Introducción a la carta del 5 de abril de 2002

Dios presiona y logra los resultados que Él desea. Hace todas las cosas según el designio de su voluntad. Obra en su pueblo tanto el querer como el hacer por su santa voluntad. Pero, sin embargo, nos trata como seres humanos hechos a su imagen, no como robots preprogramados o como títeres manipulados. (Foto: Kamilla Oliveira/Flickr)

 

Versión completa en pdf (2 páginas) 

DescargarBoton2

 

Introducción a la carta del 5 de abril de 2002

5 de abril de 2002

Apreciado hermano pastor, le saludo otra vez en el nombre del Señor y con el fin de poner a su disposición los elementos de la Biblioteca Para Pastores. En estos días se adquirieron otros ciento cincuenta títulos nuevos para enriquecer el recurso disponible para la investigación y la reflexión. La biblioteca está abierta desde las 8:30 a. m. hasta las 5:00 p. m., los lunes, miércoles, viernes y sábados.

Las reuniones mensuales para pastores, cada tercer lunes, aportan estudios consecuentes con otro propósito de la Biblioteca, el de analizar críticamente el pensamiento actual a la luz de la Palabra eterna de Dios.

Una y otra vez insistimos en la necesidad de prestar mayor atención al texto bíblico, en dialogar con el texto e interrogarlo, siendo este la voz de Dios, a la cual Dios espera nuestra respuesta. Él habla con la Biblia; y espera que respondamos, pensando nuestra situación a la luz de la voluntad divina revelada. