La bondad - 8

La profesora y los niños fueron al parque para repasar la lección, en eso llega un hombre y les explica algo más de lo que no es bondad, ¿estará en lo correcto? (imagen: classroomclipart.com)

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La bondad - 8

La profesora Josefina al llegar al salón dijo: “Buenos días niños,” “Buenos días, profesora,” respondieron los niños. Ella dijo: “Aunque no hemos dicho todo sobre la bondad, hoy llegamos a nuestra última clase sobre el tema. Y para ello los quiero invitar al parque. Allí nos sentamos, nos comemos un helado y vamos recordando lo que hemos estudiado. ¿les parece?” “Ehhh” respondieron felices los niños. El parque quedaba a solo una cuadra del colegio, y en el camino se encontraba la caseta de los helados. La profesora dijo: “Hoy voy a pagar los helados, pero cuando ya sean grandes y trabajen ustedes me gastarán, porque ya yo seré viejita.” Todos los niños rieron. Unos comieron helado de mango, otros de guanábana, otros de coco, “mmmmm. Que delicia” decían los niños. Al llegar al parque, hicieron un círculo.

La profesora preguntó: “¿Quién me puede decir qué es bondad?” José David, dijo: “Profesora, la verdadera bondad es una parte del fruto del Espíritu Santo. Las personas que la poseen hacen el bien que la Biblia dice para que el nombre de Dios sea glorificado.” “Muy bien José David,” dijo la profesora. Y añadió: “Esa verdadera bondad solo la tienen aquellos que siendo pecadores, Dios los llama y los lava con la sangre de Cristo. Quien no ha sido unido a Cristo no puede tener la verdadera bondad, porque el Espíritu Santo con su fruto aún no está dentro de él. Pero vimos que existen falsas bondades, ¿no fue?”

Dianita dijo: “No es verdadera bondad cuando una persona hace obras para borrar sus pecados, para salvarse. Porque con ello está despreciando a Cristo, la única persona que lo puede salvar.”

Antes de que otro lo hiciera, Mateito levantó la mano, y dijo: “Profesora, profesora, tampoco es verdadera bondad cuando le quitamos a los demás para repartir a otros.”

Nely dijo: “profesora, yo también quiero participar. No es verdadera bondad cuando damos o hacemos algo por alguien y con lo que hacemos alimentamos la deshonestidad, la pereza, la ignorancia.”

En ese momento un señor pasó vendiendo palomitas de maíz, crispetas, maíz pira o como le dice el Brasilero, pipoca: “palomitas de maíz, palomitas de maíz. Niños, profesora, ¿compran palomitas de maíz?” La profesora dijo: “yyy se me acabó el dinero, tenía solo para los helados. Niños, los que tengan cómo, compren su paquetico.” Alfredo se dio cuenta que varios niños no compraron porque no tenían dinero. Entonces se levantó, compró y dio a los niños que no podían pagar, y hasta para la profesora. La profesora, dijo: “Alfredito, gracias, excelente detalle.” Los niños que recibieron también dieron las gracias. Ahora todos estaban comiendo palomitas de maíz. Luego la profesora preguntó: ¿Qué otros niños quieren ayudar recordándonos sobre la falsa bondad?”

Vicente levantó la mano, y dijo: “Profesora, no es verdadera bondad cuando hacemos algo por alguien buscando la aprobación o la gloria de los hombres.”

Nora dijo: “No es verdadera bondad el ayudar solo a los que nos aman, y no querer ayudar a los que nos odian.”

Juan Alberto dijo: “cuando damos a otros, esperando algo a cambio, eso tampoco es bondad.”

Rebeca dijo: “aprendimos en la última clase que la verdadera bondad no es solo dar cosas materiales, que es también dar cosas espirituales.”

La profesora muy contenta de ver como los niños habían comprendido, dijo: “Niños, estoy muy feliz. Mas es muy importante que nunca olviden que solo los que son salvos, es decir, los que han sido limpiados por la sangre de Cristo son los únicos que pueden practicar la verdadera bondad. Por ello cada uno de ustedes debe pedirle a Dios que lo examine, y si no son salvos, clamar a Él para que tenga misericordia.”

