Tres pasajes en cuanto a la elección divina

Hemos mirado ya varios textos y lo que dicen con respecto a la elección divina. Miremos otros tres ahora. La tendencia nuestra es la de pasar por encima el claro aporte que estos hacen al tema. Los desechamos pensando en otros textos que parecen decir más. (Foto: Tom/Flickr)

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Tres pasajes en cuanto a la elección divina

Reconocemos la importancia de estar leyendo constantemente buenos libros, especialmente los de autores antiguos y comprobados, de sólida exégesis y teología bíblica, y no sólo libros de controversia o de novedad. A menudo los libros de mayor sustancia son los que exigen mayor concentración y esfuerzo; pero los frutos de este alimento sólido se dejan ver al producir mayor firmeza y gozo en la verdad libertadora de Dios. Que estemos repasando los libros comprobados una y otra vez para dejar morar en nosotros en abundancia la palabra de Cristo. Que sea una lectura sistemática, primero de toda la Biblia continuamente, pero también de teología, vida cristiana, polémica historia; etc. Leamos lo verdadero para poder discernir y refutar lo falso.

Ahora, volvemos al tema de la elección divina. Lo que nos interesa en todo es que Dios tenga toda la gloria en todo, y de manera especial en lo de la salvación de un pueblo propio suyo, gloria manifestada al mostrar Dios su GRACIA, porque a Él le pertenece toda honra. Lo que nos interesa es tener nuestra confianza en el Señor, no en nosotros mismos; que estemos mirando a Él, porque Él, sí, salva.

Sólo así podemos, con derecho, llamarnos evangélicos. Sólo así ofrecemos al mundo algo diferente y auténticamente eficaz para salvación.


Con razón pasamos tanto tiempo con este tema, porque además muchos miran esta enseñanza como equivocada y perjudicial para la gloria de Dios y para la salud del cristiano. Anhelamos cambiar esta tendencia. Buscamos hacerlo fijando nuestra atención en el texto sagrado. Tenemos que juzgar si una enseñanza es la verdad o no, mirando qué enseña la Biblia, la Palabra de Dios. No es cuestión de contentarnos con tradiciones y opiniones corrientes; sino mirar dentro del contexto total de lo que la Biblia enseña sobre el particular. En el tema que tenemos al frente, la Biblia no puede ser más clara. Dios resolvió salvar a algunos por razón de su voluntad, no más. Siendo, pues, una doctrina altamente honorable para Dios, y siendo la base del evangelio; el único consuelo firme para el pecador, luego; el predicador que la niegue tiene problemas. No es un asunto de escasa importancia. No tenemos el derecho de desechar la verdad por razón de que no nos guste o porque a nosotros nos parezca nociva para el bienestar del cristiano.

Reconozco que no hemos presentado una enseñanza balanceada de todo el consejo de Dios. Nos hemos dedicado a insistir en verdades que a menudo no son anunciadas pero que, si, son importantísimas. No son temas que debemos hacer explícitos en toda predicación, pero que debemos tener implícitos en todo lo que enseñamos.

Una definición adecuada de la elección. Es la determinación eterna de Dios por la cual Él, en su soberano beneplácito, y sin tomar en cuenta ningún mérito o condición previamente visto en los hombres, escogió a un cierto número de ellos para que recibieran su gracia especial en y por medio de Jesucristo para regeneración, justificación, santificación y vida eterna.

Hemos mirado ya varios textos y lo que dicen con respecto a la elección divina. Miremos otros tres ahora. La tendencia nuestra es la de pasar por encima el claro aporte que estos hacen al tema. Los desechamos pensando en otros textos que parecen decir otra cosa. Claro está, debemos mirar todos los textos bíblicos pertinentes, pero no podemos descartar así no más la evidencia obvia de cada uno. Menos aun debemos dejar que tal cual texto controle el testimonio general y claro de la gran mayoría de textos y de la presuposición de la Biblia en general. Oremos para que Dios mismo sea nuestra guía.

 

1 Corintios 1:26-31

1. Estas palabras están en el contexto de la exhortación de Pablo en 1:10, exhortación a favor de la unidad de la iglesia en Cristo. La razón de las divisiones en Corinto era el apego de los creyentes a distintos maestros, formando así partidos. Pablo identifica su labor de maestro como la predicación del evangelio, 1:17, y ha intentado hacer esta labor sin atraer a sí mismo a las personas.

