Boletín junio de 2017 Dios, el anhelo de nuestro corazón 

El libro de los salmos tiene algunas de las expresiones bíblicas más bellas con referencia al Señor y a su carácter. (Foto: Allison Burligname/Flickr)

En sus páginas encontramos diferentes manifestaciones de alabanza y adoración, las cuales nos llevan a considerar la grandeza y misericordia del Creador. En el Salmo 73:25, por ejemplo, Asaf afirma acerca de Dios: “¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra”.

En un mundo incierto como el nuestro, estas palabras son como un bálsamo que trae refrigerio al alma y nos recuerdan que a pesar de las dificultades nosotros podemos contar con que el Señor nunca nos abandonará.

Es importante notar que el salmista no solo expresa confianza al saber que Dios es la única esperanza de su corazón (tanto en esta vida como en la eternidad), sino que él afirma que su deseo verdadero está solamente en el Señor. ¿Podemos unir nuestras voces a las de Asaf y decir: “fuera de ti nada deseo en la tierra”? ¿O nos hemos enredado en las cosas de este mundo, olvidando que Dios debe ser el único deseo y anhelo de nuestra alma?
Como creyentes es importante preguntarnos cuál es la base sobre la que edificamos todo lo que hacemos.

¿Es Dios verdaderamente el centro de nuestra existencia? ¿Dónde están los afectos de nuestro corazón? ¿En nuestros trabajos, en las personas que nos rodean?

Si bien es cierto que valorar nuestros empleos y amar a nuestros familiares y amigos es muy importante (y forma parte de la voluntad del Señor para nosotros), lo cierto es que al final del camino solo Dios traerá verdadero refrigerio y consuelo para nuestras almas. No importa lo que perdamos en este mundo, al final los creyentes siempre sabremos que contamos con nuestro Padre celestial; Él debe ser el mayor anhelo de nuestro corazón.

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