El miedo es uno de los temibles homicidas que mata el deseo y el deber de ir a evangelizar, de decirle la verdad al que está errado, y en sentido general de cumplir cabalmente la voluntad al Señor. (Miedo de sufrir, de ser maltrato o rechazado o de perder el favor del mundo, miedo a ser avergonzado, etc). No es la valentía la que doblega el miedo, pues muchos falsos son valientes y han hecho mucho mal. Es el amor, pues el amor echa fuera el temor, pero no cualquier amor, solo el amor de Dios. (Jn. 12:42-43; Pr. 29:25; Mt. 23:15; 1 Jn. 4:7-21; 1 Co. 13)

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