BoletinOct2014 John Taylor/Flickr

Por supuesto nadie descaradamente se atreve a insultar a Dios, pero es fácil hacerlo, quizás sin caer en cuenta.

He aquí, algunos casos en los que lo hacemos:

En general, en lo que sea, cada vez que quebrantamos la ley de Dios declaramos que Dios no es digno de ser obedecido, y que sus preceptos no valen.

  • Pero, mirando en más detalle, le insultamos cuando no le damos gracias. Mire Romanos 1:21
  • Insultamos a Dios cuando sencillamente no le tenemos en cuenta. Romanos 1:28. Es decir, las veces (y son muchas) cuando se nos olvida de su existencia y su presencia. Salmo 9:17
  • Lo hacemos cuando oramos a quienes no son Dios y cuando los tratamos como si fueran. Fue el problema constante de Israel. Por eso el primero de los diez mandamientos prohíbe tener a otros dioses delante de Él. Claro que sí podemos pedir ayuda de otras personas en el mundo en esta vida, pero no en los asuntos que dependen de la actuación directa de Dios, en los que son más allá de los recursos humanos.
  • Insultamos a Dios cuando no buscamos sabiduría de su Palabra para poder resolver dificultades y tomar decisiones correctas. Aun cuando sabiamente consultamos a las personas eruditas y conocedores de las ciencias, etc., si lo hacemos sin a la vez reconocer que sin embargo dependemos de Dios para hacer uso correcto de la erudición humana, le hacemos un desplante.
  • ¡Qué insolentes somos cuando no invocamos al Señor, Salmo 14:4, es decir, cuando no oramos, cuando no le pedimos consejo, cuando no le rogamos sabiduría! Téngase presente el engaño que sufrieron Josué y otros varones de Israel cuando hicieron pacto con los habitantes paganos e impíos de la tierra prometida que Dios había mandado destruir, y esto porque "no pidieron el consejo del Señor".

Lo anterior son solamente unos pocos casos en que desatendemos a Dios. Son para ponernos a pensar. ¿No será que vivimos tan ocupados de nosotros mismos y tan confiados de nuestra propia inteligencia que ni se nos ocurre recordar que vivimos siempre en la presencia y ante el rostro de Dios? Por ratos nos acordamos de nuestra teología, pero en general somos "ateos". ¡En cuántos líos nos metemos, cuántos errores cometemos, cuántas malas decisiones tomamos, cuántas buenas oportunidades despreciamos precisamente por no recordar que "en él nos movemos, y vivimos, y somos"!

¡Disciplina, pues! Tenemos que formar el hábito de consultar al Señor siempre en todo. Por supuesto no es siempre posible ante toda situación sacar tiempo para reflexionar o hacer una larga oración. Pero, podemos, sí, cultivar una conciencia, una mentalidad que nos amarra a clamar interiormente siempre: "Señor, enséname tu camino", Salmo 25. Los futbolistas se acondicionan a reaccionar instintivamente de cierta manera ante ciertas jugadas. Si no, no llegan muy lejos como profesionales. La disciplina necesaria en la vida cristiana es la de empaparnos de la Palabra, la de orar continuamente, la de aprender de la providencia de Dios, la de no cometer los mismos errores dos veces, la de anticipar las circunstancias en que vaya a encontrarse uno, y a preparar cuáles serán las reacciones agradables al Señor. Que no insultemos al Señor, viviendo como "insensatos, sino como entendidos de cuál sea la voluntad del Señor", Efesios 5:17.


 

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