¿Borraría Dios nombres de su libro de la vida?

La pregunta de si un verdadero creyente, que ha nacido de nuevo, puede o no perder su salvación, es fuente de una polémica que, habiendo agobiado a los cristianos por siglos, lo sigue haciendo hoy. Algunos han mantenido que sí es posible que un cristiano pierda su salvación... (Foto: Cam Miller/Flickr).

 

Versión completa en pdf (5 páginas) 

DescargarBoton2

 

 

¿Borraría Dios nombres de su libro de la vida?

Tal vez usted ha tenido la experiencia de estar en la Escuela Dominical para adultos un domingo, cuando el tema es la Salvación. El líder está hablando de la seguridad de la salvación y asegura a sus alumnos que Dios jamás retractaría la gracia que ha dado gratuitamente a uno de los suyos. El profesor hace que los alumnos examinen una lista larga de versículos que apoyan esta posición, pero, tarde o temprano, un alumno de la clase alza la mano y pregunta, “Pero, ¿qué de esos versículos en la Biblia que dicen que un cristiano puede perder su salvación? ¿Qué de esos versículos que dicen que Dios borrará algunos nombres del libro de la vida?” De repente el silencio se apodera del salón. Los ojos de todos se clavan en el profesor. ¿Cómo responderá?

La pregunta de si un verdadero creyente, que ha nacido de nuevo, puede o no perder su salvación, es fuente de una polémica que, habiendo agobiado a los cristianos por siglos, lo sigue haciendo hoy en día. Algunos han mantenido que sí es posible que un cristiano, nacido de nuevo, pierda su salvación, bien sea por pecado escandaloso y repetido o por rechazo al evangelio. Por el otro lado otros han argumentado que Dios nunca permitirá que uno de sus elegidos “caiga de la fe”. Él los guarda de tal cosa haciendo que su fe persevere, con “Su poder”, protegiendo y preservando dicha fe para que no llegue a la ruina.

Esta segunda posición es la más bíblica. Los elegidos de Dios nunca pasarán por segunda vez a la condenación de la cual Jesús ya los redimió. Sin embargo, quienes nos adherimos a tal posición podemos vernos en aprietos a la hora de tener que responder la pregunta del alumno en la Escuela Dominical. ¿Qué de esos versículos...?

¿Cómo podemos responder? ¿Tiene respuesta esta pregunta? Tal vez sería mejor simplemente ignorar tales versículos. Pero, obviamente, no se pueden ignorar. Son parte de la palabra inspirada de Dios.

Aunque hay varios versículos en la Biblia que presentan dificultades para los que creemos en la seguridad de la salvación; por razones de espacio, aquí solo vamos a considerar el versículo al cual se refirió el alumno, Apocalipsis 3:5, en el que Jesús dice: “El que venciere será vestido de vestiduras blancas: y no borraré su nombre del libro de la vida...” (ver la versión Reina Valera).
En juego está entender si Dios cambiaría de parecer en cuanto a la gracia ya mostrada a una de sus ovejas, por la infidelidad de esa oveja. ¿Borraría Dios el nombre de uno que ya determinó salvar? Indiscutiblemente, el versículo 5 parecería indicar, por lo menos superficialmente, que es así. Sin embargo, esta interpretación del versículo presenta varios problemas.

 

El problema de un doble sentido

En primer lugar, tenemos que cuestionar el significado de “el libro de la vida”. Aunque pareciera ser un libro que contiene una lista de aquellos que han sido salvos, otros pasajes en las Escrituras indican otra cosa, sugiriendo más bien que el libro es una lista de todos los que tienen vida física aquí en la tierra.

En Éxodo 32, cuando los israelitas se rebelaron contra Dios, Él no cambió de parecer cuando le dijo a Moisés, déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma (versículo 10). Moisés respondió pidiendo que Dios perdonara el pecado de su pueblo, y que si no era posible, entonces lo borrara del libro que había escrito (versículo 32).

¿Qué tenía Moisés en mente? ¿Sería que pensaba que Dios le quitaría su salvación eterna? Parecería que no. Más probablemente es que Moisés haya estado pidiendo morir (físicamente), en lugar de la nación. La respuesta de Dios va de acuerdo con dicha interpretación. Dijo que no iba a raer el nombre de Moisés, sino solo los nombres de los que habían pecado (versículo 34). Y, ¿qué forma tomó este castigo? Todos los israelitas perdieron sus vidas físicas en el desierto.

