Un llamado a la separación

Debemos odiar incluso la “ropa” –figura de nuestros hábitos y costumbres– contaminada por la carne (Judas 23), y debemos guardarnos “sin mancha del mundo”. Foto: (Anna Radulea/Flickr)

 

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original en inglés en: https://www.chapellibrary.org/book/ctse/call-to-separation

 

Un llamado a la separación

A. W. Pink

 

Debemos odiar incluso la “ropa” –figura de nuestros hábitos y costumbres– contaminada por la carne (Judas 23), y debemos guardarnos “sin mancha del mundo”

“No os unáis en yugo desigual con los incrédulos; porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas?” (2 Corintios 6:14-18)
Este pasaje es el pronunciamiento de una exhortación Divina a aquellos que pertenecen a Cristo para que se mantengan distantes de toda asociación íntima con los impíos. Les prohíbe expresamente que entren en alianzas con los inconversos. Prohíbe definitivamente a los hijos de Dios el caminar del brazo con los del mundo. Es una advertencia que aplica a todas las fases y áreas de nuestras vidas –religiosa, doméstica, social, comercial. Y, tal vez, nunca hubo una época en la que fuera tan necesario insistir sobre esto a los cristianos como ahora. Los días en que vivimos están marcados por el espíritu de compromiso. Por todas partes vemos mezclas impuras, alianzas impías y yugos desiguales. Muchos cristianos profesantes parecen estar tratando de ver qué tan cerca del mundo pueden caminar y aun así ir al Cielo.

No os unáis en yugo desigual”. Este es un llamado a la separación piadosa. Esta exigencia Divina ha sido hecha en cada dispensación. Para Abraham, el mensaje imperativo de Jehová fue “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre”. A Israel le dijo, “No haréis como hacen en la tierra de Egipto, en la cual morasteis; ni haréis como hacen en la tierra de Canaán, a la cual yo os conduzco, ni andaréis en sus estatutos” (Levítico 18:3). Y otra vez, “no andéis en las prácticas de las naciones que yo echaré de delante de vosotros” (Levítico 20:23). Fue precisamente por desatender estas prohibiciones que el pueblo de Israel trajo sobre sí mismo castigos tan severos.

Al principio del Nuevo Testamento se nos muestra al precursor de Cristo posicionándose fuera del judaísmo organizado de su época, advirtiendo a los hombres que huyeran de la ira venidera. El Salvador anunció que, “a sus ovejas llama por nombre, y las saca” (Juan 10:3). En el día de Pentecostés el mensaje para los creyentes era, “Sed salvos de esta perversa generación” (Hechos 2:40). Después, Pablo escribió a los hebreos cristianos, “Salgamos, pues, a él, fuera del campamento” (Hebreos 13:13). El llamado de Dios a Su pueblo en Babilonia es, “Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas” (Apocalipsis 18:4).

No os unáis en yugo desigual”. Este es el mensaje de Dios para Su pueblo hoy. Y no aparece solo. En Romanos 16:17 dice, “que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos”. En 2 Timoteo 2:20 leemos, “en una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles. Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor”. 2 Timoteo 3:5 habla de aquellos “que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella”, luego agrega, “a éstos evita”. Qué tal es ese mensaje en 2 Tesalonicenses 3:14, “Si alguno no obedece a lo que decimos por medio de esta carta, a ése señaladlo, y no os juntéis con él”. Cuán radical es la advertencia de 1 Corintios 5:11, “Más bien os escribí que no os juntéis con ninguno que, llamándose hermano, fuere fornicario, o avaro, o idólatra, o maldiciente, o borracho, o ladrón; con el tal ni aun comáis”.

No os unáis en yugo desigual”. Estamos completamente persuadidos de que desacatar este mandamiento, pues es un mandamiento, es en gran medida la causa del grave estado en que se encuentran los cristianos en la actualidad, tanto individual como corporativamente. No es de extrañar que el pulso espiritual de muchas iglesias lata tan débilmente. No es de extrañar que las reuniones de oración tengan una asistencia tan baja; los cristianos que están en yugo desigual no tienen corazón para la oración. La desobediencia en este punto con certeza previene la devoción real y sin reservas a Cristo. Nadie puede ser un seguidor del Señor Jesús, liberado, y que esté de todas formas en yugo con Sus enemigos. Podría ser una persona verdaderamente salva, pero el testimonio de su vida, el testimonio de su caminar, no va a honrar ni glorificar a Cristo.

