La historia de Miguelito

Miguelito creía en Jesús como su salvador, su vida lo demostraba, pero no todo era fácil para él, la envídia le estaba causando problemas, veamos hasta dónde llegó esto. (imagen: clker.com)

 

 

 

Texto base: salmo 73

Versículo para memorizar

"El corazón apacible es vida de la carne;
Mas la envidia es carcoma de los huesos". proverbios 14:30

 

La historia de Miguelito

Mis muy amados niños, me alegra estar nuevamente con ustedes, ¿Cómo le ha ido con las actividades bíblicas? Espero que se hayan aprendido los versículos y las estrofas de los libros de la Biblia. Les invito a que nos coloquemos de pie, para orar. Vamos con nuestra frase para quedar quieticos para orar, ¿les parece? “Los pies juntos están. Cruzo los dedos de mis manos. Bajo la cabeza con atención. Cierro mis ojitos para la oración”. ¡Padre Santo nos acercamos a ti nuevamente para pedirte que nos sigas ayudando a aprender los libros de la Biblia cantados, los versículos, pero especialmente a entender tu santa Palabra, te lo pedimos en nombre de nuestro Señor Jesucristo, amén! Ahí en pie vamos con nuestro digital de Dios es grande… “Dios es grande, Dios es bueno, Dios me ama, Dios me cuida. Gracias Dios porque me amas, gracias Dios porque me cuidas”, vamos a recordar la tarea, ¿aprendieron el versículo? Repitan conmigo: “Y juntamente con Él nos resucitó, y así mismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús”. Ef. 2:6 Muy bien. Ahora vamos a cantar las dos estrofas juntas:
¡Cantaremos todos juntos, los libros de Moisés, los libros de Moisés son los libros de la Ley. Son Génesis, y Éxodo, Levítico y Números, y por fin Deuteronomio que encierra la ley! Nuevamente: ¡cantaremos todos juntos, los libros de Moisés, los libros de Moisés son los libros de la Ley. Son Génesis, y Éxodo, Levítico y Números, y por fin Deuteronomio que encierra la ley!
!Cantaremos todos juntos los libros históricos, ellos narran la historia del pueblo de Dios. De Josué, de Jueces y la historia de Rut; dos libros de Samuel, dos libros de Reyes, dos libros de Crónicas que cuentan historias, y después el libro de Esdras, Nehemías y Ester!

Ahora vamos con la tercera estrofa de los libros de la Biblia. Los libros son: Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés y cantares. A este grupito se les llama los libros poéticos. Escuchen: ¡Cantaremos todos juntos los libros poéticos, ellos cantan bellos himnos que cantaban los judíos. De Job y los salmos, los Proverbios de un sabio, Eclesiastés y cantares del sabio Salomón! ¿Les pareció fácil? Vamos a repetirlo: ¡Cantaremos todos juntos los libros poéticos, ellos cantan bellos himnos que cantaban los judíos. De Job y los salmos, los Proverbios de un sabio, Eclesiastés y cantares del sabio Salomón!

Llegó el momento del versículo y de la historia. Colóquense de pie nuevamente, por favor, vamos a disfrutar del digital de los cinco niños. “Cinco niños felices están. Sonrisas bonitas sus rostros tendrán. Se paran contentos para cantar. Se sientan quieticos para escuchar” Muy bien, se pueden sentar. La historia seleccionada del grupo de los libros poéticos está basada en el Salmo 73, y el versículo está en Pr. 14:30 dice: “El corazón apacible es vida para la carne; mas la envidia es carcoma de los huesos”. El versículo de manera sencilla nos dice que cuando tenemos envidia, o sea ese pecado que nos hace sentir rabia, enojo, porque a otro le va mejor, porque a otro le dan y a mí no o porque le dan algo mejor, porque a otro lo prefieren y a mí ni me tienen en cuenta, cuando sentimos todo eso, en cambio de darnos alegría nos hace sufrir. Si, cuando sentimos envidia no somos felices, somos muy infelices, pero cuando no, estamos tranquilos. ¿Ustedes alguna vez han actuado con envidia? Vamos a repetir el versículo “El corazón apacible es vida para la carne; mas la envidia es carcoma de los huesos” Pr. 14:30 Creo que con la historia podemos aprender algo más.

