Nahum (Compasivo o consolación)

Nombre del libro y autor
El libro lleva el nombre del siervo de Dios que fue inspirado por el Espíritu Santo para escribirlo. No se tiene datos de Nahum, ni se sabe con certeza la ubicación de Elcos, el lugar de donde era originario el profeta. Por los datos que presenta sobre la caída de Tebas, capital del sur de Egipto (año 663 a. C. según los historiadores) y la futura caída de Nínive (año 612 a.C. según los historiadores), se puede decir que él profetizó durante el reinado de Manasés, tiempo en que el reino de Israel del norte ya había desaparecido, porque había sido llevado cautivo por los Asirios.

 

Tema
El libro, en sentido general, habla sobre la realidad del castigo que Dios derrama sobre sus enemigos. En el primer capítulo manifiesta que si bien Dios es tardo para la ira, Él es celoso y vengador. Que la venganza contra Sus enemigos es una realidad, y que cuando ésta sea ejecutada no necesitará derramarla dos veces, pero al mismo tiempo muestra su ternura para con los suyos. En los capítulos 2 y 3 anuncia tal venganza sobre uno de los peores y más crueles enemigos de Israel, los asirios, representados específicamente por su capital Nínive. Aproximadamente 100 años atrás los habitantes de esta ciudad, ante la predicación de Jonás, el Señor manifestó su gracia y fueron salvos por Dios, pero luego se levantaron otras generaciones, las cuales volvieron a su maldad, a tal punto que llenaron la copa de la ira de Dios y por tanto recibirían el justo juicio de Dios.


Los enemigos del pueblo de Dios


Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestesEf. 6:12

Introducción
Un recién convertido, sintiendo el deseo de servir al Señor, pero desconociendo el poder de las tinieblas creía que podía, con su inteligencia y arrojo, convencer a personas que niegan la divinidad de Cristo. Pero luego de enfrentar a uno de ellos, le vino a la mente un pensamiento extremamente fuerte, indomable y persistente. Cuando él afirmaba que Cristo es Dios, su mente le decía “no es Dios”. Todos los días ese pensamiento le taladraba su alma y le hacía sufrir demasiado, y aunque escuchaba en la iglesia sobre la divinidad de Cristo, su mente siempre se recusaba a reconocer dicha verdad, le decía: “No es Dios”. Entonces se propuso a leer detenidamente la Biblia, para encontrar todo el respaldo posible de la divinidad de Cristo, pero cuando lo iba progresivamente encontrando en los libros de la Biblia, la mente siempre decía: “No es Dios”. Él, al ver textos sobre la divinidad del Mesías, y cuando su mente le decía: “No es Dios” con agonía y llorando le decía a su mente: ¡Aquí dice que es Dios, aquí dice que es Dios…! para colmo de males, no se atrevía a decir nada sobre su problema, porque alguna vez en otra duda, lo trataron de incrédulo, así que su sufrimiento era grande. Pero Dios en su misericordia usó su santa Palabra, y poco a poco fue desvaneciendo ese perverso pensamiento, hasta quedar completamente libre de tal maldad. El recién convertido aprendió que si se tratan las cosas espirituales carnalmente, sin duda la golpiza es grande, pero también aprendió que Dios deja que esto acontezca para que luego de terribles palizas la madurez llegue. ¿De dónde venían esos pensamientos? ¿Quiénes son nuestros enemigos y cómo actúan?

A. ¿Quiénes son los enemigos? El ejército del Señor siempre fue atacado por muchos pueblos, tuvieron multitud de batallas contra ellos. Fueron atacados, por los filisteos, amalecitas, amonitas, sirios asirios, caldeos, etíopes, etc. ¿Era esta batalla solo contra estos pueblos? ¿Había alguien o algo detrás de ellos? Sin olvidar la soberanía de Dios en cada acto, no podemos olvidar ni dejar de lado lo que la Biblia nos advierte sobre enemigos invisibles. Miremos entonces los enemigos.