En otro ejemplo, vemos al rey David pidiendo una maldición sobre sus enemigos, deseando que sean raídos del libro de los vivientes (Salmo 69:28)—una expresión que en hebreo es igual a “libro de la vida”. ¿Está pidiendo David que sus enemigos tengan sus nombres borrados de una lista de los que tienen la salvación? Difícilmente. ¿Cuál enemigo de Dios ha tenido alguna vez la salvación? Ninguno. Es mejor interpretar la petición como una que busca la muerte física de sus enemigos. Pide que sean quitados de este mundo en un acto de juicio divino. Tales oraciones imprecatorias son comunes en los salmos.

A pesar de esto, no se puede negar que a veces (en otros pasajes), expresiones como la del “libro de vida” sí, se refieren a una lista de quienes tienen la salvación. Unos ejemplos notables son Daniel 12:1, Lucas 10:20, Hebreos 12:23 y Apocalipsis 13:8.

Vemos entonces que en las Escrituras, “libro de vida” puede tener uno de dos o más significados. Puede ser una lista de los que tienen vida física aquí en la tierra, o una lista de los que tienen seguridad eterna. La pregunta llega a ser, entonces, ¿en cuál sentido se debe entender cuando aparece en Apocalipsis 3:5?

 

El problema de discernir el sentido de Apocalipsis 3:5

Obviamente, hay falta de claridad. Se puede argumentar que la expresión “no borraré su nombre del libro de la vida” se usa en referencia a la vida física del creyente. Por chocante que nos parezca la idea de que Dios discipline a uno de sus hijos tomando su vida física, no es ajena a las Escrituras. Cuando uno de sus hijos anda en desobediencia, hay ocasiones en que lo aflige con una enfermedad o aun con la muerte, en un acto de disciplina amorosa (vea 1 Corintios 11:26-32, Génesis 2:17). Esto no quiere decir que al disciplinar a un creyente de una manera tan drástica, Dios también conjuntamente revoque su salvación (Apocalipsis 3:19). Mejor, está quitando al creyente desobediente de este mundo como medida preventiva de futuros actos de rebeldía que contristen al Espíritu.

En el contexto de Apocalipsis 3:5 encontramos evidencia para apoyar esta interpretación. En versículos anteriores, Jesús ya había advertido a varias iglesias que iba a tomar una acción disciplinaria drástica en su contra si no se arrepentían pronto (vea 2:53 20-23 y 3:3). Las palabras de Jesús en 3:5 se podrían interpretar como una promesa de que todos los suyos quienes venzan modificando los hábitos pecaminosos; estarán a salvo de tales disciplinas. Sus nombres no serán borrados.

A algunos tal vez no les convenza esta forma de entender el versículo, e insistirán que “borrado del libro de la vida” debe referirse a una retracción de la gracia; a la pérdida de la salvación. No hay duda de que existen argumentos sólidos para respaldar esta interpretación. Por eso ahora supongamos entonces que sea así. Diremos que la frase “no borraré su nombre del libro de la vida” se refiere a la pérdida de la salvación. Aun así, el lector tiene que reconocer que en este versículo no se afirma que Dios alguna vez haría tal cosa. Al contrario, ¡solo hay una promesa de que no lo hará!

 

Y, ¿para quiénes es la promesa?

La promesa de 3:5 se dirige a los que vencen. Y si por “vencer” queremos decir la idea de no abandonar el evangelio, según las Escrituras los que vencen son todos los hijos verdaderos de Dios. ¡Todos! ¿Vencen por sus propios esfuerzos? Imposible. Vencen por los méritos de Cristo (vencieron por la sangre del Cordero. Apocalipsis 12:11). La presencia de sus nombres en una lista de los que tienen la salvación no depende de sus propios esfuerzos sino de que Cristo ya logró a su favor.
Vencen porque -el que comenzó en (ellos) la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo-Filipenses 1:6. Vencen porque Dios, quien en un principio les obsequia la fe (Efesios 2:8, Hebreos 12:2, Romanos 12:3) es el que asimismo la preserva durante toda su vida, en Cristo, para que no abandonen la fe; guardándolos por su propio poder para que alcancen la salvación (1 Pedro 1:5-51; 2 Corintios 1:21-22, Judas 24-25)

