Proverbios (Ser Como)

 

Nombre del libro y autor
En el texto hebreo el nombre completo es “los Proverbios de Salomón”, al igual que en la traducción al griego (LXX). Aunque el título del libro menciona que Salomón es su escritor, como también menciona en Pr. 1:1; 10:1, esto no significa que todo fue escrito por él. Por ejemplo Pr. 25:1 dice que lo que sigue, aunque fue dicho por Salomón, fue copiado por los varones del rey Ezequías, quien vivió aproximadamente 200 años más. El capítulo 30 tiene como autor a Agur (recolector), sabio del que no se tienen más detalles. El capítulo 31 se le atribuye al rey Lemuel (consagrado a Dios), del cual la tradición judía dice que era Salomón. Si lo anteriormente expuesto es así, lo mencionado en este capítulo entonces fue Betsabé la que dio tales consejos al rey.


Tema
En sentido general, Proverbios refleja la sabiduría de Dios para orientar el caminar diario del hombre, en este mundo de maldad. Hace un profundo contraste entre el necio y el sabio, teniendo presente que el necio de Proverbios no es necesariamente una persona con falta de inteligencia, pero si con falta de santidad. Así mismo, el sabio no es necesariamente una persona con alto coeficiente intelectual, pero sí con un profundo temor a Dios, manifestado mediante la obediencia.

 

El joven simple y la adultera. (Leer Pr. 7:6-27)


Fosa profunda es la boca de la mujer extraña; aquel contra el cual Jehová estuviere airado caerá en ellaPr. 22:14

 

Introducción
En mis épocas de estudiante, viajaba en un bus intermunicipal hacia el colegio, donde estudiaba interno. En el trascurso del viaje subió un señor y se encontró con un amigo que hacía mucho tiempo no veía: le preguntó dónde había estado todo ese tiempo. El amigo le respondió: “en la cárcel” El interlocutor quedó en silencio. El recién salido de la cárcel, continuo: “¿Recuerda usted la mujer que yo tenía? Yo salía a trabajar, pero un día estando en el viaje me di cuenta que había olvidado algo importante en mi casa y tuve que regresar. Como yo tenía llaves, abrí la puerta y entré, pero al entrar escuche un ruido raro en la alcoba, y al entrar en ella encontré a mi mujer acostada con un hombre. Como yo estaba armado saque el revólver y los maté a los dos en ese instante, desde aquel día he estado preso”. Hechos trágicos como este acontecen con frecuencia; es verdad que muchas veces no se descubre el adulterio, o si se descubre no todas las veces termina como la historia anterior, pero siempre el adulterio dejará muerte y destrucción, donde quiera que se practique.

 

I. Personajes de la historia

A. El joven simple

1. Significado de la palabra simple. Esta palabra se deriva de la expresión “puertas abiertas”, e indica la ausencia de discernimiento para saber qué guardar o qué eliminar de su mente.

2. Algunas características del hombre simple, en asuntos del adulterio

a. No desconoce que cometer adulterio es pecado. Todos los seres humanos llegamos a esta tierra con la ley escrita en nuestros corazones, por ello aunque muertos espiritualmente, sabemos que el adulterio es una infracción de la ley. El simple no desconoce esto, menos el de la historia, que era un israelita, el cual sin duda había escuchado que Dios ordenó la pena de muerte para el adúltero. (Ro. 2:14-15; Lv. 20:10)

b. Pero aunque puede saber que el adulterio es pecado, no discierne sobre el peligro que corre. Piensa que no va a ser descubierto, que nada pasa, que es a otros a los que les pasa, pero no a él, no tiene facultad para discernir, tampoco quiere pensar en las consecuencias temporales y eternas del adulterio.

c. No le importa el daño que hace a otros, solo reconoce el placer que va a disfrutar. Es como un animal que solo quiere saciar su instinto de macho. Puede ser que el esposo de la adúltera hasta haya sido su amigo, que en muchos momentos lo benefició, pero él no piensa en nada de esto, no piensa en la herida que por el resto de la vida llevará el ofendido, no piensa en la destrucción de una familia, de unos hijos que posiblemente quedarán sin padres.

d. Ve el adulterio como un triunfo y no como una derrota. Si logra el objetivo, se vé a sí mismo como un héroe, se siente grande, más importante que el esposo de la adúltera, se ufana en lugar de avergonzarse.

B. La mujer adúltera

1. Concepto de adultera. La palabra adulterio dicha en el VII mandamiento (Ex. 20:14) describe todo tipo de práctica sexual contraria a la establecida por Dios, pero en este caso la palabra se usa más específicamente para describir a una mujer que es infiel a su esposo.