1. Los deseos de la carne. Dios nos dice que todas las cosas les ayudan a bien a los que aman a Dios, algo que los cristianos por la gracia de Dios lo hacemos. Dios dice que ya no somos más esclavos de la carne, porque nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con Cristo y por tanto no practiquemos el pecado (Ro. 8:28; 6:6-14; 1 Jn. 3:8-9) Pero, ¿será que lo anterior quiere decir que ya no pecamos? Si esto es así, ¿por qué el Señor nos exhortaría a vigilar y a orar para no entra en tentación? ¿Por qué se nos ordenaría morir a lo terrenal y a andar en el Espíritu, y no satisfacer los deseos de la carne? (Mt. 26:41; Col. 3; Ro. 8:1) Aunque es cierto que el nacido de nuevo ya no practica el pecado, la razón de vigilar está en que dentro del cristiano se vive una lucha entre la carne y el Espíritu y se nos advierte que la carne posee toda la maldad posible. Miremos lo que posee y aún está dentro de cada cristiano: Adulterio, Fornicación, Inmundicia, Lascivia, Idolatría, Hechicería, Enemistades, Pleitos, Celos, Iras, Contiendas, Disensiones, Herejías, Envidias, Homicidios, Borracheras, Orgías, y cosas semejantes (Gá. 5:16-21) Aunque esa carne ya no es dominante, porque ahora tenemos y nos gobierna la nueva naturaleza en la que está sentada el Espíritu Santo con su fruto (Gá. 5:22-23), si el cristiano deja de velar y orar, ésta se levanta con una o unas de sus perversas armas mencionadas, para hacer pecar al cristiano y derribarlo. Sin importar cuanto haya crecido espiritualmente, la carne siempre estará al asecho, como una fiera para saltar sobre su presa. No olvidemos que los mejores hombres fueron víctimas de la carne cuando dejaron de velar y orar. ¿Cómo olvidar la embriaguez de Noé, las mentiras de Abraham, el adulterio y homicidio de David, el yugo desigual de Josafat, las negaciones de Pedro, la idolatría de Juan al adorar dos veces ángeles, etc.? (Gn. 9:20-21; 12:10-20; 2 S. 11; 2 Cr. 19:1-2; Mt. 26:69-75; Ap. 22:8-9)

2. El mundo. En lo espiritual, el mundo representa el sistema invisible de maldad inventado por el reino de las tinieblas y que se opone a todo lo que Dios dice. Este sistema tiene sus propias normas para manejar todas las esferas de la vida. Tiene normas para los gobiernos, para la familia, para la educación, para la necesidad espiritual, para suplir las necesidades materiales, para la felicidad, etc. No existe una sola área en que el mundo no tenga una norma para tratar de controlarla, claro sus normas pecaminosas son extremamente atractivas y tentadoras para la carne. Pero, ¿de qué nos debemos preocupar si la Biblia dice que Jesús ya venció el mundo? (Jn. 16:33) No debemos olvidar que dentro de nosotros existe la carne o vieja naturaleza, la cual es estimulada por el mundo, es por eso que Dios nos exhorta a no amar el mundo, ni las cosas que están en el mundo, porque si alguno ama el mundo, el amor del Padre no está en él, porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no provienen del Padre, sino del mundo. (1 Jn. 2:15-16) Miremos algunos ejemplos de cómo el mudo ataca al cristiano para que desista de las normas de Dios y siga las suyas.

a. Asuntos económicos. Aunque la Biblia dice que si tenemos que comer y con qué vestirnos nos debemos dar por satisfechos, el mundo le dice al cristiano que sí es lícito preguntarse con preocupación diciéndose, ¿qué comeré, que beberé, qué me pondré? Le dice que si quiere ser feliz sí necesita tener mucho, que no puede dejar de querer tener porque solo los que tienen son felices y vencen. Para ello le brinda toda clase de fórmulas, procurando inclinarlo siempre a que ame el dinero, lo cual es un abrebocas para violar los mandamientos de la ley de Dios. (1 Ti. 6:8-10; Mt. 6:25-33; He. 13:5)

