad su majestad”. El rey dijo: “Te ordeno que leas Isaías 53, pero de ninguna manera dejarás de presentarme el terreno arreglado. Tienes ocho días más, o la pena de muerte será cumplida”.

Inteligentus Orgulios, al llegar a su casa, leyó el capítulo 53 de Isaías. Allí leyó que un Varón de dolores que no debía nada estaba siendo horrendamente castigado por Dios, pensó: “¿Y porque lo está castigando Dios si no debe nada?” Entonces continúo leyendo y descubrió que lo estaba atormentando porque Dios mismo había colocado los pecados de muchos en Él, entonces Él estaba recibiendo el castigo justo por ellos. Pero también leyó que después de colocar su vida en favor de muchos, volvería a vivir. Levantando su cabeza hacia el cielo, pensó: “tanto que digo saber de la Biblia y tanto que he leído de Jesús, pero no entendía que para que yo quede libre de mi condenación delante de Dios fue necesario que el Mesías, Jesús, cargara mis pecados y recibiera el infierno por mí. Él lo hizo todo por mí, él es mi substituto”. Entonces Inteligentus Orgulios se humilló delante de Dios, pidiendo perdón por haber creído y enseñado a otros que la salvación se obtiene por méritos humanos, cuando fue Jesús quien cargando los pecados de muchos y recibiendo el castigo por ellos garantiza la entrada al cielo”. Luego de pedir perdón, sintió un alivio, sintió que le habían quitado una carga de encima, ¿pero y el terreno arreglado? El rey no dejaría de cumplir la sentencia. Entonces dijo para sí: “Ah, así como para salvarme yo no podía hacer nada y fue necesario que Jesús muriera en mi lugar, como yo no puedo por mí mismo cumplir la orden del rey, entonces necesito de un substituto, necesito que alguien lo haga por mí. Entonces fue y pidió audiencia al rey, y al entrar, dijo: “Su majestad, gracias por ayudarme a comprender que de ninguna manera me puedo salvar por mis méritos, que los únicos méritos que Dios acepta son los hechos por Jesús en mi favor. Ya le pedí perdón a Dios, pero ahora vengo a donde su majestad a suplicarle que me permita conseguir a alguien para que mi trabajo sea cumplido. Pues sé que si no lo hago, aunque yo no lo pueda hacer el decreto del rey se tiene que cumplir”. El rey extendiendo su cetro de oro, y en tono de alegría, dijo: “Desde hoy te cambio el nombre de Inteligentus orgulios, por el de Inteligentus Humildes. Tu tarea ya la cumpliste”. Inteligentus extrañado, dijo: “Su majestad, pero si yo no hice nada, mi incapacidad no me lo permite, ¿Cómo dice eso?”. El rey dijo: “Mi hijo, el príncipe lo hizo en tu lugar”. Niños, así como Inteligentius no se podía salvar por sus obras, nosotros tampoco. Necesitamos de un substituto y el único se llama Jesús. Les ruego que lean varias veces con sus papitos Isaías 53, rogando a Dios que los ilumine.

Póngase de pie, vamos a orar. “Los pies juntos están. Cruzo los dedos de mis manos. Bajo la cabeza con atención. Cierro mis ojitos para la oración”, oremos. “Padre Santo, te agradecemos porque nos enseñantes que no podemos salvarnos por nuestros propios medios, que necesitamos que alguien perfecto que cumpla tus exigencias en nuestro favor. Gracias por enseñarnos que la persona es Jesús. Te pedimos que nos ayudes a aprender más de ti. Te lo rogamos en el nombre de nuestro único substituto, en el nombre de Jesús. Amén”.

Para terminar, repitamos la estrofa de hoy. ¡Cantaremos todos juntos los profetas mayores, los profetas mayores por todos cuatro son, Isaías, Jeremías que escribió Lamentaciones, Ezequiel y Daniel fieles a nuestro Dios! Estiren la manita, y digan: “Se sientan quieticos para escuchar”. Un abracito para todos. Dios los siga guardando a todos.

 

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