Sabiduría por favor Adi ALGhanem/Flickr

Si las cosas van bien, la tendencia es a no tenerlas presente ni para dar gracias a Dios ni para seguir pidiendo su bendición.

Jesús enseñó a pedir diariamente, “danos hoy el pan de cada día”. ¿Lo hacemos? ¿Le agradecemos al recibirlo?

El Colegio Cristiano Gracia y Amor. No hay crisis en el momento, aunque cada día, sí, hay crisis… aunque “pequeñas”. Hay, por ejemplo, los continuos y constantes problemas de disciplina. Los niños y jóvenes en su gran mayoría todavía no han nacido de Dios. En muchos de los hogares de donde son, los estudiantes no han recibido la debida disciplina de sus padres. No están acostumbrados a someterse a la autoridad, sobre todo cuando esta autoridad, los profesores, exige que estén ocupados en algo que por lo regular no les llama la atención, es decir, el aprendizaje. ¡Qué lucha ocho horas de cada día para los profesores! ¿Oramos por ellos? Se cansan emocionalmente; se desaniman. Su esfuerzo por presentar las materias en el contexto de la Palabra de Dios complica aun más su esfuerzo, pues los estudiantes son por naturaleza “enemigos de Dios en sus mentes”. Resisten a la ley de Dios. Muy poco les interesa el evangelio, que es el único remedio para su rebeldía. ¿Capta el escenario? ¿Ora por los profesores?

Algo parecido existe en las iglesias. Si no hay grandes crisis, luego, tristemente no hay grandes esfuerzos en oración. Es como si dijéramos al Señor, “Señor, si se presentan grandes problemas, estaremos ante el trono de la gracia, pero mientras tanto, no vamos a molestarte, pues bien somos capaces de manejar lo “normal” sin ti. Somos como el rey Acaz en Is. 7:10-12. Isaías le ofreció el privilegio de una señal en cuanto a la seguridad del reino. Pero Acaz, confiado en sí mismo (y defendiendo en su caso la rebeldía contra Dios), dijo: “No pediré, y no tentaré a Jehová”. ¡Qué insolencia!

Otros casos parecidos como el del colegio, son los de nuestros hogares, lo de la salud, lo del empleo, etc., etc. Sí, pedimos en medio de las crisis, pero poco damos gracias y poco pedimos cuando no las hay.

Muchas veces no pedimos y no damos gracias, porque dudamos de la realidad de Dios y de su Palabra. No creemos en verdad que “separados de Cristo, nada podemos hacer”. Hebreos 6:4ss nos advierte y nos anima en cuanto al peligro de tener una profesión hueca, el peligro de apartarnos de Cristo porque dudamos de Cristo. Contra este peligro, tenemos que estar vigilantes.

¿Cómo mostramos esta vigilancia? No siendo perezosos, Hebreos 6:12. ¿En qué? No sólo en la oración, sino también en la obra y el amor que mostramos hacia su nombre, habiendo servido y sirviendo aún a los santos, versículo 10. Pero en esto debemos mostrar la misma solicitud hasta el fin, para alcanzar la plena seguridad de la esperanza, versículo 11. No perezosos en cuanto a la fe y la paciencia en cuanto a las promesas, versículo 12, esto en imitación a Abraham, quien esperó con paciencia y obtuvo la promesa, versículo 15. La promesa hecha a Abraham fue ésta: “Ciertamente te bendeciré y ciertamente te multiplicaré.”

Ante los desalientos que traen las distracciones, las demoras, y las desilusiones, somos muchas veces como los hebreos en cuanto a provocar a Dios, como los israelitas hicieron en el desierto. Por ejemplo, puede que la obra de Dios no crezca, y los intentos (a veces mínimos y de medio corazón) para hacerla crecer sean infructuosos. ¿Para qué seguir? ¡Allí está la incredulidad! Por ella los israelitas no entraron en el reposo de Dios.

¡Es grave esto de dudar en cuanto al cumplimiento de la promesa! Recordemos que es Dios quien promete. Es la promesa del Dios inmutable en su propósito, versículo 16. Pero, además, como en el caso de Abraham, Dios agrega un juramento en cuanto a cumplir su promesa. Dos cosas inmutables en las que es imposible que Dios mienta. ¿Seguimos dudando? Recordemos el caso de Abraham, quien experimentó las distracciones, etc. Nada pudo hacer para apresurar el cumplimiento; no le era posible producir en lo más mínimo lo que Dios había prometido, versículos 17, 18. Para él lo único era creer y seguir en lo que Dios le había mandado. Para animarnos, igual como en el caso de Abraham (aunque en su caso aún no se había cumplido), recordemos que Jesús ya entró por nosotros “detrás del velo” como precursor, 6:20, hecho sumo sacerdote a nuestro favor, habiendo obtenido mediante un solo sacrificio la eterna redención, 9:11,12,14,15.

Tengamos presente todos los días, y en todo, nuestra dependencia de Dios, y Oremos sin cesar, constantes en la oración.

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