Intencionalmente, ha hablado sin la sabiduría del mundo y sin la elocuencia de palabras; para no detraer de la cruz de Cristo.

2. Parecido a lo que había dicho Jesucristo en Mateo 11:25, Pablo explica que la costumbre de Dios, según su propia sabiduría, ha sido valerse de la locura de la cruz; el tema de la predicación apostólica, 1:18,21, para salvar a los creyentes.

3. Luego, invita a los lectores a mirar su propio caso. Ellos no son de los sabios de este mundo. No son muchos sabios según la carne; ni poderosos ni nobles. Son de los necios; los débiles; los viles, y los menospreciados. Pero precisamente como tales fueron escogidos para avergonzar a los sabios, los fuertes, etc.

4. El hecho de escoger a estos no señala mérito en lo necio, débil y menospreciado, sino que Dios quiso remover toda base de jactancia humana delante de Él, 1:29. Dios decidió a quienes salvaría, incondicionalmente. No vio a algunos como mejores que otros, sino que por razones propias, Dios escogió a quienes escogió.

5. Fíjese que nadie tiene derecho de jactarse en su presencia. No es por merecimientos o cumplimiento humano que una persona se encuentre dentro del redil del Señor.

6. Claro, uno no se salva sino por Jesucristo, 1:21, pero 1:30 declara que los que están en Cristo están en Él por Él, versículo 30, refiriéndose a Dios, versículo 28. No es que uno, por voluntad propia, resuelva creer en Cristo; y como fruto de esta decisión humana, Dios luego lo escoge, sino que Dios mismo es el que nos coloca en Cristo: Ef. 1:4 y Jn. 1:13, engendrados, de voluntad... de Dios.

7. El versículo 30 agrega otra frase para mostrar que nuestra salvación depende de la elección divina. Jesucristo ha sido hecho por Dios... redención. Fue por su soberana decisión; Él diseñó la manera de salvarnos. Como dice Lv. 17:11: ...Yo os la [la sangre] he dado para hacer expiación... Y, dice Pablo: Cristo “nos” ha sido hecho por Dios redención. Pablo se dirige a la iglesia, 1:2; no a todo el mundo.

8. Y, como para excluir toda posibilidad de intrusión de mérito humano, el versículo 30 declara como propósito de Dios, al diseñar Él mismo la salvación de su pueblo, lograr que el que se gloria, gloríese en el Señor. Repite de manera positiva lo dicho en el versículo 29. El apóstol toma todo el cuidado posible para inculcar esta verdad. No quiere dejar ninguna grieta por donde escurra el orgullo humano. Dios no comparte su gloria con nadie, porque no sería justo hacerlo. A Él le pertenece todo, pues, Él es el autor y el consumador de la fe. La elección divina: por un lado; provee seguridad absoluta para el pecador indigno (2:5), y por el otro, garantiza la honra de Dios contra todo intento, aunque sutil, de arrebatársela.

 

Romanos 9:10-13

1. Pablo desde el comienzo de esta carta, venía explicando el evangelio. Comenzó no con la elección, sino detallando la condición pecaminosa del hombre. De allá procedió a explicar la justificación por la fe y sus resultados en la santificación. El capítulo 8 es una exposición magistral de la seguridad del creyente en Cristo. De este tema nació el de la elección, pues, Pablo anticipó una objeción que algunos pondrían a su doctrina de seguridad eterna del creyente. La objeción señalaba el caso de Israel, nación escogida pero más tarde rechazada. ¿Qué seguridad puede haber entonces para el creyente en Cristo? Pablo responde contundentemente en 9:6, y expone el caso de Israel. Hace ver que los propósitos de Dios nunca fallan. El caso de Jacob y Esaú demuestra la verdad de lo que dice.

2. La diferencia entre Jacob y Esaú en su destino eterno fue determinada antes de su nacimiento. Dios no tomó en cuenta las actuaciones de estos hombres, sino que sencillamente fue Su propio decreto. El mayor servirá al menor.

