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Dios existe, y es muy bueno. Por ser tan bueno es muy exigente; no quiere que suframos por hacer lo malo, ni tampoco que hagamos sufrir a otros.

El problema es que nos gusta lo malo, y además que no nos gusta la ley de Dios. Su ley es buena, pero hemos dicho que al contrario, lo bueno es hacer lo que queramos. Y por esto sufrimos.

Dios nos invita a andar en su ley. ¡Qué buena es! ¿La conoce? Claro que sí la conoce, en parte por lo menos. Haga un repasito. Busque una Biblia y léala en el libro de Éxodo, el capítulo 20 (Busque el libro de Éxodo en el índice).

Sin embargo, sólo saber qué dice la ley no ayuda mucho — si no la obedecemos. Allí está nuestro problema, ¿qué si no nos nace someternos, si por más que sabemos que debemos, sin embargo hacemos el mal de siempre, pues porque así nos gusta y porque así hacen los demás?

¡Grave el problema! Es cosa grave encontrarnos en el camino al infierno y a la vez sentirnos felices, ¡cosa grave encontrarnos cara a cara con un Dios enojado! ¡Grave! Como el ratoncito, sabiendo de la trampa, pero que de todas maneras muerde el queso.

Sí, nos hace falta ayuda. No queremos lo bueno, como debemos. Muchas veces ni queremos conocerlo. Necios, solemos tener pretextos para callar la voz de la conciencia y seguir en lo malo.

¡Hay buenas noticias! Dios no sólo invita a andar en su ley, sino que también ofrece salvarnos de nuestro amor por lo malo. Esto es a la vez una mala noticia, si rechazamos la invitación; así será doble el castigo. Lo que Dios insiste es que vivamos sujetos a Él. Él es Dios; existe y juzga. Quiere nuestro bien, y el único bien es en su ley. Para ayudarnos, envió a Jesucristo, su Hijo eterno, quien vino para pagar lo malo que hemos hecho y para empujarnos a hacer lo bueno. Sin Él y su obra, no lo logramos.

Conozca mejor de lo que hablamos. Coja su Biblia y lea. Para comenzar, lea el Evangelio según San Juan. Es el último de los cuatro evangelios. Búsquelo en el índice de su Biblia. Dios convence con su propia palabra, y la Biblia es su voz, llamando a creer la verdad.

Puede llamarnos y pedirnos una guía, “Primeras Lecciones”, para hacer más fácil su lectura de la Biblia. Ofrecemos también un librito de explicación, “En Pocas Palabras”. No espere llegar a viejo para comenzar a vivir: puede que no llegue hasta allá. Lea cuanto pueda de la Biblia. ¿No sabe leer bien? Pues, busque quien se la lea. Apague el televisor un rato, y escuche la voz le Dios en la Biblia. Así es como Dios nos convence de nuestra culpa ante Él, y también de que Jesucristo es el salvador.

Para terminar, unas preguntas: ¿cuál es su propósito en la vida? ¿Cómo sabe si su manera de vivir es buena o no? ¿Qué hará para pagar lo malo que ha hecho? ¿Será ese pago adecuado y suficiente? Si hoy mismo muriera, ¿cuál sería su situación después? ¿Cómo sabe si lo que cree en cuanto a Dios es cierto? ¿Ha cumplido con el gran mandamiento de amar a Dios con todo su ser y según su voluntad? Si no, ¿qué?


Recuerde que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio. Recapacite y escuche la voz de su conciencia. Escuche la palabra de Dios.

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