2. Características de la mujer adúltera

a. Sabe que el adulterio es pecado y que trae consecuencias funestas. Al igual que el simple, conoce la ilegalidad del adulterio. En el caso de la historia, por ser ella israelita sabía que si era encontrada en adulterio encontraría la muerte, posiblemente sabía sobre la ley de los celos, y que mediante esta ley podría ser descubierta y sufrir una plaga que le deformaría por completo su cuerpo, que le privaría de tener hijos y que traería vergüenza total delante de toda la población por el resto de su vida. (Nm. 5:11-31)

b. Delante de su esposo aparenta ser buena esposa, pero en su ausencia es otra. El dicho expresa: “el último que sabe es su marido” La astucia de la adúltera es camuflar delante de su esposo la infidelidad. Si algún rumor llega a los oídos del esposo, ella lo sabe manejar, sabe “limpiar su boca y decir que no ha hecho nada malo” (Pr. 30:20)

c. No le importa el daño que hace. Ella solo quiere saciar su lascivia. La prostituta fornica por un pedazo de pan, pero a la adultera no le importa arruinarle la vida a quien sea, puede ser a un simple o a un hombre de valor, no le importa. (Pr. 6:26)

d. No le gusta estar en casa. Como es esclava del adulterio, su casa se convierte en una prisión, por ello sale a buscar su víctima.

e. La adultera de la historia da apariencia de ser piadosa. Esta, al igual que los falsos maestros, usa la ley de Dios como gancho para cometer sus aberraciones. En la ley, cuando se hablaba de las ofrendas de paz, Dios ordenaba que lo ofrecido en sacrificio tuviera que comerse en el mismo día, no se podía dejar para el día siguiente. La adúltera de la historia dice que durante ese día ofreció dicho sacrificio y por tanto era necesario esa misma noche ser consumido. (Lv. 7:11-15)

f. Usa lenguaje y atavío sensual. Las palabras que seguramente controlaba cuando estaba su esposo, y el tipo de adornos que no usaba en su presencia, salen en este momento a relucir. La adultera sabe que la miel en sus labios y la ropa sensual rompen el dominio propio del hombre en su sexualidad. Es por ello que Dios ordena a las mujeres vestirse con pudor, para no servir de piedra de tropiezo, sirviendo como instrumentos para despertar la inmoralidad en el hombre. Dios castiga al hombre que mira con deseo a una mujer, pero también le aplicará el castigo a la mujer en caso de que ella por falta de pudor al vestirse o al hablar estimule al hombre en su iniquidad. (1 Ti. 2:9; Mt. 5:27-32; Lc. 17:1-2)

 

II. Historia

La mujer, en ausencia de su marido, arregla su casa para sus aberraciones, se atavía como una prostituta y sale en las horas de la noche. El joven simple, conocedor de esto se va en busca de ella. Al encontrarse con ella lo rinde y se presenta como una mujer temerosa de Dios invitándolo a comer la ofrenda de paz que había ofrecido en el día y que no podía dejarse para mañana. Luego abiertamente le hace ver las intenciones al manifestarle sobre su alcoba. El joven, que como un pájaro que no ve la trampa sino solo las deliciosas semillas colocadas debajo de la trampa, se deja llevar como oveja al degolladero.

 

III. Resultados

El testigo de la historia dice que el resultado es muerte.

A. Esa muerte, puede ser por la aplicación de la ley mosaica al adulterio. Como ya dijimos antes, la ley solo aceptaba la pena de muerte en caso de ser hallados en el acto. Pero en caso de no ser hallados, Dios hacía que la ley de los celos se llevara a cabo, y en ese caso aunque los adúlteros siguieran vivos, el oprobio era terrible, no solo para la mujer, al hombre nunca le sería borrada su afrenta, y por los celos que el marido de la adúltera experimentaba, no le perdonaría en la hora de la venganza. (Pr. 6:24-35)

B. Especialmente se está hablando de la segunda muerte. A muchas personas en esta tierra no les descubren sus adulterios, y por ello siguen en ese camino de perdición; ningún secreto quedará oculto, todo será sacado a la luz pública, pero cuando ya no exista ningún tipo de arrepentimiento que sea aceptado por el juez del universo. Su destino inmediato será el lago de fuego eterno. (1 Ti. 4:24-25; 1 Co. 6:9-10)

 

IV. Exhortación

A. Hacer viva la palabra de Dios dentro del corazón, para salir de la simpleza. Si el hombre no entiende y no asimila la santidad de la sexualidad, pero al mismo tiempo el poder que tiene la inmoralidad para doblegar aun al más santo, terminará siempre derrotado. (Pr. 6:1-24)

B. No mirar como inofensivos los continuos pensamientos que la carne nos trae al respecto. Continuamente nuestra mente es bombardeada por el viejo hombre, por ello no debemos dejar que ese tipo de pensamientos hagan nido en nuestra mente, debemos llevarlos cautivos a Cristo. (2 Co. 10:5; Fil. 4:8)

C. Desviar la mirada de todo aquello que estimule la inmoralidad sexual. Como mencionamos antes, los hombres somos fácilmente tentados por lo que vemos, por ello el quedarnos contemplando se convierte en un imán que atrae cada segundo con más fuerza. (Pr. 4:25)

D. No mirar las insinuaciones del sexo opuesto como algo inofensivo. Debemos pedirle a Dios que nos ayude a mirar la inmoralidad, venga de donde venga, como Él la mira, y huir de ella sin pensarlo dos veces. (Pr. 5:1-14)

E. Huir, siempre huir. No pensar que soy lo suficientemente espiritual para resistir la tentación si me quedo en el lugar donde ella se me presente. (1 Co. 6:18)

F. Mantener la armadura de Dios puesta, velando y orando. En tanto que estemos en esta tierra, por no ser este nuestro reino, el asedio a pecar estará presente, no solo en asuntos de inmoralidad sexual sino en toda clase de pecado. No olvidar que estamos en una guerra. (Ef. 6:10-18; Mt. 26:41)

 

Conclusión
“Y he hallado más amarga que la muerte a la mujer cuyo corazón es lazos y redes, y sus manos ligaduras. El que agrada a Dios escapará de ella; más el pecador quedará en ella preso” Ec. 7:26

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