La elección divina

Para comenzar, veamos algunas presuposiciones sobre esta doctrina, es decir, aquellos conceptos bíblicos que forman el contexto de la doctrina bíblica de la elección. Siempre será difícil asimilarla si no los tenemos presente. (Foto: Bardya Photography/Flickr)

 

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La elección divina

Para comenzar, veamos algunas presuposiciones sobre esta doctrina, es decir, aquellos conceptos bíblicos que forman el contexto de la doctrina bíblica de la elección. Siempre será difícil asimilarla si no los tenemos presente.

1. Una definición adecuada de la elección. Es la determinación eterna de Dios por la cual Él en su soberano beneplácito, y sin tomar en cuenta ningún mérito o requisito previamente visto en los hombres, eligió a un cierto número de ellos para hacerlos recipientes de su gracia especial para justificación, santificación y vida eterna, y esto en y por medio de Jesucristo.

2. Las Escrituras son la explicación infalible de Dios mismo con respecto a su salvación.

a. La Biblia es la Palabra de Dios, la autoridad absoluta e incuestionable en toda doctrina y práctica. Is. 8:11-14,19,20. No es nada sabio hacer recortes en la verdad de Dios, haciéndolo porque el sentido obvio de ella no va de acuerdo con los conceptos humanos formados por tradición o innatos al hombre ya caído en el pecado. La Biblia enseña verdades aparentemente contradictorias, según el criterio de nuestro entendimiento, verdades irreconciliables para la lógica humana. Entendamos que la lógica humana no es el criterio para resolver qué es cierto y qué no lo es.

b. La correcta interpretación de las Escrituras esencialmente es posible para la persona regenerada y bajo la guía del Espíritu Santo. El Sal. 119 da a entender que el lector puede y debe entender lo que Dios le dice en las Escrituras. A menudo, si un asunto es demasiado complicado y de pronto problemático, algunos buscan escapar diciendo que es mejor no mirarlo y no enseñarlo, que al fin y al cabo es imposible, llegar a conclusiones ciertas. Optan por esta actitud en lugar de luchar con la dificultad o en lugar de someterse a lo que el texto claramente dice.

3. El ser humano es caído en el pecado y totalmente incapacitado para todo bien espiritual. Ro. 8:7,8; 1 Co. 2:14; Jr. 13:23; Ef. 2:1-3; 2 Ti. 2:24-26, Jn. 8:34, Mt. 7:15-20: Jn. 3:3-8; 2 Co. 4:3-6; Eze. 16:4-16; Tito 3:3-8

a. Por lo tanto, no es competente para juzgar ni siquiera con respecto a la sabiduría y la justicia de las decisiones, ni con respecto a las actuaciones divinas. Ro. 11:30-36

b. Por lo tanto, no es competente para hacer nada para salvarse o para merecer que Dios le salve. No existe condición alguna que le recomendara a Dios, Ro. 9:11

4. El Dios que elige es así:

a. Es bondadoso.

- No tuvo el deber de escoger a nadie, pero lo hizo desde antes de la fundación del mundo, escogiendo a muchos, y salvándolos después.

Es de completa confianza. No hará nada que no esté de acuerdo con su propio carácter sabio, justo, fiel y bueno. Ninguno tiene porque vacilar en cuanto a dejar con Él todo lo relacionado con su bienestar y en cuanto a encomendarle su porvenir. Sal. 47:4

b. Es sabio. Tiene sus razones para hacer lo que hace. No es arbitrario; aunque no explica siempre las razones a los hombres. 1 Co. 1:26-31

c. Tiene el derecho de hacer con lo suyo lo que le parece, porque es el Creador y el dueño absoluto de todo. Ro. 11:33-36; 9:21-23

5. Es en unión con Jesucristo que Dios ha elegido para si un pueblo. Ef. 1:3,4. No elige en un vacío, sino en el contexto de la obra del Cordero, quien fue inmolado desde antes del fundamento del mundo, 1 P. 1:18-21

6. Es de gran valor leer las obras de los principales teólogos reformados, para recibir un entendimiento global de la enseñanza bíblica sobre la elección divina. Dios puso maestros en la iglesia, y si una persona bien puede comprender la verdad de Dios mediante el estudio personal de la Biblia solamente; sin embargo, no recibir la ayuda de Dios, disponible en las obras de maestros pasados o presentes, es una forma de soberbia y probablemente de empobrecimiento intelectual y espiritual. Es importante que uno primero estudie la Biblia por su cuenta, pero una vez agotados los recursos personales, debe investigar lo que otros hombres de Dios han escrito sobre los temas y los textos bíblicos.

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