AMÓS (Carga o llevador de carga)


Nombre del libro y autor
Este libro lleva el nombre de la persona que el Espíritu Santo inspiró como su escritor. Amós nació en una pequeña villa, cerca de Jerusalén, llamada Tecoa. Profetizó en tiempos de Uzías, rey de Judá, y de Jeroboam II, rey de Israel del norte, contemporáneo con los profetas Jonás, Oseas e Isaías. No pertenecía a la familia sacerdotal ni a ninguna escuela de profetas, fue un siervo escogido por Dios dentro del grupo de personas dedicada al campo; trabajaba como pastor de ganado y recolector de higos silvestres. Podríamos comparar a este profeta con un hermano firme y sincero, quien sin ser de los que presiden la iglesia, fue usado por Dios para exhortar sin dobleces a otros, esta condición le facilitó su ministerio cuando fue enviado especialmente al reino del norte, pues cuando el sacerdote Amasías, líder de la religión formada por Jeroboam, trató de frenarlo en su misión diciéndole que se regresara a Judá para ganar su pan, pensando que su sustento dependía de ser profeta, algo común, especialmente entre los profetas falsos, Amós le hace ver que su provisión no dependía de ello. El sacerdote, al escuchar esto debería entender que en verdad Dios había enviado a Amós y que no era un fraude.


Tema

Aunque el libro anuncia castigos por pecados específicos contra Damasco (Siria), Gaza (Filistea), Tiro, Edom, Amón, Moab, Judá (1:1‒2:5), la exhortación mayor fue al reino del norte (2:6‒9:15). El reino del norte en ese momento estaba gozando de una relativa paz y prosperidad económica, pero al mismo tiempo practicaba una maldad extrema, sus conciencias estaban cauterizadas, eran comparados con frutas que ya no están en el árbol, sino en el canastillo, listas para ser comidas (2 R. 14:23-29; Am. 3-4) Dios le recuerda a Israel el privilegio de haber sido el único pueblo escogido, por tanto sería castigado con severidad (a mayor privilegio, mayor responsabilidad). Les recuerda su obstinación, a pesar de los continuos castigos para que se arrepintieran. Les recuerda además que ellos nunca se apartaron de su idolatría, por tanto el justo castigo vendría, sin remedio. Aun a pesar de ello, promete un retorno del cautiverio, diciendo que levantará el tabernáculo caído de David. Este pasaje es usado en el concilio de Jerusalén para justificar la entrada de gentiles a la iglesia del Señor, para indicar que la salvación no era solo para el pueblo judío, por tanto la cautividad no se limitaba solo a lo físico, la verdadera cautividad estaba relacionada con ser esclavos del pecado, del mundo y de Satanás. (Am. 9:11; Hch. 15)

Jeroboam (El pueblo se hace numeroso) y su religión

Id a Be-tel, y prevaricad; aumentad en Gilgal la rebelión, y traed de mañana vuestros sacrificios, y vuestros diezmos cada tres días. Y ofreced sacrificio de alabanza con pan leudado, y proclamad, publicad ofrendas voluntarias, pues que así lo queréis, dice jehová el Señor. Am. 4:4-5


Introducción

Hace muchos años en el municipio de Mitú, departamento de Vaupés, le quise compartir la palabra de Dios a una profesora; ella, casi de inmediato, me dijo que se sentía muy bien siendo católica, que se sentía libre. Su forma de reaccionar cerró la puerta para que le siguiera compartiendo la palabra. La religión católica se auto identifica como cristiana, usa la Biblia, aunque no pasa la vara bíblica; sin embargo, a la gente le gusta, porque se complace con su carne y al mismo tiempo “pueden ir al cielo”. Pero lo que hace la iglesia católica, y muchas otras que se identifican como cristianas y no lo son a la luz del contexto bíblico, no es algo nuevo, es el mismo método que usó Jeroboam y usa cada grupo pseudocristiano para conseguir sus propósitos diabólicos.

