"Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios" Hebreos 13:4.

Introducción
Una de las señales más visibles de una sociedad en decadencia es cuando el valor santo que Dios da al matrimonio se pierde y es sustituido por el degenero sexual hasta convertirse en algo "normal". Al leer las historias del diluvio, de Sodoma y Gomorra, y la de los moradores de la tierra de Canaán, vemos que una de las cosas en común era la perversidad en lo sexual (Gn. 6:1-5; 19:1-38; Lv. 18 y 20) Esto que es "normal", motivo de diversión, de chiste, de fuente de poder, fama y riqueza, es motivo de despertar la inmensa ira de Dios, es una señal de la proximidad del horrendo juicio de Dios, como aconteció en los casos anteriores y como acontecerá cuando Cristo regrese (Mt. 24:37-39; Lc. 17:26-30) ¿Qué valor le estamos dando al matrimonio? ¿Qué valor tiene para nosotros la pureza sexual? ¿Qué tanto estamos luchando contra todo aquello que trata de afectar la santidad del matrimonio?

A. El matrimonio es de altísimo valor porque fue creado por el Dios tres veces santo. Esto debería ser más que suficiente para valorarlo, para tener cuidado en la forma como lo tratamos y para buscar conocer cada vez más lo que el Señor dice al respecto. Dios hizo el matrimonio con varios propósitos, entre ellos la felicidad de la pareja (Gn. 2:22-24; Pr. 5:15-19), la búsqueda de una descendencia para Dios (Mal. 2:15), medio de protección para los hijos (Dt. 6:4-7; Ef. 6:4) y figura de la relación entre Cristo y su iglesia (Ef. 5:22-33), entre otras cosas. La cualidad de una sociedad se mide por la calidad de las familias que la componen.

B. Prácticas que despiertan la ira de Dios porque atentan contra el matrimonio.

1. Inmoralidad sexual.

a. Relaciones sexuales antes del matrimonio y convivencia sin casarse. La única relación sexual santa es aquella que se realiza luego del casamiento legalmente establecido. La voluntad de Dios es que todo ser humano se preserve puro. Si bien una pareja que ha tomado la determinación de convivir juntos, ya no se deben separar, estos deben colocar todo el empeño en legalizar la relación, no es una opción, es una obligación. 1 Co. 7:2,9.

b. Relaciones con personas del mismo sexo. Las Escrituras afirman que cuando las personas lo abandonan para seguir la idolatría, Dios los entrega a paciones vergonzosas como estas, para que hagan lo que no conviene y sufran la retribución de su maldad. La creciente aprobación de los matrimonios entre personas del mismo sexo en el mundo entero y que se presenta como sinónimo de adelanto y de desarrollo de la sociedad, es más bien la señal evidente de su degradación y proximidad del juicio de Dios. Ro. 1:18-32.

c. Relaciones con otras personas fuera del matrimonio. Esta es una de las prácticas que más desangra, más destruye a las personas. Ha producido muertes, destrucción definitiva de familias. Si la relación continua, la desconfianza, los celos, la perdida de afecto, la tristeza y otros dolores se convierten en parásitos dolorosos difíciles de erradicar. Pr. 6:33-7:27.

d. Aberraciones sexuales dentro del hogar. Hay personas que creen que por estar casados pueden darle rienda suelta a la carnalidad y convierten la sexualidad dentro del hogar en un degenero mundano. 1 Ts. 4:3-8.

e. Deseos impuros. Las miradas con deseo hacia las personas del otro sexo son tan condenables por Dios como la misma práctica. Seguramente muchas personas están en este momento en el infierno, no porque fueron físicamente infieles a su conyugue pero sí porque no podían mirar una persona del otro sexo sin codiciarla. Las prácticas físicas comienzan con darle cabida a los deseos impuros. Aquí también debemos incluir el uso de la pornografía, la cual se está viendo cada día con más "normalidad" y con menos restricción en la TV, Internet, diarios, revistas de libre circulación, material de venta, etc. Mt. 5:27-30.