3. La razón de decretar la sujeción del mayor al menor fue para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras, sino por el que llama. Es decir, Dios quiso demostrar el derecho y la ejecución soberanos suyos para con sus criaturas. Difícilmente Pablo hubiera podido escribirlo con mayor claridad y precisión. Fíjese en la frase, el propósito de Dios conforme a la elección. Todo estaba dentro de Dios mismo. El hecho de que Dios quiso que este propósito permaneciese indica la necesidad de que fuera determinado por Él mismo. Fíjese en el contraste explicito entre las obras y el que llama. Es el contraste entre el hombre por un lado y Dios por el otro. Dios es la causa de lo que pasó, el hombre no la era.

4. Algunos objetan que este tema presenta la diferencia, no entre dos individuos, sino entre dos naciones. Pero la referencia es a dos individuos, cuya historia es narrada en el libro de Génesis, historia auténtica de ellos, no de ellos como símbolos nacionales. Y, aunque fuera la diferencia entre dos naciones, sigue en pie el hecho de que había diferencias entre dos naciones, las cuales se componen de individuos. Algunos resultaron discriminados en cuanto a su bien eterno por razón de una determinación divina.

5. Otros objetan que la distinción decretada tenía que ver sólo con privilegios externos, no con destinos eternos. Pero, estos en la providencia de Dios, dependen de aquellos.

6. Otros dirán que Esaú, por ser profano, mereció rechazo, mientras Jacob, por ser piadoso, por lo menos más piadoso que Esaú, mereció el favor de Dios, y que Dios anticipadamente miraba esta diferencia. Pero, el versículo 11 refuta esto, y, además, Jacob, si bien en algo “mejor” que Esaú, sin embargo, no merecía que Dios lo eligiera. Y, si había algo de bueno en Jacob, bien sabemos que esto se debía a la obra regeneradora anterior de Dios. Es Él quien comienza en su pueblo la buena obra, Fil. 1:6.

7. Sin duda, la frase, A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí, es bien fuerte. Y, como todos reconocemos, no existe en Dios las mismas pasiones que existen en nosotros, pecadores. Sin embargo, reconocer esta diferencia en nada diluye el hecho del amor de Dios para con algunos y su rechazo airado para con otros, siendo todos igualmente pecadores y merecedores de la ira justa divina. Jehová prueba al justo; Pero al malo y al que ama la violencia, su alma los aborrece. Salmo 11:5. Discrimina en cuanto a actuar en su gracia sobre algunos pecadores, dejándolos a otros, como Esaú, a recibir el fruto de su propia conducta pecaminosa.

8. La pregunta que Pablo mismo anticipó, versículo 14, indica que lo escrito arriba es el sentido de Pablo en Ro. 9. Algunos lectores acusarían a Dios de injusticia. Podrían hacer así sólo si la idea de Pablo indicaba lo mismo. Sin lugar a dudas, Pablo enseña en este capítulo que la salvación de algunos se debe exclusivamente a la decisión eterna divina, y que ni así hay injusticia en Dios.

9. Lo que sigue en el capítulo 9 no hace sino confirmar esta verdad de una manera y otra. Léalo y medítelo. Sin duda, este capítulo asusta, pero a la vez nos hace reconocer que nuestro destino está en las manos de este Dios, Dios único, el mismo que también nos dice en amor, El que invocare el nombre del Señor será salvo. La cuestión no es una de paralizarnos asustados, sino de reconocer que Dios es el autor de la salvación, se deleita en mostrar misericordia, y envió ya a su Hijo para ser el Salvador de pecadores, y, reconociendo todo esto y mucho más de la misma naturaleza, presentar plegaria ante el trono de la gracia. El que a mi viene, no le echo fuera, dijo Cristo. Comprender que la salvación de uno está en las manos de Dios obliga a buscarla de Él. Nada ganamos rechazando esta verdad como si fuera mejor creer el engaño de pensar que la decisión es de uno. Que no nos consideremos más sabios que Dios en cuanto a la mejor manera de persuadir a los pecadores a suplicar de Dios misericordia. En cuanto logremos persuadirles que ellos no pueden hacer nada para salvarse, habremos avanzados en llevarlos a Cristo.