Si un creyente verdadero pudiera abandonar la buena obra que Dios comenzó en él, tendríamos que concluir que la voluntad de Dios para perfeccionar esta obra no es eficaz. Si un creyente comprado por Cristo pudiera perder su salvación, tendríamos que concluir que el poder de Dios para guardarlo hasta que alcance esa salvación no es suficiente para lograr lo propuesto. Sería un Dios muy débil. Un Dios que fracasa en sus esfuerzos.

Pero, ¿cómo entonces explicamos aquellos que abandonan el evangelio? ¿Los que no vencen? Tales personas solo demuestran que sus conversiones fueron falsas y que nunca experimentaron en verdad la obra genuina y regeneradora del Espíritu en sus vidas. A pesar de haber oído el evangelio, y aparentemente haberlo seguido por un tiempo, eventualmente apostataron.

Al contrario, aunque el creyente a veces cae y peca, si es un creyente verdadero, siempre vuelve a la carrera y termina la carrera. Al fin y al cabo, vence. Por lo tanto, cuando un cristiano se encuentra dudando de las promesas del evangelio y volviendo a una vida de pecado, en lugar de preguntarse si Dios le va a quitar su salvación, se debe preguntar si realmente ha nacido de nuevo o no. Se debe examinar para ver si verdaderamente está en la fe (2 Corintios 13:5) y si llega a la conclusión de que no; debe clamar al Señor.

Desafortunadamente, Apocalipsis 3:5 se toma con frecuencia como si fuera una advertencia al creyente, pero no lo es. Mirémoslo bien. Consiste de promesas. ¡Promesas de seguridad! Asegura que los creyentes verdaderos no deben preocuparse de que sus nombres puedan ser raídos. No hay afirmación directa en este versículo diciéndonos que Dios en algún momento podría llegar a borrar el nombre de uno de sus hijos. Aquellos que llegan a semejante conclusión lo hacen solo por hipótesis; argumentando que ya que Dios promete no borrar un nombre, debe ser que a veces lo hace. Esta conclusión es una suposición inferida, mas no procede de una afirmación directa.

 

¿Se pisa tierra firme?

Si lo anterior es valedero, ¿será sabio edificar una doctrina tan grave y aterradora como la inseguridad de la salvación con base en un versículo que ya hemos visto fácilmente que puede tener una interpretación diferente a la que algunos hermanos le dan? Preocupa profundamente cuando los proponentes de la posibilidad de perder la salvación se dicen a sí mismos, en esencia, que su salvación depende de su buen comportamiento. Al hacerlo están negando la suficiencia del sacrificio de Cristo para salvarlos del fuego del infierno.

Pablo, bajo la dirección del Espíritu Santo, escribió que no hay nada que pueda separar al creyente verdadero del amor de Cristo -ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro (Romanos 8:35-38)-. Si queremos mantener cualquier posición contraria, necesariamente deberemos tener mayor fundamento que el que encontrarnos en Apocalipsis 3:5.

 

Nota Final

En conclusión, debemos mencionar también Apocalipsis 22:19, otro versículo problemático donde encontramos una advertencia a todos los que intenten quitar de la revelación de Juan: “Dios quitará su parte del libro de la vida”. Aquí tendríamos, al parecer: la afirmación directa que faltaba en el 3:5 del mismo libro. Pero hay también un problema. En la mayoría de los antiguos manuscritos griegos del libro de Apocalipsis, no aparecen las palabras “libro de la vida”. Mas bien rezan “árbol de la vida”. Teniendo en cuenta esto, los traductores de muchas versiones modernas han sustituido “árbol” por “libro”. Compare la antigua versión Reina Valera con la Versión Actualizada y la Nueva Versión Internacional. Vemos que este versículo es aun menos apto que el 3:5 para darle pie firme a la doctrina controvertida de la pérdida de la salvación. Si se ha de defender dicha doctrina, será necesario echar mano de pasajes que no se presten para estos cuestionamientos.

- ♦ -

Volver