Miqueas (Quién es un Dios como tú, o quién es como Jehová)


Nombre del libro y autor
El libro lleva el nombre del siervo que Dios inspiró para escribirlo. Miqueas fue originario de Moreset, un pueblo ubicado en la frontera con filistea, de tradición agrícola. El profeta Miqueas, similar a Amós, era un campesino piadoso, usado por el Señor para exhortar a los dos reinos. Su ministerio se desarrolló durante los reinados de Jotam (Jehová es eterno, sincero), Acaz (Sostenido) y Ezequías (Jehová fortalece). Miqueas fue contemporáneo con Isaías y Oseas.


Tema
Al leer las historias de los reyes en mención, encontramos lo siguiente: a) Jotam. Hizo lo recto ante los ojos de Jehová… con todo eso, los lugares no fueron quitados, porque el pueblo sacrificaba aún, y quemaba incienso en los lugares altos. (2 R. 15:34-35) b) Acaz. No hizo lo recto ante los ojos de Jehová su Dios, como David su padre. En lugar de ello, anduvo en los caminos de los reyes de Israel, y aún hizo pasar por fuego a su hijo, según las prácticas abominables de las naciones que Jehová echó delante de los hijos de Israel. (2 R. 16:2-3) c) Ezequías. Hizo lo recto ante los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había hecho David su padre… en Jehová su Dios puso su esperanza… (2 R. 18:3-5) Pero aunque Jotám y Ezequías fueron buenos reyes, los habitantes de Judá y los del reino del norte se habían degenerado considerablemente. No se podía confiar ni de la persona que dormía al lado. Los dos reinos estaban viviendo una terrible descomposición política, social y religiosa (mezcla de cultos). Los gobernantes, tanto civiles como religiosos, eran una completa vergüenza. La figura familiar se había perdido, afectando a las buenas mujeres y a los niños. Como resultado de esto Dios anuncia una vez más el inminente cautiverio, pero también anuncia un futuro glorioso para su pueblo, donde Él perdonaría la maldad, olvidaría el pecado, sepultaría todas las iniquidades, y echaría en el fondo del mar todos los pecados.


Quitando la perpetua alabanza de los niños


A las mujeres de mi pueblo echasteis fuera de la casas que eran su delicia; a sus niños quitasteis mi perpetua alabanzaMiq. 2:9

Introducción
Puedo recordar a cierto niño que le encantaba ir a las reuniones que hacíamos en la Pedrera, pero un día el padre subió hasta donde estábamos reunidos y sacó a la fuerza a su hijo y nunca más lo dejó ir, disque porque ese no era el lugar para él. Otro padre tenía una manera muy curiosa de castigar a sus hijos, cuando no hacían algo bien, no los dejaba ir a las reuniones bíblicas. También en la Pedrera, cuando daba clases bíblicas en la escuela, un día el director, antes de que pudiera entrar al salón, me llamó y me dijo que no podía continuar, porque los padres de familia le habían reclamado el por qué tales enseñanzas. Esto es una pequeña muestra de cómo los adultos interfieren para que sea quitado de los niños la perpetua alabanza.

1. ¿Qué le dijo Dios a Israel con respecto a los niños?

a. Que de todo matrimonio buscaba una descendencia para Él. Cada familia israelita debía comprender que el matrimonio tenía como objetivo, no solo el placer de la pareja, sino que de tal unión salieran hijos que fueran exclusivamente de Dios. (Mal. 2:15)

b. Que cada hijo era una herencia del Señor. Los hijos no eran una carga, eran una bendición enviada por Dios. Pero como toda herencia, dependiendo de cómo sea tratada, se puede aprovechar o perder. (Sal. 127:3)

c. Que todo niño venía a este mundo separado de Dios. Aunque lindos, no eran pequeños angelitos, eran pequeños pecadorcitos, necesitados de la gracia del Señor para ser salvos, necesitados del Mesías en sus corazones. Algo que tenía que tratarse con prioridad. (Sal. 51:5; 58:3)

d. Que era responsabilidad absoluta de los padres instruir a sus hijos en todo tiempo y en todo lugar con la Palabra de Dios. No era un pequeño devocional diario, era un instruir en cada actividad diaria, para que el niño se diera cuenta de su estado delante de Dios, que conociera al Señor y en todo lo tuviera presente, y de esta forma pudiese llegar a glorificar a su Creador, aun en lo más elemental como era comer y beber. (Dt. 6:1-9)

2. ¿Qué hizo Israel? No le dio importancia a la orden de Dios.