Miguelito había tenido el privilegio de conocer a Dios cuando era muy niño. Su papito y su mamita fueron siempre muy juiciosos en ensenarle la Biblia. Él ya había experimentado la vergüenza de su pecado, se había sentido muy sucio delante de Dios y se había humillado delante de Cristo pidiendo perdón por sus pecados. Le pidió que lo limpiara y que hiciera de él un nuevo niño, que él no quería seguir haciendo lo malo. ¿Ustedes creen que Jesús sí le perdonó? Si fue sincera su oración, algo que indicaría que Dios mismo lo estaba guiando, entonces Jesús si lo recibió y lo perdonó, ya que Él dice que todo el que viene a Él, Él no lo echa fuera. Mas para saber si Miguelito había experimentado el verdadero arrepentimiento y conversión era su testimonio de vida, lo que creía y lo que hacía. Miguelito creía que Jesús había venido del cielo para salvarlo, que había cargado sus pecados, que había muerto en la cruz por él, que había resucitado y que estaba a la derecha de Dios padre rogando por él.

Los padres de Miguelito vieron que había cambiado en realidad, ya era más obediente, había mejorado en sus ataques de ira, cuando fallaba ellos notaban que Miguelito se sentía mal y hasta lloraba por haber ofendido a Dios, ellos lo veían esforzándose por leer la Biblia y con alegría cuando tenía que ir a la iglesia, cosas que antes no hacía. En verdad era un niño diferente. ¿Pero piensan que para Miguelito era fácil? En la primera escuela que estudió, un compañerito de nombre Jacobito le hacia la vida imposible. La verdad es que Jacobito sentía envidia de Miguelito porque el procuraba hacer lo correcto y porque por su dedicación alcanzaba los primeros puestos del salón. Un día se perdió los colores de Fabiolita, y la niña dijo: “Profesora Nubia, se me perdieron los colores, alguien los cogió de mi pupitre”. La profesora Nubia era nueva en la escuela, estaba substituyendo a la profesora Karla quien había tenido bebé, entonces ella no conocía aun bien a los niños. Preguntó la profesora: “¿por casualidad alguien sabe quién cogió los colores de Fabiola?” Jacobo levantó la mano y dijo: “profesora, alguien me dijo que había visto a Miguel mirando el pupitre de Fabiola”. Miguel sorprendido, miro a Jacobo, y dijo: “¿Yo? ¿En qué momento?” La profesora rápidamente fue hasta donde Miguelito, abrió el pupitre y en el fondo estaban los colores. “¿Y esto?” Dijo la profesora. “Profesora, yo no fui, no sé quién los colocó Ahí”, respondió Miguelito. Esto fue muy triste, pues aunque en el salón conocían a Miguelito, quedó la duda, y por el colegio se regó la noticia de que Miguel había robado. Jacobo estaba feliz de ver el sufrimiento de Miguelito. ¿saben quién había colocado los colores de Fabiolita en el pupitre de Miguelito? Si, Jacobito. Ese niño, por su envidia siempre buscó el mal de Miguelito, ¿pero eso le traía felicidad? No. Jacobo vivía sufriendo por los triunfos de Miguelito, era un niño amargado, solo tuvo un poco de tranquilidad cuando Miguel cambio de colegio, pero le amargaban el rato cuando alguien recordaba que Miguel fue un alumno ejemplar. ¿Y cómo le fue a Miguelito en el nuevo colegio?

Allí, el estudio era más exigente y aunque se esforzaba al máximo sus notas no le daban para superar a Leví. ¿Pero Leví era tan juicioso como Miguelito? No. Si era inteligente, pero como Levi no conocía a Dios, estaba dispuesto a hacer hasta lo incorrecto para ser el mejor alumno, no en calidad, pero si en notas. A Levi le gustaba la fama, el poder y él sabía que si era conocido como el mejor alumno tendría todo esto. Tristemente, hasta sus papás lo apoyaban en eso, pues esto les traía elogios de los profesores y del director. Miguel se dio cuenta que Levi mandaba a hacer las tareas, y tenía una habilidad impresionante para copiar en las evaluaciones y los profesores ni percibían. Era el rey de la trampa. Era admirado y todos querían ser amigos de él, aunque muchas veces los llegara a tratar mal. Miguelito, al ver el éxito de Leví, y mirando que aunque se esforzaba siempre estaba por debajo de Leví, comenzó sentir envidia, y por supuesto también a sufrir porque sabía que eso era pecado.

Del enojo se preguntaba, ¿y cómo todos de una u otra manera saben que Levi es tramposo y nadie le dice nada? ¿Por qué no lo castigan? ¿Cómo es posible que yo esforzándome tanto siempre esté por debajo de él?” Y viendo que todos los elogios eran para Leví, en tanto que ni profesores ni colegas admiraban a Miguelito, por la envidia, se vio tentado a querer imitar a Levi. La envidia que estaba sintiendo por Leví, le estaba perjudicando su lectura bíblica, y hasta volvió con los mal genios en la casa. Llorando, en su cuarto, decía: “No es justo, no es justo. No me sirve ser correcto. Ahí está que Leví haciendo lo malo le va mejor que a mí”. Sus padres se dieron cuenta del cambio de Miguelito, se sentaron con él en la sala y le preguntaron la razón de su cambio. Miguelito se arrojó a los brazos de su papito llorando y dijo: “No es justo, no es justo que yo me esfuerce, y en el colegio le vaya mejor a Leví que hace trampa en todo”. Entonces su papá cogiendo la Biblia le leyó el salmo 73, y le dijo: “Miguelito, Asaf era un excelente siervo del Señor. Pero miraba que a pesar de su fidelidad a Dios, las cosas en esta tierra no le salían como él pensaba que le debían salir por ser un siervo fiel a Dios. Veía solo dificultades, persecución, azotes, desprecio, pero al mismo tiempo veía que a los que no obedecían la Palabra de Dios, a los arrogantes, en cambio de recibir el pago por su maldad en esta tierra, prosperaban, no se enfermaban, todos los elogiaban, no pasaban por males como los otros. Su situación difícil y la prosperidad de los malos le hizo sentir envidia de las personas malas. Él no entendía porque Dios hacia esto, hasta que entró en la presencia de Dios, y se dio cuenta del fin de los malos. Se dio cuenta que la única prosperidad que los malos tienen es aquí, porque luego y cuando ellos menos piensen su caída definitiva llega. Miguelito, Asaf se dio cuenta que los que se alejan de Dios perecen, es decir, se pierden para siempre, pero que acercarse a Dios es el bien, entonces para qué envidiar a los que hacen lo malo si su fin es de horror, ¿te parece correcto envidiar a alguien que va por el camino ancho y espacioso hacia el infierno cuando nosotros ya estamos en el camino angosto que conduce hacia el cielo? ¿No es mejor Miguelito que ores por el niño Leví para que conozca a Dios y escape del juicio que le tiene preparado a los malos?” Miguelito sintió vergüenza, pero dentro de su alma sintió un alivio profundo y al mismo tiempo una preocupación por Leví. Ya en su cuarto le pidió perdón a Dios por su envidia, y pidió a Dios por Levi. ¿Cómo cuál de los niños actúan? ¿Cómo Jacobito? ¿Cómo Levi? ¿Cómo Miguelito? “El corazón apacible es vida para la carne; mas la envidia es carcoma de los huesos” Pr. 14:30

Vamos a colocarnos de pie para orar y luego cantar la tercera parte de los libros de la Biblia. “Los pies juntos están. Cruzo los dedos de mis manos. Bajo la cabeza con atención. Cierro mis ojitos para la oración” ¡Padre celestial, te damos gracias por las cosas que hoy nos has permitido aprender. Te seguimos rogando por los niños que aún no te conocen, para que tengas misericordia de ellos y los hagas unos nuevos niños, que los unas a Jesucristo para que con su ayuda te teman. También rogamos por los que ya están viviendo una nueva vida contigo para que todos los días les animes, les fortalezcas y les des la victoria contra el pecado. te lo pido en el nombre de Jesús. Amén. Ahora vamos a cantar: ¡Cantaremos todos juntos los libros poéticos, ellos cantan bellos himnos que cantaban los judíos. De Job y los salmos, los Proverbios de un sabio, Eclesiastés y cantares del sabio Salomón!

Mis muy amados niños, que mi Señor los siga bendiciendo.

 

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