f. Uso de palabras que envuelven la inmoralidad sexual. El uso de chistes vulgares de doble sentido, uso de conversaciones donde se degrada y se pervierte la sexualidad es tan destructivo como la práctica inmoral. Ef. 5:3-7.

g. El uso de prendas de vestir que estimulen la inmoralidad en otra persona. Es verdad que Dios condena a la persona que mira con deseo sexual a otra, pero la persona que no se sabe vestir, y que con lo que usa despierta la codicia sexual en otro, es tan responsable como el adultero. La mujer que por su inclinación de verse bonita olvida la modestia termina siendo dominada por la vanidad y, queriendo o no, resulta vistiéndose vulgarmente y siendo un instrumento de perdición. A esto hay que adicionar que existen esposos y padres que no solo no se preocupan como la esposa y las hijas se vistan, sino que desean que ellas se vistan provocativas para mostrarlas, para sentirse orgullosos de lo que poseen. Este tipo de esposos y padres por lo general tienen el concepto de que si un hombre las llega a mirar con deseo sexual, el problema no es de la mujer por vestirse de esa forma sino del hombre por mirarla con morbosidad. Pero este no es un problema de las mujeres solamente, cada día salen prendas para realzar en el hombre la sensualidad delante de las mujeres. 1 Ti. 2:9; Lc. 17:1-2.

h. EL divorcio. Es verdad que Dios dice que en caso de adulterio la persona tiene el derecho de divorciarse, pero es que la mayoría de los divorcios que están ocurriendo no son necesariamente por este pecado, puede ser porque las personas no calcularon el costo de las implicaciones matrimoniales. No se casaron por amor sino por pasión, o por algún otro tipo de conveniencia, por egoísmo. Por ello cuando la persona enfrenta la realidad del matrimonio se ve estrellándose contra el muro, y es ahí que prefiere abandonar la corrida. También puede ser porque su conyugue ya no tiene la misma belleza que tenía cuando la conoció o porque no llenó las expectativas que esperaba. Su insatisfacción y su codicia lo llevan a desear otro tipo de persona y le alimenta la supuesta necesidad de la separación. Lc. 19:1-11; Mal. 2:14-16.

2. Doctrinas o filosofías que se opongan al casamiento. Estas pueden ir desde la idea de que "es mejor vivir así que casarse", hasta doctrinas que hacen parte de los dogmas de una religión, como por ejemplo la de la iglesia católica romana que exige a todo aquel que quiera ser clérigo o monja no casarse. Este tipo de prácticas son consideradas por la Biblia como doctrinas satánicas. 1 Ti. 4:1-3.

3. Desobediencia en las órdenes de Dios para cada miembro del casamiento. Dios ordenó que la esposa se sujete en todo a su esposo como la iglesia está sujeta a Cristo. También ordenó que el hombre ame a su esposa como Cristo amó a su iglesia. Cuando cada miembro cumple la responsabilidad asignada el mundo puede ver en ese hogar la relación entre Cristo y su iglesia. Cuando la mujer se revela y quiere tomar la posición del hombre es lo mismo que ver a la iglesia presentándose como si fuera Cristo. Si el hombre no coloca en práctica el amor que Cristo manifestó a su iglesia termina pareciéndose al Enemigo que solo desea esclavizar y que los demás le sirvan. Ef. 5:21-33.

C. Respuesta de Dios a los ataques contra el matrimonio. El versículo inicial afirma que Dios juzgará al que deshonre y manche el matrimonio. Desde Génesis hasta Apocalipsis el Señor decreta la condenación eterna al que atenta contra el sagrado matrimonio que él instituyó. 1 Co. 6:8-20; Ap. 21:8.


D. Todos debemos examinar profundamente lo que hemos hecho del matrimonio. El arrepentimiento genuino por lo que hicimos contra el matrimonio y la búsqueda de Dios para reformar lo que no está cierto, es una prioridad y necesidad urgente en nuestras vidas. 2 Co. 13:5; Ro. 12:1; 2 Ti. 2:22; 1 P. 2:11.

Conclusión
"Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo, y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios" 1 Co. 6:20.


 

 

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