La puerta de la salvación está abierta de par en par a todos los que quieran entrar. No hay una sola persona por más pecadora que sea que Dios no pueda salvar. Usted no puede comprar la salvación ni el perdón de pecados y no hay ciertos 'sentimientos especiales' que tenga que experimentar, ni ordenanzas que tenga que observar antes de ser salvo. La salvación es el don gratuito de Dios.

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