1. ¿Quién fue Jeroboam? La Biblia registra a dos reyes con el nombre de Jeroboam, el primero fue el primer rey de Israel del norte, el segundo fue el rey catorceavo del mismo territorio. Para este estudio hablaremos del primero, Jeroboam I, éste fue un israelita perteneciente a la tribu de Efraín, quien por ser activo fue encomendado por el rey Salomón para manejar todos los asuntos en las tribus de José, como consecuencia al desvío espiritual del rey Salomón, Dios, en su soberana voluntad, decidió dividir el reino, dejando una sola tribu para la casa de David; las otras diez tribus las entregaría en manos de Jeroboam. Cuando Dios le habló al respecto por medio del profeta Ahías, le prometió que si él le era fiel a Dios, Dios estaría con él y afirmaría su casa. Después de la muerte de Salomón, las diez tribus del norte eligen a Jeroboam como rey. (2 R. 11:1‒12:24)

2. ¿Qué hizo para afirmar su reino? El centro del culto a Dios ordenado por el Señor fue el templo ubicado en Jerusalén. Todo varón tenía que ir allí, mínimo tres veces al año. Si bien Dios había divido el reino políticamente, su sistema de adoración ordenado en la ley tenía que seguir intacto para los dos reinos; tanto los de Judá como el resto de las tribus. Estos tenían que subir a Jerusalén a adorar fielmente a Dios. Jeroboam, ignorando la promesa del Señor para afirmar su reino, y no teniendo en cuenta para nada la ley, mirando como todo Israel subía a Jerusalén a adorar a Dios, entró en pánico de muerte pensando que esto sería motivo para que todo Israel lo abandonara y se fuera en pos de Roboam rey de Judá. Entonces buscó consejo, no pidiéndolo de los fieles a Dios, sino de otros que tal como él no amaban a Dios. Se inventó una religión con apariencia de piedad, donde para representar a Dios fabrica becerros de oro, algo similar a lo que hizo Arón en el desierto, y los coloca en lugares estratégicos: uno en Betel, que sería el principal santuario, y otro en Dan, al extremo norte; erige altares menores en los lugares altos, nombra sacerdotes del pueblo y no levitas y establece fiestas solemnes en fechas diferentes a las fiestas principales judías, con sacrificios similares a los realizados en Jerusalén. Luego incita al pueblo a no subir a Jerusalén a adorar a Dios, mostrándoles la comodidad de su nueva religión, diciéndoles que esos becerros representan los dioses que los sacaron de Egipto, es decir, que eran Dios mismo. El pueblo, que siempre fue rebelde a Dios, y viendo las comodidades que les ofrecía esta nueva religión, donde aparentemente se adoraba a Dios, la abraza sin el más mínimo temor. (1 R. 12:25-33)

3. ¿Qué hizo Dios? Envío un joven profeta para anunciar el nacimiento de Josías, quien sacrificaría sobre el altar de Betel a los sacerdotes y quemaría huesos de hombres, y para confirmar la profecía dijo que el altar se quebraría y la ceniza se derramaría. El rey, enojado, extiende su mano ordenando detener al profeta, pero Dios le secó la mano y no la pudo enderezar. En el mismo instante, el altar se quebró y la ceniza se derramó. El rey, al verse herido por Dios, le rogó al profeta que pidiera a Dios por él, y el profeta al orar, Dios le restauró la mano a Jeroboam. Pero como acontece con todo aquel que no tiene vida espiritual, que aunque reciba millones de milagros de Dios, no por eso abandona su obstinación, Jeroboam no volvió atrás, el veneno siguió su curso, pero Dios determinó barrer toda la posteridad de la casa de Jeroboam como se barre el estiércol, hasta que no queda nada. (1 R. 13:1‒14:20)

4. ¿Qué aconteció con el pseudo-judaismo fundado por Jeroboam? Aunque Israel, en el reinado del rey Acab, oficializó el culto a Baal y llegó a afectar terriblemente a Israel, este culto fue erradicado por el rey Jehú. No así aconteció con la religión formada por Jeroboam. Ésta fermentó toda la masa, a pesar de las continuas advertencias de Dios por medio de profetas como Elías, Eliseo, Amós y otros fieles siervos de Dios. Esta religión fue creída por los israelitas como verdadera y por ello continuó aún más allá de la época del cautiverio israelita. 2 R. 10; 17:1-23; 23:16-20

5. ¿Qué podemos aplicar de todo lo anterior?

a. Que los intereses carnales enceguecen y pueden conducir al hombre tomar acciones que destruyen su propia vida, la de su familia, y la de muchos más. Lc. 16:19-31

b. Que todo pseudocristianismo le ofrece a la gente lo que ellos en su carnalidad quieren, pero con algo de piedad. 2 Ti. 4:3-4; Mt. 24:24

c. Que cuando se siembra la falsedad, ésta como la levadura no para hasta fermentar toda la masa. 1 Co. 5:6

d. Que los cristianos no debemos participar del ecumenismo. No debemos hacer yugo desigual. 2 Co. 6:14‒7:1; 2 Jn. 9-11

 

Conclusión

Por eso Dios les envía un poder engañoso, para que crean en la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron en la verdad, sino que se complacieron en la injusticia2 Ts. 2:11-12

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