¿Te gusta que te mientan?

Sabroso es al hombre el pan de mentira; Pero después su boca será llena de cascajo. Pr. 20:17 (Foto: NicolettaAntonini/Flickr)

 

 

 

“¿Te gusta que te mientan?”

Seguramente la respuesta rápida es: “¡No! De Ninguna manera” Si es así, entonces,
¿por qué nos enojamos cuando nos dicen la verdad?

Con toda honestidad tenemos que reconocer que humanamente gustamos más de aquello que nos dice cosas que a nuestra carne le gusta oír, aunque esto pueda terminar en un completo desastre, y sentimos rechazo para con lo que nos coloca los “puntos sobre la ies” Dios dice que esto es absolutamente cierto: “Sabroso es al hombre el pan de mentira; Pero después su boca será llena de cascajo.” (Pr. 20:17)

La razón por la que al ser humano le gusta la mentira, es porque la mentira, en su gama de multitud de formas, aunque destructiva, es más atractiva que la verdad. Miremos un ejemplo cotidiano: ¿no es verdad que cuando pensamos o estamos haciendo lo malo, nos sentimos cómodos y atraídos con aquel que nos coloca el brazo en el hombro y nos dice cosas que no nos acusan, que no nos hacen sentir malos o tan malos, que nos ayudan a justificar y a permanecer en el error, y que hasta nos ayudan en la ilusión de que el final será de éxito? ¿Pero qué pasa con el que nos dice la verdad? A ese no queremos verlo, no nos queremos encontrar con él, y menos escucharlo, lo vemos inconveniente, nos daña el día cuando se hace presente. De pronto antes, en algún momento hasta de buena gana lo escuchamos, pero ahora, cuando nos muestra como en un espejo la perversidad de la cual no queremos apartarnos, queremos cortarle la cabeza, pues su presencia y sus palabras nos fastidian. ¿Estoy errado? Lea, por favor 1 R. 22

Si a los seres humanos no nos gustara que nos mintieran, ¿por qué los falsos profetas han tenido, tienen y tendrán “éxito” hasta la venida de Cristo, atrayendo multitudes, en tanto que los verdaderos han, son y serán repudiados, difamados, perseguidos y hasta asesinados? Si todas las personas examinaran con la Palabra de Dios, que es la Verdad (Jn. 17:17) lo que enseñan las diferentes religiones podrían notar que el cristianismo puro es escaso y que muy pocos son los que muestran los rasgos distintivos de un verdadero cristiano.

Pero quizá protestes: “pero está generalizando… no creo que a los verdaderos cristianos nos parezca más atractiva la mentira que la verdad” ¿Estás seguro? ¿Recuerdas a Adán y a Eva? Ellos no tenían pecado, conocían la verdad sobre lo que les acontecería si comían del árbol de la ciencia del bien y del mal. Luego, Eva escuchó el argumento falso de Satanás, y con todo y sin pecado, recuerdas, sin pecado, ¿cuál argumento les pareció más atractivo, más seductor, más conveniente y que finalmente siguieron? Desecharon de plano la verdad y abrazaron a ojo cerrado la mentira. Ahora, ¿recuerdas cuando Jesús dijo que en el momento de ser preso todos lo abandonarían y Pedro dijo que aunque todos lo hicieran él no lo haría? Jesucristo le estaba diciendo la verdad, pero aceptarla, para Pedro, sería reconocer que era cobarde, por ello sin meditarlo aceptó la mentira que su viejo corazón perverso y engañoso le estaba indicando, pues esto lo hacía ver como un hombre valiente que amaba a Jesús más que a su propia vida. Las iglesias de Galacia fueron seducidas por la mentira, la iglesia en corinto aceptó en su seno a falsos apóstoles como si fueran verdaderos.

Debemos repudiar la mentira, pero no podemos ser hipócritas en decir que ella no es capaz de seducirnos. De ahí que para no caer en sus garras tenemos que estar unidos a Aquel que descendió del cielo para deshacer todas las obras del maligno, estar unidos a Jesús, pero vestidos con toda la armadura de Dios, orando y velando para no entrar en tentación, porque aunque el espíritu está dispuesto, la carne es débil. Solo así, podremos ver que: “Es mejor reprensión manifiesta, que amor oculto.” Y que “Fieles son las heridas del que ama; pero inoportunos los besos del que aborrece.” (Pr. 27:5-6)

 

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