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Creemos en la Sola Gloria a Dios

Dios, el Creador, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, es el Dios único. Hace según su voluntad en los cielos y en la tierra. De Él, por Él, y para Él son todas las cosas; a Él sea la gloria por los siglos (Romanos 11:36). Así es que buscamos vivir como debemos vivir, es decir, no para nuestra propia felicidad primero, sino para la honra de Dios en todo.

Lo importante no es nuestra voluntad, sino la venida del Reino de Dios. Debemos andar en sus mandamientos, creer lo que Él nos enseña y amarle con todo el corazón. No buscamos primero ser felices, sino santos, y siendo santos, resultamos felices, porque para esto nos creó Dios. Una sola cosa tiene importancia, y es que Él sea servido según su voluntad revelada en las Escrituras.

El culto a Dios, pues, no es algo para entretenernos en primer lugar, sino algo para honrarle, y debe ser con toda la seriedad que Él exige a la luz de su bondad y majestad. Claro, nos regocijamos en la gloria de Dios, pero nos regocijamos con temblor, ya que Dios tiene, no sólo la primera palabra, sino la última también. El temor de Dios es el principio de la sabiduría.


 

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