No os unáis en yugo desigual”. Esto aplica primero a nuestras conexiones religiosas o eclesiásticas. Cuántos cristianos son miembros de supuestas “iglesias”, donde suceden muchas cosas que ellos saben que están directamente en desacuerdo con la Palabra de Dios, ya sea la enseñanza desde el púlpito, las atracciones del mundo usados para atraer a los impíos, y los métodos mundanos empleados para financiarlo o el constante recibimiento a la membresía de aquellos que no dan evidencia de haber nacido de nuevo. Los creyentes en Cristo que permanecen en tales “iglesias” están deshonrando a su Señor. Si respondieran: “Prácticamente todas las iglesias son iguales y si renunciamos, ¿qué haríamos? Debemos ir a algún lugar los domingos”, ese lenguaje demostraría que están poniendo sus propios intereses antes que la gloria de Cristo. Es mejor quedarse en casa y leer la Palabra de Dios que tener comunión con aquello que la Palabra condena.

No os unáis en yugo desigual”. Esto aplica a la membresía en órdenes secretas. Un “yugo” es algo que une. Aquellos que pertenecen a una “logia” están unidos en juramento y pacto solemne con sus “hermanos” miembros. Muchos de sus miembros compañeros no dan ninguna evidencia de ser nacidos de nuevo. Puede que ellos crean en un “Ser Supremo”, ¿pero qué amor tienen por la Palabra de Dios? ¿cuál es su relación con el Hijo de Dios? “¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?” (Amos 3:3). ¿Pueden aquellos que le deben todo a Cristo tanto en el tiempo como en la eternidad, tener comunión con aquellos que lo desprecian y desechan a Él? Cualquier lector cristiano que esté de esta forma en yugo desigual, líbrese del mismo en seguida.

No os unáis en yugo desigual”. Esto aplica al matrimonio. Solo hay dos familias en este mundo: los hijos de Dios, y los hijos del diablo (1 Juan 3:10). Entonces, si una hija de Dios se casa con un hijo del maligno, ¡se convierte en nuera de Satanás! Si un hijo de Dios se casa con una hija de Satanás, ¡se convierte en yerno del diablo! Un paso tan infame da lugar a una afinidad entre uno que pertenece al Altísimo y uno que pertenece a Su archienemigo. “¡Qué forma de hablar tan fuerte!”. Sí, pero no demasiado fuerte. Y qué amarga es la cosecha de tal siembra. En todos los casos, es el pobre cristiano el que sufre. Lee las historias inspiradas de Sansón, Salomón y Acab, y observa lo que resultó de sus alianzas profanas en matrimonio. Un atleta que se amarra a una carga pesada podría esperar ganar la carrera tanto como un cristiano puede esperar progresar espiritualmente al casarse con un impío. ¡Cuánta vigilancia en oración se necesita en la regulación de nuestros afectos!

No os unáis en yugo desigual”. Esto aplica a asociaciones de negocios. La desobediencia en este punto ha destruido el testimonio de muchos cristianos y les ha afligido con muchas tribulaciones. Cualquier cosa que se pueda ganar de este mundo al buscar los caminos a la riqueza y el prestigio social, no va a compensar en lo más mínimo el perder la comunión con el Padre y Su Hijo Jesucristo. Lee Proverbios 1:10-14. El camino que el discípulo de cristo está llamado a andar es uno estrecho, y si lo abandona por uno más amplio, resultará en castigos severos, pérdidas que rompen el corazón, y tal vez perder el “Bien hecho” pronunciado por el Salvador al final del recorrido.

Debemos odiar incluso la “ropa” –figura de nuestros hábitos y costumbres– contaminada por la carne (Judas 23), y debemos guardarnos “sin mancha del mundo” (Santiago 1:27). Qué escrutador y radical es el mensaje de 2 Corintios 7:1, “limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios”. Si cualquier ocupación o asociación impide nuestra comunión con Dios o nuestro disfrute de las cosas espirituales, entonces debe ser abandonada. Tengamos cuidado de la “lepra” en la ropa (Levítico 13:47). Cualquier cosa en mis hábitos o costumbres que estropee el compañerismo alegre con los hermanos o me despoje de poder en el servicio, debe ser juzgada implacablemente y llevada a su fin –“quemada” (Levítico 13:52). Cualquier cosa que yo no pueda hacer para la gloria de Dios debe ser evitada.

“Porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y qué concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de Dios y los ídolos?”. ¡Cuán explícitos y enfáticos son los términos que se usan aquí! No hay ninguna excusa para no entender los términos de esta exhortación, y la razón en la cual se basa. “Compañerismo, comunión, concordia, parte, acuerdo” son tan claras que no requieren ningún intérprete. Todas las uniones, alianzas, asociaciones, enredos, con incrédulos están expresamente prohibidos para el cristiano. Es imposible encontrar en todo el conjunto de la Sagrada Escritura lenguaje más claro sobre cualquier tema aparte del que tenemos aquí. “Justicia, injusticia; luz, tinieblas; Cristo, Belial” –¿qué tienen en común? ¿qué lazo los une?

Los contrastes presentados son muy agudos y penetrantes. “Justicia” es hacer el bien; “injusticia” es hacer el mal. El estándar único e inerrante para hacer el bien es “la palabra de justicia” (Hebreos 5:13). La vida y el caminar del cristiano deben ser regulados únicamente por esta. Pero el mundano la descarta y la desobedece. Entonces, ¿qué “compañerismo” puede haber entre uno que está sujeto a la Palabra de Dios y uno que no lo está? “Luz” y “tinieblas”. Dios es luz (1 Juan 1:5) y Sus santos son “hijos de luz” (Lucas 16:8). Pero los hijos del maligno son “tinieblas” (Efesios 5:8). Entonces, ¿qué comunión puede haber entre miembros de familias tan distintas? “Cristo” y “Belial” –¿qué concordia puede haber entre uno para quien Cristo lo es todo, y uno que lo desprecia y lo rechaza?

“Porque vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios dijo: Habitaré y andaré entre ellos, Y seré su Dios, Y ellos serán mi pueblo”. ¡Qué bendición! Primero, se nos da la exhortación, “No os unáis en yugo desigual”; segundo, se explica la razón, “Porque ¿qué compañerismo tiene la justicia con la injusticia?”; tercero, se presenta el incentivo. Esta es una promesa divina, y es sorprendente observar que está compuesta por siete aspectos: 1) “habitaré entre ellos”, 2) “andaré entre ellos”, 3) “y seré su Dios”, 4) “y ellos serán mi pueblo”, 5) “y yo los recibiré”, 6) “y seré para vosotros por Padre”, 7) “y vosotros me seréis hijos e hijas”.

“Habitaré entre ellos”, es comunión; “andaré entre ellos”, es compañerismo; “y seré su Dios”, es relación. Primero, entre ellos, después por ellos; y “Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8:31). “Y ellos serán mi pueblo”, es propiedad, reconocida como Suya. “Y yo los recibiré”, significa ser traídos a una posición de cercanía a Dios experimental y consciente. “Y seré para vosotros por Padre”, significa “Me manifestaré a ustedes con este carácter, e impartiré a sus corazones todo el gozo que eso implica”. “Y vosotros me seréis hijos e hijas” significa que tal separación piadosa del mundo proporcionará una demostración de que nosotros somos Sus “hijos e hijas”. Comparar con Mateo 5:44.

“Dice el Señor Todopoderoso”. ¡Esta es la única ocasión en que el título divino de “Todopoderoso” aparece en las veintiún epístolas del Nuevo Testamento! Parece que se usa aquí con el propósito de enfatizar la suficiencia de nuestro Recurso. Como alguien más dijo, “Cualquier cristiano que actúe con base en el mandamiento de separación dado en 2 Corintios 6:14-17, encontrará su camino tan asolado por dificultades y con tal tendencia a despertar la hostilidad de todos, que si su mirada no permanece fija en el Dios Todopoderoso que lo ha llamado afuera, seguramente va a colapsar”. Pero es necesario señalar que estas promesas son condicionales, están sujetas a la obediencia a las exhortaciones previas. Sin embargo, si el corazón abraza este bendito incentivo, entonces la obediencia al mandamiento será fácil y agradable.

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