a. En el desierto. Los niños solo pudieron ver en sus padres la rebeldía contra Dios, la hipocresía de que agradarían a Dios cuando en la práctica cargaban con sus dioses traídos de Egipto. (Am. 5:25-26)

b. Luego de conquistar la tierra prometida. La generación que Josué entró a Canaán fue una de las mejores, pero no se preocupó por instruir a su descendencia. Y fue tan negligente en esta parte que mire lo que dice la Biblia: “Y el pueblo había servido a Jehová todo el tiempo de Josué, y todo el tiempo de los ancianos que sobrevivieron a Josué… Y toda aquella generación fue reunida a sus padres. Y se levantó después de ellos otra generación que no conocía a Jehová, ni la obra que había hecho por Israel. (Jue. 2:7,9)

c. Época de los jueces. Generación a generación se corrompían aún más. Lo que cada generación de niños veía no era el culto verdadero a Dios, era culto a los demonios. Ni aun los que servían en el tabernáculo, como Elí trabajaron con sus hijos, antes les alimentaron en su maldad. (Leer Jue. 2:19; 1 S. 2:29-30; 3:13)

d. Época de los reyes. Aunque hubo buenos reyes, Israel se llegó a corromper hasta superar en maldad a Sodoma y Gomorra. Lo anterior indica que los padres en cada generación, con muy escasas excepciones, no instruyeron en los caminos del Señor a los niños, antes bien por medio de toda su maldad siempre les sirvieron de piedra de tropiezo, impidiendo la alabanza que todo niño debía darle al Señor. (Ez. 16:46-47)

e. Luego del regreso de la cautividad y época de Cristo. Cualquiera pensaría que el cautiverio les había cambiado, pero vemos que el divorcio se proliferó, y por obvias razones esto afectaba la educación espiritual de los niños, pues la familia original, la establecida por Dios en el jardín del Edén se descompuso. Ya en la época de Cristo, hasta los discípulos tenían un concepto errado de los niños y por ello trataron de impedir que Jesús los tocara, y esta es una forma de quitar la perpetua alabanza de los niños. (Mal. 2:14-15; Mt. 19:13-15)

3. ¿Qué encuentran los niños al llegar al mundo de hoy?

a. Gobiernos aprobando la diversidad de género. Para los niños de hoy ya no solo existe una familia compuesta de papá, mamá e hijos, ahora existe “dos mamás o dos papás”. Es obvio que este tipo de hogares nunca van a orientar a los niños en toda la Escritura, pues el homosexualismo es una aberración condenada por Dios con la pena eterna. Esto es quitar la perpetua alabanza de los niños. (Ro. 1:18-32)

b. Proliferación de religiones Pseudocristianas. El nombre de Jesús se escucha por todo lado, el problema es que el Jesús que la mayoría anuncia no es el de la Biblia, puede parecerse en algo al igual que un billete falso al verdadero. Unos niños son sumergidos en un Jesús que dicen que es Dios, pero que necesita de la ayuda del hombre, de las obras, de los ritos, del purgatorio, etc. Para salvar al hombre; otros son sumergidos en un Jesús que es creado; otros en un mesías que no ha venido; otros en un mesías que aún se revela de forma especial en sueños visiones apariciones, etc. Todo esto quita la perpetua alabanza de los niños. (2 Co. 11:4)

c. Familias fuera de los patrones bíblicos. El incremento de uniones libres, de divorcios, de familias donde no se sabe quién es la cabeza, familias guiadas por todo menos por la Biblia, son un caldo perfecto para no dejar que los niños alaben perpetuamente a su Creador. (1 Ti. 4:1-3)

d. Educación atea. Los niños son inducidos a que todo cuanto existe fue producto de la evolución, que Dios no hizo nada, o que si hizo algo fue solamente crear la célula primitiva y el resto fue por evolución. Todo esto impide que los niños le den la alabanza a Dios. (2 P. 3:5)

e. Hogares cristianos sin compromiso. Celebramos que hay familias realmente comprometidas, que comprenden la importancia de instruir a sus hijos bíblicamente en todas las áreas de su vida, para que ellos alaben perpetuamente a Dios. Pero también la tendencia triste es ver que la preocupación de muchos miembros de las iglesias sanas es el bienestar material e intelectual del hijo. Aunque desean que su hijo sea un santo, lo espiritual está relegado a lo último de la fila, si lo está. Sabemos que lo más importante de nuestros hijos es el área espiritual, pues no hay cosa más terrorífica que saber que nuestros hijos tengan que ir para el infierno, pero aunque escuchamos continuas exhortaciones para trabajar con nuestros hijos, nunca arrancamos, nunca hacemos el esfuerzo, porque hace mucho tiempo dejó de ser la prioridad y porque posiblemente estamos haciendo cosas que nos quitan toda autoridad para actuar. Nuestra negligencia, nuestro mal testimonio, nuestras órdenes dadas a ellos les están robando a los niños la perpetua alabanza y estamos contribuyendo en su perdición.


Conclusión
Aunque nuestros hijos deberían ser para alabanza del Señor, miren en lo que se convierten, para dolor, por no actuar como padres sabios “El que engendra al insensato, para su tristeza lo engendra; y el padre del necio no se alegraráPr. 17:21

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