BoletinAgo2014 Lynn (Gracie's mom)/Flickr

(Escrita hace muchos años, la siguiente oración sirve como guía cuando no sabemos qué pedir, y como estímulo cuando no sentimos ganas de pedir. Lo más importante de la oración es que oremos.)

Señor Jesucristo,
Lléname con tu Espíritu para que pueda estar ocupado con su presencia.
Soy ciego – envíamelo para hacerme ver;
Me encuentro en la oscuridad – que me diga, "¡Sea la luz!"
Que me dé la fe para mirar mi nombre grabado en tu mano,
Mi alma y cuerpo redimidos por tu sangre,
Mi pecaminosidad cubierta por tu vida de obediencia pura.
Reabastéceme mediante su gracia reveladora,
Para que tenga presente mi unión indisoluble contigo;
Para que sepa que me has esposado contigo
Para siempre en justicia, amor, misericordia, fidelidad;
Para que sepa que soy uno contigo como la ramita en el tronco,
Como el edificio con su cimiento.
Que sus consolaciones me alegren en las tristezas,
Sus fortalezas me sostengan en las pruebas,
Sus bendiciones me avivan en mi cansancio,
Su presencia me vuelva un árbol con fruto de santidad,
Su poder me establezca en paz y gozo,
Su impulso me haga constante en la oración,
Su ánimo encienda en mí una devoción imperecedera.
Envíamelo como escudriñador de mi corazón,
Para mostrarme más de mis corrupciones y mis incapacidades,
Para que corra a ti, me apegue a ti,
Descanse en ti como el comienzo y el fin de mi salvación.
Que nunca lo aflija por causa de mi indiferencia y
Mi desviación de sus caminos,
Lo entristezca por darle una fría bienvenida,
Lo resista por medio de mi dura rebeldía.
Oye mis oraciones, oh Señor, por amor de tu nombre grande.
 

(Recordemos los tiempos programados por la iglesia para reunirnos como comunidad y presentar peticiones y alabanzas al Señor, quien en verdad oye las peticiones de su pueblo y responde según su sabiduría y gran poder.)


 

 

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