Lo que la Biblia dice en cuanto al pecador

Pablo habla de la pecaminosidad del pecado. Tener el pecado como cosa pequeña es no tener presente quién es Dios. Hay que comenzar todo análisis del mundo y de la vida recordando el hecho de Dios, Dios Creador. (Foto: Ovidiu Onea/Flickr)

 

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Lo que la Biblia dice en cuanto al pecador

 

La gravedad del pecado es indicada en Gn. 3:17 y Ro. 8:20, la creación está sujeta a la vanidad como resultado.

Ro. 7:13. Pablo habla de la pecaminosidad del pecado. Tener el pecado como cosa pequeña es no tener presente quién es Dios. Hay que comenzar todo análisis del mundo y de la vida recordando el hecho de Dios, Dios Creador. Es decir, no creemos en un Dios, sino en el Dios, este Dios, el único Dios, el Dios que hizo los cielos y la tierra. De allí que toda desobediencia a la ley de Dios es gravísima. Y el rescate que Cristo obró a favor de los pecadores es increíblemente asombroso. La salvación del pecador es gratuita pero no fue gratis. Miremos lo que la Biblia dice en cuanto al pecador:

1. Su situación de uno es de solo pecar y siempre pecar. Las oraciones de los impíos son abominación. Is. 64:6; Gn. 6:5; 8:21; Pr. 15:8,9,26 con Ro. 3:10; 21:27; 28:9; Is. 1:13. A esto va toda la legislación mosaica de purificaciones y lavamientos. Sólo a la luz de la contaminación e impureza innata podemos comprender el cuidado que el pueblo tuvo que tener con las cosas santas. La mujer que después de dar a luz tuvo que purificarse durante 33 días. Los ritos para entrar al sacerdocio. Los ritos para la purificación del leproso, etc. Hageo 2:12-14. Vamos hablando del pecado original, Sal. 51:5 y 58:3

2. Su situación es uno de total incapacidad para hacer el bien. Ro. 8:7,8; 1 Co. 2:14; Jr. 13:23; Ef. 2:1-3; 2 Ti. 2:24-26; Jn. 8:34; Mt. 7:15-20; Jn. 3:3-8; 2 Co. 4:3-6; Eze. 16:4-16; Tito 3:3-8. Todo el AT muestra esta incapacidad. Durante siglos Dios dejaba que su pueblo anduviera en sus propias fuerzas y sus propios caminos. Se volvía a Él sólo cuando Dios despertaba su espíritu. Hageo.

 

¿Por qué es importante mirar, entender y creer esta enseñanza bíblica?

1. Porque sólo a la luz de esta doctrina reconocemos plenamente la gracia de Dios como gracia. Cuando la enseñanza bíblica sobre la depravación total no es reconocida, la gracia de Dios es diluida. Es sólo porque el pecador es lo que es y que no puede hacer lo que no puede, que la gracia brilla como gracia.

a. Sin tomar en cuenta esta enseñanza, es demeritado el papel del Padre en la salvación. Si fue el pecador y no Dios el que resolvió salvarse. ¿luego, dónde está la gracia? Si no fue la iniciativa de Dios que trajo la salvación, sí estuvo neutral o impotente o inactivo hasta cuando el pecador resolviera por su voluntad hacer posible que el Padre le escogiera, luego no fue gracia sino en cierto sentido deber.

b. Sin tomar en cuenta esta enseñanza, es demeritado el valor de la obra redentora de Cristo. Si el pecador en algún sentido no era totalmente necesitado de ella, si tenía algo propio que ofrecer, si al fin y al cabo la eficacia de la redención del pecador se debe a algo que el pecador añade, aunque sea en un grado mínimo, luego en ese grado el valor intrínseco y esencial de la obra de Cristo es mermado. 1 Co. 1:30,31

c. Sin tomar en cuenta esta doctrina, es demeritado el valor de la obra vivificadora del Espíritu Santo. Si el pecador puede actuar, puede decidir, puede contribuir, si de hecho tiene que hacerlo, si la actuación del Espíritu depende de la del pecador, aunque sea únicamente en el momento inicial, el de dar permiso para que obre, luego, no fue totalmente por gracia que el Espíritu obró. No es enteramente de gracia ya que el pecador por su decisión; por haber cumplido una condición exigida, merece en algún sentido, que el Espíritu conteste.

Siendo que Dios reclama para sí toda la honra de la redención, sólo si insistimos en creer esta enseñanza de la depravación total del pecador, le damos de hecho la honra que merece. Ap. 5:8-10; 7:10-12; 19:1. No es cosa liviana deslizarnos, ni en lo más mínimo, hacia una creencia que atribuya al hombre lo que es exclusivamente de Dios. Toda la vida tenemos que luchar contra la tendencia de jactarnos de nosotros y de nuestras obras. Dios insiste en que el reducto final de nuestro orgullo sea destruido totalmente, porque si no, seguimos en la mentira dañina y en la idolatría vana de confiar en nosotros mismos. El calvinismo no es una cuestión académica, sino religiosa. Tiene que ver con reconocer a Dios por lo que es y sentir hacia Él lo que Él insiste que sintamos.

