La historia de Ivalmir y Nicodemus

Los niños regresaron de vacaciones, y contaban todo lo que habían hecho, pero uno no había podido ir a algún lado, y aun así estaba contento, ¿por qué sería? (imagen: clker)

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La historia de Ivalmir y Nicodemus

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Hageo 1:7
Así ha dicho Jehová de los ejercitos, meditad sobre vuestros caminos.

Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino, más Jehová cargó en Él el pecado de todos nosotros. Isaías 53:6

 

La historia de Ivalmir y Nicodemus

Amados niños, les ruego que me disculpen por no haber podido enviarles las actividades con la frecuencia que quería, pero espero que lo poco que Dios me ha permitido, les haya servido en este periodo de cuarentena. Para iniciar nuestra actividad vamos a orar, los pies juntos están. Cruzo los dedos de mis manos. Bajo la cabeza con atención. Cierro mis ojitos para la oración, oremos. “Padre bendito, te damos gracias porque una vez más nos permites realizar nuestra actividad bíblica. Te pedimos que nos ayudes para seguir aprendiendo los libros de tu Biblia, a memorizar los versículos y a estar atentos al mensaje. Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén.

Vamos con la tarea, colóquense de pie, vamos a hacer el digital de Dios es grande “Dios es grande, Dios ¬¬es bueno, Dios me ama, Dios me cuida. Gracias Dios porque me amas, gracias Dios porque me cuidas”. Recordemos el versículo: “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en Él el pecado de todos nosotros”. Is. 53:6

Ahora cantemos las cuatro estrofas: ¡Cantaremos todos juntos, los libros de Moisés, los libros de Moisés son los libros de la Ley, son Génesis, y Éxodo, Levíticos y Números, y por fin Deuteronomio que encierra la ley!
¡Cantaremos todos juntos los libros históricos, ellos narran la historia del pueblo de Dios, de Josué, de Jueces y la historia de Rut, dos libros de Samuel, dos libros de Reyes, dos libros de Crónicas que cuentan historias, y después el libro de Esdras, Nehemías y Ester!
¡Cantaremos todos juntos los libros poéticos, ellos cantan bellos himnos que cantaban los judíos, de Job y los salmos, los Proverbios de un sabio, Eclesiastés y cantares del sabio Salomón!
¡Cantaremos todos juntos los profetas mayores, los profetas mayores por todos cuatro son, Isaías, Jeremías que escribió Lamentaciones, Ezequiel y Daniel fieles a nuestro Dios!

Vamos ahora a aprender la estrofa de los profetas menores. Los profetas menores, como dije en la actividad anterior, no quiere decir que sean de menos edad o más chiquiticos que los mayores, su nombre se debe a la extensión de lo que escribieron. Los profetas menores son doce: Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías Hageo, Zacarías y Malaquías. Escuchen: “Cantaremos todos los juntos los profetas menores, los profetas menores por todos doce son. Oseas, Joel, Amós y Abdías, Jonás y Miqueas, Nahúm y Habacuc, Sofonías y Hageo, Zacarías, Malaquías”, vamos a repetirlo: “Cantaremos todos los juntos los profetas menores, los profetas menores por todos doce son. Oseas, Joel, Amós y Abdías, Jonás y Miqueas, Nahúm y Habacuc, Sofonías y Hageo, Zacarías, Malaquías”.

Ahora vamos con el versículo de hoy y la historia. De los profetas menores seleccionamos el libro de Hageo, específicamente el capítulo 1. Sobre la orden a edificar el templo. Vamos a memorizar el versículo 7, que dice: “Así ha dicho Jehová de los ejércitos: meditad sobre vuestros caminos” (Hag. 1:7) ¿Quién es el que está hablando? Sí, Jehová. Ese es uno de los nombres de Dios. ¿Qué dice? Que tenemos que meditar en nuestros caminos. ¿Será que está hablando del camino que cogemos para ir a la escuela? ¿Para ir al parque? ¿Para ir a la tienda a comprar dulces? No. Está hablando para reflexionar en la manera como nos estamos comportando, a la luz de las Escrituras, delante de Dios. Si estamos haciendo lo correcto o lo incorrecto. Repitamos el versículo. “Así ha dicho Jehová de los ejércitos: meditad sobre vuestros caminos” (Hag. 1:7)

