Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salva de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados” Santiago 5:19-20

A. Lo que no dice:
Este pasaje no está diciendo que el Señor cubrirá los pecados de la persona que hace volver a otro del mal camino. Es importante aclarar esto porque muchos hacen cosas perversas y piensan que podrán alejar la ira de Dios haciendo algo a favor de otros. Hay que aclarar que la Biblia dice que cada pecado, de manera individual, requiere de arrepentimiento y conversión genuina. Para lograr perdón, la persona debe humillarse sinceramente delante del Señor y confesar sus pecados, solo así será limpiado con la sangre de Cristo: no existe otra fuente de perdón y limpieza. Vea 1 Jn. 1:1-9; Heb. 9:14

B. Lo que dice:
1. Dice que no debemos ser indiferentes, como si el pecado del otro no fuera también nuestro problema. Todo hijo de Dios es puesto como atalaya para los otros, a fin de advertir del peligro. Todo atalaya debe saber que durante la tentación la persona queda como ciega: solo ve las supuestas ventajas o aparentes beneficios, y no las consecuencias funestas de su actuar. El que no está siendo tentado debe actuar, aun corriendo el riesgo de ser rechazado, como ocurrirá con regularidad.

Si el que sirve de atalaya cumple con su tarea de advertir (buscando con toda lealtad a Dios que la otra persona se reconcilie con el Señor), este quedará libre de la sangre del que se desvía, sea que haya arrepentimiento o no. Ver que alguien se desvía y no hacer algo es indolencia, es de manera directa o indirecta contribuir con la muerte del tentado, es ser homicida. Leer Ez. 3:16-21; Pr. 24:11-12

2. Dice que no se debe apoyar la desviación del otro. Esto ocurre especialmente cuando uno de los conyugues decide pecar (por alguna supuesta conveniencia), y el otro prefiere callar, o lo que es peor, decide apoyar a su conyugue en su camino errado. Leer Hch. 5:1-11

3. Dice que a la persona que se vuelve de su mal camino sus pecados le son cubiertos. Si la persona que está desviada escucha la exhortación y Dios le hace arrepentir, sus pecados le son perdonados y limpiados, su espíritu es renovado y abandona así su mal camino. Leer Pr. 28:13; Is. 1:18; Sal. 51; Sal. 32:1-5

Conclusión. “El que reprende al hombre, hallará después mayor gracia que el que lisonjea con la lengua” Pr. 28:23

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