La Biblia dice: “...No te desampararé, ni te dejaré” Heb. 13:5

Esta realidad fue dicha por Aquel cuyas promesas son en Él Sí, y en Él Amén, para personas que les tocaba enfrentar situaciones extremas e imposibles para sus capacidades. Fue dicha para:

1. Israel. Tenía que dejar el desierto para apoderarse de la tierra prometida, pero los enemigos a enfrentar eran naciones físicamente superiores, cuyas conciencias estaban cauterizadas. Israel tenía que esforzarse, tener ánimo, no tener miedo, porque Dios estaría con ellos y NO LOS DEJARÍA, NI LOS DESAMPARARÍA. (Dt. 31:1-7)

2. Josué. Además de enfrentar a los temibles cananeos, tenía que hacer que Israel (acostumbrado a retroceder ante cualquier obstáculo), caminara firme en pro del objetivo divino. Josué tenía que esforzarse, animarse, ser valiente, no temer, no desmayar y meditar de día y de noche la Palabra de Dios para hacer todo lo que ella dice, porque Dios estaría con él y NO LO DEJARÍA, NI LO DESAMPARARÍA. (Dt. 31:7-8; Jos. 1:1-9)

3. Salomón. Siendo muy joven e inexperto, recibió la orden de construir el único lugar donde el hombre se encontraría de forma especial con Dios, el magnífico templo de Jerusalén, figura del celestial. Se le ordenó animarse, esforzarse, no temer ni desmayar, y manos a la obra, porque Dios estaría con él y NO LO DEJARÍA, NI LO DESAMPARARÍA (1 Cr. 28:19-20)

4. Hebreos convertidos al cristianismo. Ellos tenían que enfrentar una multitud de pérdidas como consecuencia de la terrible persecución de los otros hebreos y demás inconversos. Se les ordena en su aparente pobreza a no actuar con avaricia, sino estar contentos con lo que tenían ahora, también no temer lo que les pudiera hacer el hombre, porque el Señor que era su ayudador NO LOS DESAMPARARÍA, NI LOS DEJARÍA (Heb. 13:5-6)

Todo aquel que es llamado a la santidad de Dios tiene que enfrentar enemigos más potentes y realizar tareas muy por encima de sus capacidades, pero Dios les dice: NO TE DESAMPARARÉ, NI TE DEJARÉ.

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