Vamos ahora con nuestra historia de hoy. “Niños, bienvenidos de nuevo al estudio” Les pido que saquen el cuaderno que corresponde a la materia de ciencias naturales”, dijo el profesor. Todos los niños abriendo sus mochilas sacaron sus cuadernos. Nicodemus, de inmediato buscó la manera de llamar la atención para que todos vieran su cuaderno, dijo: “en estas vacaciones estuve en Europa y mi papá aprovechó para comprarme mis útiles escolares allá”. En realidad todos los niños tenían unos cuadernos muy bonitos, menos Ivalmir que tenía unos comunes, pero él había aprendido que lo importante era que sirvieran. En ese día todos los niños procuraban contar qué habían hecho en vacaciones, y al mismo tiempo para llamar la atención hacían alarde de las cosas nuevas que tenían.

Todos, de alguna manera querían ser admirados por los otros. Una de las cosas que todos querían mostrar era su nuevo celular, y discutían cuál tenía más capacidad. Pero Ivalmir ni había ido a vacaciones a ningún lado, pues él solo estuvo ayudando a sus padres en la casa, ni tenía celular. Él solo miraba y escuchaba lo que los niños hacían y hablaban. Hablaban de juegos de video, de bicicletas y de carros, de marcas de ropa, hablaban de todo, menos de Dios. Al salir al descanso Nicodemus fue a la cooperativa del colegio, sacó un billete de alto valor, compró lo que era más caro y fue comiendo en dirección del grupo de amigos que seguían comentando sobre las cosas que los hombres en esta tierra consideran importantes. ¿Y Ivalmir? Su mamita siempre le preparaba algo para su descanso y él, con todo el gusto, se sentaba en un banco cerca a la cancha de microfútbol, a disfrutar de lo que su mamita con mucho amor le daba. En toda esta historia había alguien colocando mucho cuidado, era el profesor Ricardo. Hasta el momento, ¿no les parece que Ivalmir era el niño que sufría y los otros los que gozaban? ¿Será eso cierto? El profesor evaluando la vida de Nicodemus y sus amigos, y la de Ivalmir, notó lo siguiente: Nicodemus y sus amigos, en el afán de ser reconocido y admirados, buscaban continuamente traer algo nuevo, y se envidiaban los unos a los otros. Los que podían mostrar alguna novedad se sentían mejores y con palabras y acciones procuraban humillar a los otros.

El profesor mirando esa encarnizada lucha para hacerse mejor del grupo, pero también lo que se inventaban para ser aceptados dentro del grupo, dijo para sí: “Esos niños no son felices”, mas al mirar a Ivalmir, sin nada de lo que los otros tenían, sí, pero mirando su calma y su riza continua, dijo: “Ese niño puede no tener nada, pero es el niño que verdaderamente es feliz. Bien dice la Biblia que la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee”, ¿pero sabían que no solo el profesor Ricardo estaba mirando esto? Nicodemus también. Él sabía dentro de sí que no era feliz, y envidiaba la tranquilidad de Ivalmir. Entonces Nicodemus decidió hablar con el profesor: “profe, me gustaría saber algo, ¿por qué Ivalmir a pesar de no tener nada y no ser nada es tan tranquilo?”. El profesor dijo: porque él es un edificador”. “¿Un edificador? ¿A esa edad? Yo creo que ni sabe colocar un ladrillo”, dijo Nicodemus. “¿Porque no miras lo que él hace y veras que tengo razón?”, dijo el profesor, y añadió: “Nicodemus, a pesar de todo lo que tienes, y de todo lo que haces para ser el mejor del grupo y para ser aceptado en la elite, ¿eres feliz?” Nicodemus quedó en silencio.