 

Romanos 8:28-30

1. Como escribí arriba, el capítulo 8 es una presentación consoladora de la seguridad del creyente en Cristo. Estos versículos forma uno de unos seis argumentos que el apóstol ofrece para reforzar la esperanza del redimido en medio de la lucha diaria con el pecado (capítulo 7). “Sabemos”, escribe el apóstol. No es algo dudoso lo que escribe, y lo que sabemos es que todas las cosas nos ayudan a bien. Pero en seguida identifica quiénes son estos “nos”. Son los que conforme a su propósito son llamados. Vuelve la atención del lector a Dios y a sus propósitos. No quiere que los lectores estén mirando algo subjetivo en ellos mismos.

2. En seguida, Pablo explica esto de ser llamado por Dios. No todos son llamados a la salvación, sino aquellos a quienes Dios, según su propósito, antes conoció. A estos Dios predestinó para que fuesen hechos conforme a Ia imagen de su Hijo... El conocimiento anticipado divino no puede ser un mero conocimiento previo de Dios en cuanto a quiénes creerían en Cristo, porque los capítulos 1-3 de esta misma carta, que son el contexto de este capítulo 8, enseñan que no hay ni uno solo justo, ni uno solo bueno, ni uno solo que busque a Dios. El enfoque de toda la carta es que Dios salva a los pecadores. La fe es un don de Dios (10:17). “Conocer” es la misma idea de Gn. 4:1, Conoció Adán a su mujer Eva..., y de Amós 3:2, A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la tierra. La idea es la de elección. Sobre lsrael solamente Dios puso su amor; con él solamente hizo el pacto.

3. Hay seguridad para el pueblo de Dios precisamente porque su salvación depende de Él, no de ellos. Él es el sujeto de todo. Él conoció, Él predestinó, Él llamó, Él justificó, y Él glorificó. Y los objetos de todos estos verbos que tienen a Dios por sujeto son los mismos. Es una cadena que no se rompe, pues, Dios es el que comienza y el que termina la obra. No se queda ninguno afuera. Todo depende de Él.

4. Por esta razón, nada puede separar a su pueblo del amor de Dios en Cristo, porque en nada depende de decisiones humanas. Que este amor lleva a decisiones humanas a favor de Cristo, no hay duda. Amamos porque Él amó primero. Pero el énfasis, para nuestra seguridad, está en el hecho del amor previo de Dios que inquebrantablemente llevó a que su pueblo le amara. ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? pregunta el apóstol. Dios, responde, es el que justifica, versículo 33. ¿Cómo es que Dios, siendo justo, puede justificar a los impíos?, 4:5. Pues porque Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios..., 8:34. Nuestra salvación depende de Dios desde el conocimiento previo y la predestinación hasta la glorificación. Cristo intercede por "nosotros", versículo 34. No ruega por todo el mundo, sino por los que el Padre le dio (Jn. 17:9). El Espíritu Santo dirige nuestra atención, no a la fe que cada cual supuestamente tiene que tener para que Dios luego le escoja, sino al Dios que predestina para que los escogidos crean, los que por la gracia han creído, Hch. 18:27.

 

Para finalizar quiero sugerir algo, y si no lo ha hecho recientemente, aparte tiempo suficiente como para hacer un estudio sistemático nuevo de toda la doctrina cristiana. Recomiendo como guía rápida de repaso el Sumario de doctrina o el Manual de doctrina, ambos de L. Berkhof. Es frecuente que uno pique por aquí y pique por allá en cuanto a la doctrina, leyendo un poco de esto y un poco de lo otro, pero sin jamás abarcar la totalidad del sistema de verdad que la Biblia contiene. Tal modo de manejar las cosas resulta a menudo en confusión si no en equivocación. Uno dudosamente así encuentre descanso con respecto a las estructuras de la verdad que le permiten colocar en orden los varios elementos que la Biblia presenta. No logra identificar el valor relativo de una cierta doctrina, y menos recibe el impacto de la totalidad de la doctrina. Leamos, hermanos, primero la Biblia como un todo, y luego las obras de los grandes maestros de teología que hay y que ha habido. Leamos los libros que nos dan Biblia, no sólo experiencias, los libros que nos dan interpretaciones comprobadas, no las novedades que a menudo salen como descubrimientos hechos hasta ahora supuestamente.

 

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