El abuelo Joao y Julio - 4

El sentido de la vista, este es el segundo sentido que Joao le explica a Julio, ¿por qué la vista es tan importante? Escuchemos qué dice Joao. (imagen: clickr)

 

 

El abuelo Joao y Julio. Noticia mala y noticia buena - 4

El abuelo Joao le enseñó a Julio que el malvado corazón con el que llegamos hace que nuestro sentido del oído esté atento a las palabras que nos destruyen, pero también que sienta repudio, para que huyamos de las palabras que nos edifican. ¿Qué le enseñará hoy el abuelo a Julio?

“Julito, Dios además del sentido del oído, nos dio el sentido de la vista, los ojos. Ellos son de extrema utilidad, como todos los sentidos. Con ellos podemos apreciar en primer lugar la revelación general de Dios”. Julio miró a su abuelo confundido. Al ver el abuelo a Julio confuso, le preguntó: “¿No sabes cuál es la revelación general de Dios?” Julio dijo: “¡¿Jup?! No tengo ni idea abuelito”. Dijo el abuelo Joao: “Julito, la revelación general de Dios son las cosas que Él creó. ¿Y por qué? Porque por medio de las cosas creadas Dios nos revela, y aunque no le podamos ver porque es Espíritu, Él existe, mas no solo que existe, también que Él es infinito en poder y sabidurías”. En ese momento pasaban volando dos lindas guacamayas, o araras, como les dicen en Brasil, y el abuelo dijo: “Mira Julito esas dos lindas araras, mira sus colores tan bonitos, su vuelo, ¿crees que ellas se hicieron solas? Las cosas creadas obligan a creer que existe un Creador infinito en poder y sabiduría. Solo basta que comiences a mirar con detalle cada cosa creada y podrás notar que el que las hizo tiene que tener una sabiduría y poder ilimitado. Julito, Tienes la tarea desde hoy de comenzar a mirar así las cosas para que puedas apreciar la mano de Dios en todo”. Julio mirando y moviendo sus manos dijo: “Claro abuelito tienes razón, ¿cómo mis manos y todos los miembros de mi cuerpo podrían hacerse solos? ¿Sabe abuelito que siempre simplemente miraba las cosas, pero no había parado para pensar así? Pues desde hoy quiero ir mirando todo para poderme deleitar en el poder y la sabiduría de Dios”. “Muy bien, muy bien Julito, haces bien”.

Luego el abuelo sacó su Biblia de la mochila, y dijo: “Julito, ya sabes que la revelación general de Dios es la creación, pero la Biblia es la revelación especial de Dios, la única revelación especial de Dios para nuestros días. Con la revelación general podemos comprobar, saber que Dios existe, pero con la revelación especial, la Biblia podemos conocer al Dios que creó todas las cosas, y conociéndole tener vida eterna. Julito, entonces Dios nos dio el sentido de la vista no solo para que miremos su revelación general, dio también nuestros ojos para que con ello leamos su santa Palabra desde Génesis hasta Apocalipsis. Julito, leer la Biblia no es una opción, es una obligación, pues es por medio de Las Escrituras que Dios permite que le conozcamos, es por medio de las Escrituras que Dios envía su fe para que creamos de la manera correcta en Él”.

El abuelo sacando una revista de su mochila, dijo: “Para que te relajes un poco, quiero que mires esta revista. Son historietas del gato y el ratón. Entre tanto yo voy al bote para usar mi sentido de la vista y saber si Dios nos dio otros pescaditos”. El abuelo Joao se dirigió al bote, y desde allí miraba a Julio. Notaba que Julio estaba bien concentrado en la revista, y que se reía continuamente. Dos pescados más habían caído en los anzuelos, y luego de sacarlos, el abuelo coloco nuevas carnadas y lanzó los anzuelos al río, “Chuss, chuss, chus, plop”. Luego fue hasta donde Julio, y preguntó: “¿Cómo te pareció los cuenticos del gato y el ratón? Te vi muy concentrado y riendo”. Julio dijo: “Son muy chistosos, ese ratón es terrible, le hace muchas maldades al gato”. Entonces el abuelo dando a Julio la Biblia abierta en el libro de proverbios, le dijo: “Ahora quiero que leas este libro, mientras continúo revisando los anzuelos”. Julio comenzó a leer, y el abuelo revisando los anzuelos miraba la reacción de Julio. A los pocos minutos Julio estaba bostezando, “haaaa haaaa”, luego cerró la Biblia, y dijo a su abuelo: “!Abuelito, ¿quiere que le ayude con los anzuelos?! “El abuelo respondió: “¡No, Julio, sigue leyendo!” Julio abrió nuevamente la Biblia para leer, pero se movía, bostezaba y finalmente comenzó a cabecear. El abuelo, dejando el barco, fue hasta donde Julio. Preguntó: “¿Qué pasó Julito?” julio dijo: “me dio un sueño abuelito”. “¿Y porque crees que leyendo la revista de cuenticos no te dio sueño y leyendo la Biblia sí?”. Julio dijo: “No se abuelito”, preguntó el abuelo: “¿No te parece extraño que al leer aquello que solo te divierte no te de sueño y te mantenga atento, y que al leer aquello que es de real bien para tu alma te sientas incomodo, quieras cambiar de actividad, y te de sueño?” Julio se quedó callado. Entonces el abuelo, le dijo: “Toma este garoto y vamos a caminar por la playa un poco”. Julio se levantó, destapó el garoto y lo comió. El abuelo le dijo: “Julito, nuestro malvado corazón, cuando leemos o miramos algo que no lo ataca, aunque no sea malo en sí como leer la revista del gato y del ratón, se queda quieto, pero cuando usamos el sentido de la vista para leer las Escrituras, reacciona con todas sus fuerzas, y por todos los medios busca que nosotros desistamos de leer, y esto porque la Escritura le hiere, ya que ella es como una espada de dos filos que penetra hasta los más profundo de él. Cuando la persona lee la Biblia, el malvado corazón, por ejemplo, le recuerda cosas que tiene que hacer, le distrae la mente para que no se concentre, la hace dar sueño, le tienta para que desista, diciéndole: ‘después que hagas todas las cosas, cuando estés más relajado la puedes leer’, además de ello busca que la persona le de otro significado a lo que Dios dice, entre otras. Ese corazón lucha con todo su arsenal de maldad para que las personas no le den importancia a la Biblia, la desprecien, la miren como inconveniente e innecesaria, les hace ver que sin la Biblia las personas también pueden tener comunión con Dios”. Julio, abrazando a su abuelito, le dijo: “Abuelito, realmente nuestro corazón es muy malo”.