Las palabras del profesor cayeron en su conciencia como un martillazo, y salió pensativo. ¿Saben que hizo Nicodemos? Fue hasta el lugar en donde vivía Ivalmir. Vio que él vivía en una casita sencilla, pero notó que los padres hablaban y jugaban con él, miró un letrero en la parte de arriba de la puerta de la casa, decía: “Yo y mi casa serviremos a Jehová” y dijo para sí: “Ellos se ven felices, pero no veo ninguna construcción”. La siguiente semana Nicodemus le dijo al profesor: “profesor, no es verdad, Ivalmir no es ningún constructor. Yo fui a su casa y no vi nada”, el profesor le dijo: “¿me quieres escuchar algo de la Biblia?” Nicodemus dijo: “está bien”. Entonces el profesor abrió su Biblia y le leyó el capítulo 1 de Hageo, y luego le dijo: “Nicodemus, Israel por su impiedad, fue castigado por Dios, hizo que su templo en Jerusalén, figura del celestial, fuese destruido, indicando así que Dios se había apartado de ellos, e hizo que sus enemigos los llevaran cautivos a Babilonia.

Después de mucho tiempo, Dios hizo que algunos israelitas regresaran, pero el objetivo principal de su regreso, aunque irían a vivir en la tierra prometida nuevamente, era la reconstrucción del templo, algo que al hacerlo indicaba que Dios volvería a estar con ellos. ¿Pero los israelitas hicieron caso? No. Se preocuparon solo por sus comunidades, en tanto que el templo seguía en ruinas. ¿Qué hizo Dios? Hizo que, aunque ellos habían prosperado terrenalmente nada de ello les produjera satisfacción, no eran felices. Solo lo fueron cuando escucharon y obedecieron la voz de Dios por medio del profeta Hageo, reconstruyendo el templo. ¿Y qué tiene que ver con Ivalmir? Hace varios años conozco a la familia de Ivalmir. Ivalmir, conoce al Señor. Él no siempre fue así de tranquilo, pero cuando conoció al Señor todo cambio en él. El cree que Jesús cargó sus pecados, que murió en la cruz por él, que resucitó para darle esa nueva vida que tiene hoy. Nicodemus, el cree que su cuerpo, su vida es templo del Espíritu Santo y se preocupa por edificarlo, por ello te dije que él era constructor.

Él, con la dirección de sus padres, lee la Biblia, pide a Dios en oración que pueda crecer espiritualmente, que le ayude a colocar en práctica su Palabra, asiste con gozo a la iglesia con el propósito de aprender más y de tener comunión con todos los que buscan al Señor. Ivalmir no tiene nada de las cosas materiales que ustedes tienen, pero es realmente feliz porque se preocupa por edificar su parte espiritual”. Nicodemus preguntó, ¿entonces tengo que ser pobre para ser feliz? El profesor le dijo: “No son las cosas las que te hacen feliz o infeliz, es la condición de tu corazón. Si tu vida no es un templo de Dios sino una casa de vanidad seas rico o seas pobre siempre serás infeliz”. Y tú amado niño, amada niña, ¿a quién te pareces? ¿A Ivalmir? ¿A Nicodemus?

Vamos a colocarnos de pie, vamos a orar y luego a recordar el versículo, y la estrofa de hoy. Los pies juntos están. Cruzo los dedos de mis manos. Bajo la cabeza con atención. Cierro mis ojitos para la oración” Oremos: “Padre vendito, te damos gracias por la enseñanza que hoy recibimos. Ayúdanos a entender que si en nuestras vidas no existe la real preocupación de ser edificados espiritualmente, en primer lugar estamos mostrando que no somos templo del Espíritu Santo, y en segundo lugar que aunque tengamos todo en esta tierra, nunca seremos felices. Te lo pedimos en el nombre de Jesús. Amén”. Ahora recordemos el versículo. Y luego vamos a cantar la estrofa de los profetas menores. “Así ha dicho Jehová de los ejércitos: meditad sobre vuestros caminos”. Hag. 1:7

“Cantaremos todos los juntos los profetas menores, los profetas menores por todos doce son. Oseas, Joel, Amós y Abdías, Jonás y Miqueas, Nahúm y Habacuc, Sofonías y Hageo, Zacarías, Malaquías”.

 

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