b. Realizaciones personales. Aunque la Biblia dice que de nada le sirve al hombre ganar el mundo entero, que no busquemos la gloria de los hombres y que no nos debemos alabar por la sabiduría, ni el poder, etc. Sino más bien debemos alabarnos de conocer a Dios, el mundo le dice al cristiano que sí tiene que buscar ganar al mundo buscando la fama y el poder si se quiere ver realizado en esta vida. Es por eso que vemos personas dentro del cristianismo que están corriendo por ello, incluso buscando por medio de algún ministerio alcanzar el reconocimiento de los hombres. (Jer. 9:23-24; 45:1-5)

c. Asuntos familiares. Aunque la Biblia dice que es preferible casarse que estarse quemando, que el matrimonio es para toda la vida y que los hijos tienen que ser instruidos y disciplinados. El mundo le indica que no necesita casarse para formar un hogar. Que si tiene un problema con la pareja y no se pueden comprender la solución correcta es el divorcio. Que por nada del mundo se le ocurra disciplinar a sus hijos, eso es en contra de los derechos humanos y lo podría traumatizar. No es casualidad que muchos hogares cristianos no tengan pies ni cabeza. (He. 13:4; 1 Ti. 4:1-3; Mal. 2:14-16)

d. Asuntos espirituales. Aunque la Biblia dice que hay un solo camino para llegar al cielo, Jesús y se nos advierte a no recibir ni en casa a los que se han extraviado de la verdadera de Cristo, el mundo tiene toda una gama de religiones en su camino ancho, religiones para todos los gustos. Para el cristiano le ofrece religiones que pueden parecer verdaderas, incluso con señales y prodigios que hacen que el cristiano dude. Los de las iglesias de Galacia aceptaron judaizantes “cristianos” que los hicieron extraviar de la salvación por pura gracia, los de Corinto recibieron abiertamente a apóstoles de otro Jesús que parecían defensores de la justicia. (2 Jn. 8-11; Gal. 1:6-10; 2 Co. 11:1-15)

3. El enemigo. La Biblia nos dice que este perverso ser ya fue vencido por Cristo en la cruz y que todo aquel que es nacido de nuevo ya no es más su esclavo, y que el diablo no lo toca, es decir no lo posee. Aun así se nos exhorta a que seamos sobrios, y velemos; porque nuestro adversario el diablo anda como león rugiente buscando a quién devorar, también se nos dice que debemos estar vestidos con la armadura de Dios para poder resistirlo. No olvidemos que aunque Pedro era apóstol, fue usado por el enemigo para tratar de impedir la ida de cristo a la cruz. Pablo dice que estaba preocupado con los de Tesalónica pensando que el Tentador los hubiese tentado y que todo el trabajo realizado resultase en vano. No olvidemos que este perverso ser se atrevió a tentar a Jesús, algo que sin duda también lo hace contra nosotros sea lanzando sus dardos de fuego directamente o usando personas para tal propósito. (He. 2:14; Ef. 2:1-2; 1 Jn. 5:18-19; 1 P. 5:8; Ef. 6:10-18; Mt. 16:21-23; 1 Ts. 3:5; Mt. 4:1-11)

B. ¿Cuál es la buena noticia? Ya parte de esta fue expresada en los puntos anteriores, pero deseo que se mire en una batalla real contra la carne, contra el mundo, contra Satanás y sus demonios, y que aunque sí debe estar alerta para evitar sufrir menos en su camino de peregrinaje hacia el cielo, en tal batalla no se encuentra solo, es más, es Dios quien en cada batalla contra sus enemigos le da la victoria, algo que siempre va a acontecer, hasta el día en que termine su peregrinaje y el Señor le lleve a descansar a la herencia que tiene preparada para usted en su reino. Esto es una realidad porque Él prometió hacer su obra en usted hasta el fin y sus promesas son en Él el sí y amén. (Fil. 1:6; 2 Co. 1:20)

Conclusión
Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amóRo. 8:37

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