13. Limonada con sal

Dios también es ira. La ira es un sentimiento muy parecido al enojo. Cuando nos enojamos, es lo mismo que si nos diera ira. ¿Por qué será que Dios se enoja? Él se pone bravo porque nosotros no le obedecemos. Él nos ha dicho bien claro lo que quiere que hagamos, ¿y nosotros? Nosotros somos muy necios. En vez de hacerle caso, hacemos lo que se nos viene en gana. Me hace pensar en la historia de una amiga que se llama doña Motrisca.

 

 

Doña Motrisca era la dueña de un hotel donde venía a quedarse mucha gente importante. Tenía cinco empleados que le ayudaban a cuidar del hotel.

¡Había muchísimo trabajo! Les tocaba barrer, trapear, lavar sábanas, tender camas, servir comida, lavar platos... Es que ustedes no se imaginan todo lo que había que hacer.

 

Limonada

 

Un día a doña Motrisca le tocó ir de compras a la ciudad. Antes de salir, le dijo a los ayudantes todo lo que debían hacer. Como sabía que eran un poco despistados, también les dejó una lista escrita, por si se les olvidaba algo.

 

Limonada

 

¡Que si se les olvidaba algo! ¡Ja! A esos pobres se les olvidó todo. No compraron la carne, se les olvidó llevarles el café a los huéspedes. No alistaron la habitación que tenían que arreglar para un político que venía. (El político llegó, y al ver el desorden se fue disgustado para otro hotel). No prepararon el arroz, se les olvido dejar jabón en los baños. No tendieron las camas, ni limpiaron, ni barrieron, ni nada. Se la pasaron de vagos jugando y molestando. Lo único que no olvidaron fue hacer la limonada para el almuerzo, pero le echaron sal en vez de azúcar, o sea que no sirvió de nada.

 

Limonada

 

Ya por la tarde llego doña Motrisca y encontró a todos los huéspedes furiosos y con hambre. Unos estaban enfermos por haberse tomado la limonada con sal. Encontró los pisos sucios, los platos sin lavar; mejor dicho, todo al revés. Para colmo, adivinen en dónde encontró a los cinco ayudantes. Estaban afuera en el patio de atrás jugando con avionetas de papel. Una de esas avionetas estaba hecha del papel en el que doña Motrisca había escrito la lista de todo lo que se suponía que tenían que haber hecho.

 

Limonada

 

Ahora, ¿ustedes creen que doña Motrisca se puso feliz y dichosa cuando llegó y encontró las cosas así? ¿Creen que les hizo fiesta y les dio premios y vacaciones? ¡No señor! Más bien se puso bravísima. Estaba furiosa de que no hubieran cumplido con lo que ella les había mandado. Los regañó a todos los cinco y los castigó con quince días de trabajos extra.

Dios nos ha dado a nosotros muchos papeles donde ha escrito lo que quiere que hagamos. La verdad no son solo papeles sino todo un libro. Ese libro se llama la Biblia. Lo que pasa es que nosotros somos como los ayudantes de doña Motrisca, en vez de leer la Biblia y hacer lo que dice, nos ponemos a jugar y a hacer lo que nosotros queremos hacer. Por eso, Dios se pone bravo. Y tiene toda la razón; a veces, de castigo nos manda enfermedades, terremotos, diluvios, o cosas así.

Su peor castigo es el infierno. En la Biblia Dios nos manda que le pidamos a su Hijo, Jesús, que nos lave del pecado y que nos enseñe a hacer lo que Él dice. Si no obedecemos, cuando muramos vamos a ser enviados al infierno. Allí no hay sino cosas feas y tristes, cosas que asustan y cosas que duelen. El infierno es un castigo horrible, y lo peor es que no dura por tres meses o diez años, sino para siempre. Nunca termina. Cuando Dios se pone bravo, es cosa seria. Es mucho mejor obedecerle que sufrir su castigo tan terrible, ¿no les parece?


 

Limonada Clic

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