BoletinDic2011 Taryn/Flickr

Los intentos de iluminar las casas y la ciudad en diciembre tienden a rebajar y oscurecer la Navidad.

No recomendamos dejar de decorar, sino de no quedarnos en los adornos. La Navidad va mucho, pero mucho más allá. De hecho la Navidad habla de lo infinito, de la venida de Deidad al mundo de manera especial. "El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad." Y Colosenes 2:9 declara lo imposible, pero sin embargo real: "...En él [Cristo] habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad". ¡Allí, sí, hay algo que celebrar!

En comparación, las "bobadas" como fiestas, luces, vacaciones, y regalos, son como nada. Pueden servir de estorbo si no vamos mucho más allá, y asombrados, con gratitud ante Dios, rendimos culto intenso y prolongado. Cristo participó de carne y sangre "para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre" (Hebreos 2:14,18). ¡Algo, esto, sí, para pensar detenidamente!, ¿no le parece? Hagámoslo, pues.

Dios mismo, para anunciar el nacimiento del Mesías, manifestó visiblemente la luz de su gloria que atemorizó a los pastores. Puso adorno, la estrella de Belén, para dirigir a los magos al lugar del nacimiento. En su providencia, Jesús nació en el establo y fue puesto en el pesebre, pero no como adorno de nostalgia, sino como declaración de que el Señor Jesucristo, en su gracia, por amor a nosotros, "se hizo pobre, siendo rico", para que nosotros, por gracia creyentes y santos, "con su pobreza, fuéramos enriquecidos" (2 Corintios 8:9). ¿Puede haber algo más asombroso que el hecho del Hijo eterno de Dios hecho hombre? "...Manifiesto es que nuestro Señor vino de la tribu de Judá" (Hebreos 7:14). Nació de María, virgen. "Jesús creció en sabiduría y en estatura..." Todo esto muestra que era verdadero hombre, pero siendo así, no dejó de ser el Hijo de Dios; "Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y para siempre", Dios inmutable.

Algunos cristianos prefieren no celebrar la Navidad por considerar que se ha paganizado tanto que celebrarla es perderla. Consideran que al unirse a las fiestas y adornos del mundo, contribuyen al encubrimiento de la gloria de Cristo en su venida. Mucha razón pueden tener. Sin embargo, evitando a todo costo la idea de que es un mandamiento de Dios celebrar en diciembre la encarnación del Hijo de Dios, aprovechemos la época para recordar aquella visita "desde lo alto", y extasiados por el peso de la misericordia de Dios para "dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, tengamos presente todos los días todo el año que en la ciudad de David, nació "un Salvador, que es CRISTO, el Señor". Aprovechemos la época navideña para hablar el evangelio a otros que aún no han creído y que por lo tanto, celebran estos días sin tener porqué hacerlo.


 

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