Mas todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas; porque la luz es lo que manifiesta todo. Por lo cual dice: Despierta tu que duermes, y levántate de los muertos, y te alumbrará Cristo. Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabiosEf. 5:13-15

Introducción
El tema es de suma importancia, pues si Dios nos escogió desde antes de la fundación del mundo, si Cristo derramó su vida para reconciliarnos con Dios, si el Espíritu Santo nos creó de nuevo aplicando la salvación alcanzada por Cristo en nuestro favor, entonces tenemos que mostrar las evidencias de la presencia de Dios en nuestras vidas, andando como sabios. Sabios en nuestro relación con Dios, con la familia, con la iglesia y con el prójimo.


A. Andando como sabios en nuestro relación con Dios

1. Para poder ser sabios en esta área es necesario asimilar la posición nuestra delante de Dios. Miremos:

a. Ya nos somo de nosostros mismos.Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios” “Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 Co. 6:20; 1 P. 1:18-19) Desde el momento en que Dios aplicó la obra hecha por Cristo fuimos rescatados de las tinieblas y dejamos de ser esclavos del pecado, del mundo y de Satanás. Ahora nuestra obediencia debe ser absolutamente rendida a Dios (Padre, Hijo y Espíritu Santo) Nuestros gustos o los gustos de los demás tienen que ser evaluados a la luz de las Escrituras, si ellos no concuerdan con lo que Dios dice se deben desechar, independiente de las consecuencias que vengan. Todo cristiano debe decir con Pablo: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gál. 2:20)

b. Ya somos hijos de Dios. Ahora somos hermanos del Señor Jesucristo y coherederos juntamente con Él, pero desde el momento en que fuimos adoptados como hijos de Dios no solo se nos dio el honor de tener tal título, se nos dio la capacidad de actuar como hijos de Dios. Decir que somos hijos de Dios es entonces vivir conforme a la nueva simiente colocada por Dios. Juan dice: “Mas a todos los que le recibieron, los que creen en su Nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios” “todo el que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios” (Jn. 1:12-13; 1 Jn. 3:8)

c. Somos sacerdotes del Dios altísimo. Los sacerdotes se presentaban delante de Dios intercediendo por el pueblo, pero además tenían la obligación de instruir al pueblo con la palabra de Dios. Ellos vivían enteramente para agradarle al Señor sirviéndole. Ese es nuestro oficio, por ello Pedro dice: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anuncies las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 P. 2:9)

d. Somos reyes del Dios altísimo.Y de Jesucristo Testigo Fiel, el primogénito de muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a Él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén” (Ap. 1:6) Ser reyes, antes que un título con trono, corona y cetro, los reyes son los encargados de gobernar, de suministrar real bienestar a todos los que son dejados a su cargo, teniendo presente que deben rendirle cuentas a aquel que los colocó como gobernantes. Lógicamente el tipo de gobierno que los reyes del Dios Altísimo ejercen, difiere mucho del de los reyes del mundo, Jesús dice: “Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mt. 20:25-28)

e. Somos embajadores.Somos embajadores en nombre de Cristo, como si rogase por medio de nosotros os rogamos en nombre de Cristo: reconciliaos con Dios” (2 Co. 5:20) Un embajador representa en otro país los intereses de la nación a la que pertenece. Nosotros ya no somos más de este mundo, pertenecemos a la Israel celestial, por tanto nuestra estadía temporal en esta tierra no es para buscar satisfacer los intereses de este mundo, sino los de nuestra patria a la que seremos recogidos un día para estar para siempre al lado de nuestro Rey.

Reflexión
Después de recordar nuestra nueva posición delante del Creador (siervos, hijos, sacerdotes, reyes, embajadores) ¿será posible que alguien que se identifique como cristiano continúe viviendo para sí? Pablo dijo: “Pero lejos esté de gloriarme, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por quien el mundo me es crucificado a mí, y yo al mundo” (Gál. 6:14)

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