“Sentémonos aquí”, dijo el abuelo. Julio y el abuelo miraban hacia el rio, y dijo el abuelo: “Pero nuestro malvado corazón, con el que llegamos a este mundo, no solo hace todo para que no usemos el sentido de la vista para lo que verdaderamente nos edifica espiritualmente, también hace todo para que miremos aquello que lo estimula para destruirnos. Hace varios miles de años, Dios le ordenó al ejército israelita que cuando ellos se tomaran la ciudad de Jericó, ninguno de los soldados podía coger nada de la ciudad, porque todo estaba maldito. Dios derribó los muros y el ejército israelita entró y tomó la ciudad. Un hombre llamado Acán entró a un lugar en donde había un lingote de oro, plata y vestidos lujosos, él sin duda recordaba la orden de no coger nada, pero su malvado corazón haciendo uso del sentido de la vista, al ver tal riqueza, usó una de sus armas letales, la codicia. Tal pecado hizo que él cogiera el oro, la plata y los vestidos lujosos y los escondiera en su tienda, a la vista de su familia. ¿Qué consecuencias trajo ese pecado? Como él era miembro del cuerpo del ejército del Dios viviente, todo el cuerpo sufrió, pues por culpa de Acán Dios quitó el amparo de Israel, y por falta del amparo los enemigos los vencieron matando como a 36 soldados, además de ello, para que el amparo de Dios volviese, Dios ordenó la muerte de Acán, pero no solo murió él, también murió toda su familia. ¿De dónde nació tanta tragedia? De una mirada, la cual el corazón malvado aprovechó para que Acán actuase con codicia”.

Sacando el abuelo dos bombones garotos, dio uno a Julio, y él comió el otro, luego dijo: “Un buen tiempo más delante de la historia de Acán, Dios dio para Israel un rey muy bueno. Este rey amaba mucho a Dios, pero un día se descuidó, mientras su ejército estaba combatiendo, él se quedó en el palacio y en medio de su ociosidad, subió a la azotea de su palacio, a la distancia había una mujer bañándose. Como la azotea del palacio sin duda era más alta que la casa donde estaba la mujer, con facilidad podía ser vista desde el palacio. Cuando el rey, de nombre David, dirigió sus ojos hacia la mujer, instantáneamente su viejo corazón aprovechando tal mirada, al igual que con Acán, lo atacó con su codicia y lo hizo su víctima, lo agarró de tal manera que aunque llegó a saber que la mujer era casada, no se importó por ello y terminó cometiendo adulterio con ella. Mas como en el caso de Acán, las cosas no terminaron ahí, la muchacha quedó embarazada, y no sabiendo David, gobernado en ese momento por su insensatez, como dar “Solución” al problema, terminó enviando al frente de batalla al esposo de la mujer para que los enemigos lo mataran, como tristemente aconteció. Pero Dios castigó severamente a David haciendo que el pasara muchos meses por una fuerte y agónica depresión, le quitó la vida a su hijo, y aunque luego le produjo el arrepentimiento para que al confesar el pecado terminara su tiempo de agonía, la violencia nunca se apartó de su casa. Julito, ¿en las dos historias anteriores qué usó inicialmente el malvado corazón para que sucediera tanta tragedia?”. Julio respondió: “Una mirada” Dijo el abuelo: “Si Julito, pero ellos sin duda nunca pensaron que una mirada les traería tanta muerte. Por ello tenemos tener mucho cuidado con lo que miramos, hacia donde se dirigen nuestros ojos. Hoy día por televisión, Internet, celular, medios muy buenos para transmitir cosas buenas, las personas que maquinan lo malo también los están usando para enviar mensajes, videos, películas que al ser visto, el malvado corazón aprovecha para arremeter con todas sus fuerzas para llevar a la persona a pecar y a destruirla. Nuestro buen Dios, para evitar que su pueblo le ofenda, se haga daño y haga daño a otros, exhorta a su pueblo para fijar sus ojos en lo que edifica, y por supuesto desviarlos de lo que lo tienta a pecar, Dice: “Tus ojos miren lo recto, y diríjanse tus parpados hacia lo que tienes delante”. Pr. 4:25, Julito, ¿Qué cosas son las que miras? ¿Las que edifican tu alma? ¿Las que son aprovechadas por tu corazón para hacerte pecar?”.

Julio no se atrevió a contestar, solo miró a su abuelo. ¿Qué más le enseñará el abuelo Joao a Julio sobre cómo el corazón malo se aprovecha de los sentidos para hacer que la persona peque? Si Dios lo permite lo sabremos en la siguiente parte de la historia. No olviden memorizar Pr. 4:25 “Tus ojos miren lo recto, y diríjanse tus parpados hacia lo que tienes delante”. Mi Señor los guarde de todo mal.

 

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