2. Es importante entender y creer esta doctrina, porque sólo a la luz de ella puede el hombre llegar a descubrir y a librarse del engaño de creer que su salvación está en sus propias manos. Sólo al entender su verdadera situación, su incapacidad, su condenación, por fin mira fuera de sí mismo para averiguar si hay un salvador. Sólo así por fin responde a la instancia de Dios de mirar a Él para ser salvo. Mientras no entiende esta doctrina bíblica, sigue confiando en alguna medida en sus poderes y sus medios para lograr el rescate.

3. Es importante entender y creer esta doctrina porque sólo a la luz de ella la iglesia puede llegar al punto de confiar plenamente en Dios y evitar la presión de buscar plenitud más allá de Cristo, inventando mecanismos y procesos suplementarios. Si su salvación, desde el principio hasta el fin, se debe a la actuación soberana y eficaz de Dios, luego llega a sentir que Dios es totalmente confiable, que no hay nada que Él no puede hacer y que no hará para glorificarse en la salvación del pecador. La iglesia verá que las varias tempestades de la vida no son nada en comparación con esta que Dios ya calmó. Si el Dios santo obró Él mismo la salvación, siendo así el justo y el que justifica al que es de la fe de Jesucristo, si Él mismo es quien da la fe para que el pecador crea y sea salvo, si es Él mismo quien en su Hijo logró la eterna redención, luego, ¿qué hay que este Dios no pueda hacer? Somos más que vencedores por medía de aquel que nos amó.

Entendemos auténticamente la gloria de nuestra salvación sólo cuando la miramos sobre el trasfondo oscuro de lo que éramos y merecíamos.

 

Sobre la depravación total, doctrinas claves, capítulo # 1

Jr. 10:11-16. Jeremías da el mismo consejo que Isaías da en otro contexto, 8:11-20. Estos profetas no hablan del diablo, aunque bien sabían que existía. Para ellos Dios, Jehová, era el único verdadero. El diablo no era otro dios. No existía para ellos el dualismo. Dios era el creador del diablo también, y su rebeldía no le cogió de sorpresa. Dios no perdió el control del universo ni aun en el detalle más insignificante.

Sólo a la luz de este Dios, podemos comprender la gravedad del pecado.

La reacción de Dios al desafío pecaminoso del hombre hecho a su imagen fue anunciada de antemano. En el día que desobedeciera, de cierto moriría. Y murió. Nacimos muertos, muertos en delitos y pecados. Todos. Sin excepción. Nacimos ya condenados, dañados, y miserables. Sólo pecar y siempre pecar; incapaces de querer, de entender o de hacer el bien.

De hecho, la reacción de Dios fue menos de lo que habríamos de esperar. No destruyó ni a su creación dañada ni al hombre por cuya causa fue dañada. Más bien, manifestó su misericordia de múltiples maneras, sobre todo, al resolver salvar a muchos. Lo hizo para manifestar las riquezas de su gracia.

Mirad a mí y sed salvos... En esta frase está resumida la Historia de la salvación.

La autoestima, pues, es un concepto fuera de lugar. Ha ganado popularidad dentro del cristianismo del momento y en el pensamiento de muchos creyentes sencillamente por haber olvidado ellos la enseñanza bíblica de la depravación total.

Debemos entender mejor quién y cómo es Dios.

Debemos entender mejor quién y cómo era el hombre cuando Dios lo creó.

Debemos entender mejor qué cosa es el pecado.

Debemos entender mejor cuáles efectos ocasionó el pecado en el mundo y específicamente en el hombre que lo cometió. Esto para que sepamos qué podemos lograr y qué no podemos, para que en lo que no podemos, busquemos fuera de nosotros la ayuda que tanto nos hace falta, y para que no sigamos sujetos al pecado, el cual en su esencia no es sino regocijarnos en nosotros mismos en lugar de más bien regocijarnos en Dios. El pecado de la idolatría es un hilo que corre a través de toda la historia sagrada en toda la Biblia.

La queja de Isaías era que nadie lo escuchaba. No… la queja más bien fue de Dios. Sentimos la misma frustración a veces, pues predicamos, rogamos, invitamos a Cristo, y la gente no acata la gracia de Dios. Llamamos a la iglesia a creer toda la verdad, y muchos no prestan ninguna atención. Están encerrados en una tradición y de allí no salen. Llevando esto a la iglesia en general, a todas las iglesias en el momento, a veces sentimos lo mismo. Hablamos de la necesidad de escuchar un punto de vista bíblico de amplia cobertura, y nadie oye. Un libro como El evangelio de hoy es un ejemplo de lo que quiero decir. ¿Lo ha leído? Dice algo diferente de lo que a veces como loros muchos están diciendo.

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