La sexualidad - 4 

Lo que Dios está haciendo para que salgamos de la inmoralidad sexual (Foto: frankieleon/Flickr)


Toda la obra perfecta de Salvación que Jesús realizó mediante su vida, muerte y resurrección en favor de los suyos, está siendo aplicada a cada uno de ellos. Cuando Dios hace esto, por medio del Espíritu Santo y su Santa Palabra, la persona es unida a Jesús; pasa de muerte a vida, es nacida de nuevo. “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia,” Efesios 2:1-2. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” 2 Corintios 5:17

Como consecuencia del nuevo nacimiento, Dios produce el arrepentimiento en ellos. Por obra del Espíritu Santo, los nacidos de nuevo comprenden la repugnancia del pecado, lo odioso que es para Dios; por tanto, experimentan vergüenza y dolor por los pecados cometidos. No es un simple remordimiento, es dolor por haber ofendido al Dios santo de Israel. “Contra ti, contra ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos…” Salmos 51:4 “…Y saliendo fuera, lloró amargamente.” Mateo 26:75

Cuando la persona experimenta el arrepentimiento verdadero, esa persona es convertida por el Padre celestial a Jesús. Es conducida a los pies de Cristo confesando su iniquidad. A esa persona arrepentida que el Padre conduce a Jesús, el Salvador la perdona y la limpia. Aunque la persona haya cometido las peores ofensas contra Dios, por ser llevado a Jesús, el perdón es real y la limpieza con la sangre que el Salvador derramó en la cruz es definitiva. “Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.” Isaías 1:18 “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera.” Juan 6:37 “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” 1 Juan 1:9. “¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” Hebreos 9:14

Dios promete perfeccionar a todo aquel que saca del camino ancho, colocándolo en el camino estrecho. “estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo;” Filipenses 1:6

Dios conduce a la persona a comprender que su cuerpo es templo del Espíritu Santo y que no es casa de fornicación. Cuando la persona aún no conoce a Dios es un templo en ruinas, es semejante a un templo de la antigüedad donde se practicaba la inmoralidad sexual para rendir culto a sus dioses. Pero cuando Dios aplica la salvación realizada por Cristo por medio del nuevo nacimiento, tal persona se convierte en el templo del Santo de Israel. “Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca. ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” 1 Corintios 6:18-19

Dios trabaja para que la persona pueda vencer la tentación de mirar con codicia sexual. La persona sin Dios no ve pecaminoso ni peligroso mirar con deseo sexual. No ponen ningún freno. Pero el que está unido a Cristo, enseñado por Dios, sabe que mirar con deseo sexual es la misma cosa que adulterar, por eso, guiado por Dios mismo, clama a Él para poder mirar con pureza. “… cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno. Y si tu mano te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno.” Mateo 5:28-30

Dios trabaja para mudar el lenguaje. La persona sin Dios, debido a su corazón perverso y engañoso, se burla de la sexualidad con su boca, inventa chistes morbosos, usa palabras inmorales con toda naturalidad. Pero el que está en Cristo aprende de Dios que la sexualidad es algo santo, por tanto, clama a Dios para que le de pureza de labios, para que sus palabras sean libres de toda inmoralidad. “Pero fornicación y toda inmundicia, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a los santos; ni palabra deshonesta, ni necedades, ni truhanerías, que no convienen, sino antes bien acciones de gracias. Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idolatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios.” Efesios 5:3-5

Dios trabaja para quitar de la persona la forma sensual de vestir. La persona que no tiene a Dios, por la vanidad, se quiere mostrar atractiva, quiere ser deseada por los otros, por eso generalmente sus ropas, en especial las mujeres, son para despertar interés sexual en otros. No se preocupan, y hasta les agrada, si las personas están pecando cuando las están mirando con codicia. Mas la persona que es sacada de las tinieblas aprende que su cuerpo no es una casa de prostitución para despertar deseos impuros en otros, sino el templo del Dios viviente, por tanto, no quiere con su forma de vestir ser piedra de tropiezo para otros. “Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia;” 1 Timoteo 2:9a

Dios trabaja para que la persona huya de las pasiones. La persona que no tiene a Dios no huye de las pasiones, antes las alimenta, las busca. Pero, Dios enseña a los suyos a que, aunque ya sean hijos de Dios, no tienen solo el nuevo hombre, también continúan con el viejo hombre, por eso cuando se presente la tentación, sea en la vida pública o privada, es necesario huir para no entrar en la tentación y sufrir las consecuencias. “Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor.” 2 Timoteo 2:22

Ejemplos de personas inmorales sexualmente que fueron salvadas

Rahab. Esta mujer fue prostituta en Jericó. Escuchó la Palabra de Dios, especialmente la historia de Israel en Egipto y en el desierto, y por pura gracia Dios le dio vida nueva. La Biblia no registra su arrepentimiento y conversión, pero sí los frutos al dar refugio a los espías israelitas. Ella llegó a ser parte del árbol genealógico del Mesías. “Por la fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los desobedientes, habiendo recibido a los espías en paz.” Hebreos 11:31 (Josué 2 y 6; mateo 1:5)
La mujer samaritana. Ella fue una mujer adúltera de la región de Samaria. Recibió vida nueva en el dialogo con Jesús, Juan 4

La mujer pecadora que entró en la casa de Simón el fariseo. El término pecadora fue una expresión de la época de Jesús para referirse a una prostituta. Durante su vida vivió en grande degenero, pero Dios en su misericordia la hizo nacer de nuevo, por eso ella arrepentida, en grande desespero por el peso de su maldad fue a Jesús, y Él le dice: “…Tus pecados te son perdonados… tu fe te ha salvado, ve en paz.” Lucas 7:48-50

Algunos adúlteros y homosexuales de Corinto. Algunas personas convertidas en aquella ciudad, antes fueron terriblemente inmorales, pero por Cristo haber dado su vida por ellas, Dios hizo de ellas unas nuevas criaturas. “¿No sabéis que los injustos no heredaran el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idolatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los estafadores, heredaran el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.” 1 Corintios 6:9-11

Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,” Hechos 3:19

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