El evangelio según Jesucristo

Reseña del libro. Después de casi dos mil años, los cristianos siguen debatiendo sobre cómo es el evangelio. El debate nunca ha sido más agudo que ahora cuando algunos dirían que el mensaje por el cual un gran número de creyentes entró a las iglesias no fue en verdad el evangelio.

 

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El evangelio según Jesucristo
John F. MacArthur, publicado por Casa Bautista de Publicaciones

Después de casi dos mil años, los cristianos siguen debatiendo sobre cómo es el evangelio. El debate nunca ha sido más agudo que ahora. En el momento cuando en Colombia por lo menos hay más evangélicos que nunca, algunos dirían que el mensaje por el cual un gran número de creyentes entró a las iglesias actualmente, no es en verdad el evangelio. Claro dirían que contiene algo del evangelio, pero dirían que por no tener todo, y por presentar lo que tiene como si fuera todo, luego no es el evangelio; es “otro evangelio”. Dirían que es un caso muy parecido al de la Iglesia Católica Romana.

Es un debate antiguo lo que mencionamos. Es así en un doble sentido; primero, cuánto de la verdad bíblica debemos declarar al predicar el evangelio a las naciones; y segundo, en el de la preocupación de Santiago con respecto a la naturaleza de la fe por medio de la cual el pecador es justificado ante Dios (St. 2:20). Pablo escribió con la misma preocupación, por ejemplo en Romanos 6:2: Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?

El enfoque de John F. MacArthur en su libro El evangelio según Jesucristo trata el segundo aspecto del debate, aunque sin poder en el camino evadir el primero. La pregunta en la portada del libro, ¿Qué significa realmente el “Sígueme” de Cristo Jesús? declara el propósito del libro.
El libro incluye dos prólogos escritos por hombres de respetada trayectoria bíblica-teológica en la actualidad. Luego el autor delinea la situación que le impulsó a escribir el libro. Esta situación es la idea de algunos hoy día de que uno puede creer en Cristo y salvarse sin que resulte ningún cambio en la vida personal y sin que haya ningún compromiso en cuanto a andar en obediencia a Jesucristo.
Desde la página 35 hasta la 208, el autor expone y aplica las enseñanzas de Jesucristo sobre el debate. Ojalá este material sirva para obligarnos a evaluar nuestro entendimiento del evangelio de la gracia por medio de la fe, y la relación en la Biblia entre la fe y las obras. La fe obviamente es en Jesucristo. ¿Quién es Jesucristo? ¿Cómo es su evangelio? Anotamos a continuación unos reglones del libro como para dar el sabor de la preocupación que obligó al autor a escribir: Habla del caso del joven rico que llegó a Jesús preguntando qué debía hacer para heredar le vida eterna.

La mayor parte de nuestro trabajo de evangelización consiste en llevar a las personas al punto en que sientan la necesidad de la salvación. Este joven había llegado a este punto antes de hacer la pregunta a Jesús. Era el blanco perfecto para la evangelización. Estaba dispuesto a firmar la tarjeta, a levantar la mano, a pasar al frente o a lo que fuera... Estaba maduro. Estaba ansioso. No había manera para que pudiera irse sin recibir la vida. Pero lo hizo. No se marchó porque oyera un mensaje equivocado, ni siquiera porque no creyera, sino porque no estaba dispuesto a renunciar a todo lo que tenía y comprometerse a obedecer. Jesús puso una barrera insalvable para el joven. En lugar de tomar al hombre donde estaba y tratar de llevarle a tomar una “decisión”, Jesús le presentó unos términos a los que el joven no estuvo dispuesto a someterse. En cierto sentido, Jesús le hizo huir.

Al final del libro, hay dos apéndices, ambos de mucho valor, uno citando las escrituras de los apóstoles sobre el debate que el libro entabla, el otro dando citas de grandes hombres evangélicos del pasado, mostrando cómo fue entendido el evangelio en la historia.

Conclusión: Sin duda los que abogan por una salvación sin necesidad de sumisión bajo el señorío de Jesucristo, lo hacen con el sincero intento de salvaguardar la salvación por gracia. El intento del Sr. MacArthur es el de evitar el libertinaje que resulta de una supuesta gracia divina que no nos enseña a vivir “en este siglo sobria, justa, y piadosamente”, “renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos” (Tito 2:11,12). Por supuesto, existe y siempre ha existido el peligro de confiar en las obras humanas en algún sentido o en alguna medida como base de nuestra aceptación ante Dios (el libro de Gálatas, por ejemplo, refuta este error), pero el otro error es igualmente desastroso, el de decir que uno en Cristo se salva de la condenación del pecado, pero que puede seguir en el pecado igual como antes de creer.

¡Otro debate entre evangélicos! ¡Otro choque de criterios! ¡Otra división entre hermanos en Cristo! ¿Para qué? Algunos dirán que son discusiones sin sentido. Otros dirán que el asunto es la diferencia entre tener o el evangelio de Jesucristo, o un evangelio que no es evangelio.

¿Qué? ¿La Biblia es tan confusa que ni podemos saber qué cosa es el evangelio? O, ¿será el caso más bien que nosotros no hemos dedicado tiempo para escucharla? O, podría ser peor: podría ser que no hemos querido prestar atención a lo que la Biblia dice con toda claridad sobre este debate; no hemos querido ponernos de acuerdo con ella en nuestra predicación evangélica, porque nuestro afán es la estadística y no la santidad. Por favor, ¡lea el libro! Si encuentra que enseñe contrario a las Escrituras, comuníquenos sus inquietudes.

 

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