BoletinNov2015 Globovisión/Flickr

No es suficiente con haber elegido ya alcaldes, gobernadores, concejales, ediles, etc. Ellos, pese a sus promesas y optimismo, no van a solucionar mayor cosa.

¿Por qué este pesimismo? La respuesta es fácil: el éxito de los gobernantes depende de la colaboración de los gobernados, y bien sabemos cómo es el ser humano: “No hay justo, ni aun uno… No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.” La gente no va a colaborar en una escala que permita mayores progresos. Las elecciones siguen; cada cual tiene que escoger cumplir su deber.

Por ejemplo, la movilidad en la ciudad en buena medida depende de la gente que se moviliza. Observar las leyes del tránsito. Mostrar cortesía. No sacar el carro si no es necesario. No robar los fondos destinados a construir puentes y reparar calles, etc.

La educación de nuestros hijos depende en buena parte de la formación que los alumnos reciben de sus padres. ¿Cómo pueden aprender si no hay respeto y disciplina? Es poco lo que los profesores pueden hacer con alumnos resistentes a aprender. La educación depende también de los profesores. ¿Cuáles son los principios morales que comunican a nuestros hijos?

¿La salud? Algunos (muchos) no se cuidan. Luego, cuando se enferman, esperan que “el gobierno” se encargue de ellos. Drogados, borrachos, madres solteras, enfermedades sexuales, etc. No, el gobierno no es capaz de solucionar todo esto, ni con los impuestos de los sanos, y si intenta hacerlo, en alguna medida anima a la población en general a actuar irresponsablemente, porque “el gobierno nos cuidará”.

¿La paz? ¿A coger armas para lograr igualdad y justicia social? ¿A coger armas para suprimir la subversión? Claro, el gobierno debe velar y vigilar para que haya justicia, equidad, y prosperidad, pero también los empresarios deben pagar salarios justos, y los asalariados deben gastar en lo necesario y útil. Todos somos responsables. La justicia debe funcionar, pero la gente no debe cometer crímenes. ¿Podemos esperar paz cuando aún los hinchas se matan por un partido perdido, y los vecinos van a los puños por una mala mirada, y los del transporte público se empujan como si fueran perros en pos de una presa? Todo esto es cosa de cada cual, no sólo del gobierno. Sí, el gobierno juega su papel, pero, ¡por favor!, cada cual responderá ante Dios. Las elecciones siguen, cada cual eligiendo hacer lo bueno y no hacer lo malo. No echemos la culpa por un solo lado.

Las obras públicas. ¿Cómo, cuando los encargados roban la plata y hacen mal los trabajos? ¿Cómo, cuando los beneficiarios dañan los columpios en el parque, echan basuras por la calle, y despilfarran el agua?

Nosotros los cristianos, y de manera especial los cristianos reformados, sabemos que el problema comienza con cada uno de nosotros. ¿Cómo vamos? Usted, sin duda, todos los días, plenamente consciente de qué es lo malo, sin embargo lo hace. Y nos quejamos (con razón, sin duda) del gobierno. No andamos como debemos en el Espíritu; no vivimos según Cristo. No guardamos los mandamientos de Dios. No nos esforzamos por entender correctamente qué implica cada mandamiento.

¡Arrepentimiento, pues! Corra a Cristo para lograr perdón y vida nueva. En y por Él, ¡Sí!, hay esperanza. Cristo vino para salvarnos de nuestro pecado. Hagamos morir, pues, lo terrenal en nosotros, agarrados de Cristo por supuesto. Los gobiernos son importantes, y son establecidos por Dios, pero cada cual recibirá según sus obras. Sin la obediencia a Dios de cada cual, ¿qué pueden hacer los gobernantes?

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