Fecha del Sermón:
Referencia Bíblica:
Habacuc 2:4-20
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Notas del Sermón:

 

Una fotografía del corazón

Pastor Jairo Chaur, 31 de mayo de 2015

 

La frase inicial del pasaje central, sobre el orgullo, muestra un contraste marcado con la justicia de la que comienza hablando el capítulo dos de Habacuc. Pero, ¿qué es exactamente el orgullo? Este es el énfasis inicial del sermón. Saben, cualquier cristiano puede sufrir de orgullo, por ejemplo de llevar más años, o de saber más.

El siguiente punto en el sermón se dedica a estudiar los ayes que pronuncia Habucuc, comenzando en el versículo 6. Todos ellos mostrando errores graves que evidencian problemas en nuestra relación con el Señor. Se comparan estos ayes con los que se encuentran en el libro de Isaías, y se realizan cuestionamientos al respecto.

El último de los ayes es en contra de la idolatría, la cual es el contrasentido más grande que puede haber en una criatura del Señor, hecha para adorarle, y en lugar de ello, la criatura prefiere inventarse su propio dios. ¿Cuáles son nuestros ídolos? Quizás el trabajo o la familia. Sean estos ayes un espejo para evaluar nuestra cristiandad.


 

Pasaje central: Habacuc 2:4-20 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

4 He aquí que aquel cuya alma no es recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivirá. 5 Y también, el que es dado al vino es traicionero, hombre soberbio, que no permanecerá; ensanchó como el Seol su alma, y es como la muerte, que no se saciará; antes reunió para sí todas las gentes, y juntó para sí todos los pueblos.

6 ¿No han de levantar todos éstos refrán sobre él, y sarcasmos contra él? Dirán: !!Ay del que multiplicó lo que no era suyo! ¿Hasta cuándo había de acumular sobre sí prenda tras prenda? 7 ¿No se levantarán de repente tus deudores, y se despertarán los que te harán temblar, y serás despojo para ellos? 8 Por cuanto tú has despojado a muchas naciones, todos los otros pueblos te despojarán, a causa de la sangre de los hombres, y de los robos de la tierra, de las ciudades y de todos los que habitan en ellas.

9 ¡Ay del que codicia injusta ganancia para su casa, para poner en alto su nido, para escaparse del poder del mal! 10 Tomaste consejo vergonzoso para tu casa, asolaste muchos pueblos, y has pecado contra tu vida. 11 Porque la piedra clamará desde el muro, y la tabla del enmaderado le responderá.

12 ¡Ay del que edifica la ciudad con sangre, y del que funda una ciudad con iniquidad! 13 ¿No es esto de Jehová de los ejércitos? Los pueblos, pues, trabajarán para el fuego, y las naciones se fatigarán en vano. 14 Porque la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren el mar.

15 ¡Ay del que da de beber a su prójimo! ¡Ay de ti, que le acercas tu hiel, y le embriagas para mirar su desnudez! 16 Te has llenado de deshonra más que de honra; bebe tú también, y serás descubierto; el cáliz de la mano derecha de Jehová vendrá hasta ti, y vómito de afrenta sobre tu gloria. 17 Porque la rapiña del Líbano caerá sobre ti, y la destrucción de las fieras te quebrantará, a causa de la sangre de los hombres, y del robo de la tierra, de las ciudades y de todos los que en ellas habitaban.

18 ¿De qué sirve la escultura que esculpió el que la hizo? ¿la estatua de fundición que enseña mentira, para que haciendo imágenes mudas confíe el hacedor en su obra? 19 ¡Ay del que dice al palo: Despiértate; y a la piedra muda: Levántate! ¿Podrá él enseñar? He aquí está cubierto de oro y plata, y no hay espíritu dentro de él.

20 Mas Jehová está en su santo templo; calle delante de él toda la tierra.

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