La profesora estaba hablando cuando un señor que había estado escuchando toda la conversación se acercó, y dijo: “Profesora, niños, yo estuve escuchando todo, me pareció muy bueno, pero faltó algo que tampoco es bondad. Yo soy Marcelino, pero en mi comunidad me dicen Kaparú, es decir mico churuco, como dicen ustedes. Soy el cacique o capitán de la comunidad de puerto Kapi, que significa Temblón, ese pescado que da corriente. Profesora, tampoco es verdadera bondad cuando uno da cosas que le hacen daño a las personas. En mi comunidad, yo pensaba que era bondadoso, porque cuando alguien llegaba a mi casa le compartía el mambe, que es la hoja de coca triturada y mezclada con ceniza de hoja de yarumo, también para el frio, decía yo, les daba aguardiente y cigarrillos, para las fiestas preparaba una chicha bastante fuerte para que todos se divirtieran tomando. Yo me creía la persona más bondadosa por eso. Yo creía que con eso estaba haciendo el bien a las personas, hasta que un día que fui a un pueblo, me dio por entrar a una iglesia, y el señor que predicaba estaba hablando sobre los vicios. El abrió la Biblia y leyó en 1 Co. 6:9 ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis: ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.” Él estaba hablando sobre los vicios, y habló sobre los que tienen la práctica de consumir vicios, como bebidas alcohólicas, drogas y otras substancias. Habló de que cuando las personas son víctimas de los vicios, además de hacerle daño al cuerpo, cometen muchas cosas ofensivas a Dios. Yo me estaba sintiendo muy mal, me parecía que el predicador me estaba echando vainas, y quería salir de la reunión, pero preguntó: “¿Y será que solo los que consumen vicios serán los únicos culpables delante de Dios? ¿No será que los que les regalan o les venden los vicios, sea licor o drogas, y otras substancias dañinas también son culpables?” Entonces abriendo su Biblia, dijo: “Quiero leerles dos textos. El primero está en Lc. 17:1-2 Dijo Jesús a sus discípulos: imposible es que no vengan los tropiezos; mas ¡ay de aquel por quien vienen! Mejor le fuera que se le atase al cuello una piedra de molino y se le arrojase al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos. El segundo está en Hab. 2:15 dice: ¡Ay del que le da de beber a su prójimo! ¡Ay de ti que le acercas tu hiel, y le embriagas para mirar su desnudez!” Dijo después: “Como pueden escuchar, delante de Dios no solo es culpado el que consume vicios, también aquel que se los da sea regalados o vendidos. Todos los daños y cosas malas que haga el que consume vicios no solo será colocado a la cuenta de ellos, también será colocados en la cuenta de los que se los venden o se los suministran.” Profesora, niños, ese día quedé con mucha rabia, quería hasta golpear al predicador, pues yo me consideraba bondadoso, pero con lo que dijo me hizo ver que yo era muy malo. Solo después que leí la Biblia y Dios tuvo misericordia de mí perdonándome y limpiándome con la sangre que Jesús derramó en la cruz, fue que pude comprender que mi bondad era maldad, que en cambio de haber hecho bien a las personas les había hecho mucho, mucho mal.”

La profesora y los niños estaban muy atentos a lo que el cacique Kaparú decía. Su historia fue de gran ayuda. Entonces el cacique dijo: “Bueno profesora, niños, me toca irme, porque me tienen que hacer unos exámenes en el hospital.” La profesora, dijo: “Cacique, muchísimas gracias por su ayuda, que Dios le ayude con su salud. Muchas gracias.” Los niños, dijeron: “Gracias cacique.” El cacique se alejó y la profesora y los niños regresaron al colegio. En el camino la profesora preguntó: “¿Cómo les pareció la clausura sobre la bondad?” Dianita respondió: “Profesora Josefina, fue muy genial. Fue muy importante el aporte del cacique. Es verdad, cuando damos a otros lo que les hace mal eso tampoco es bondad.”


Niños llegamos al fin de la enseñanza sobre la bondad. Les ruego que lean la Biblia para que puedan aprender mucho más. Un abracito para todos.

 

Fin

 

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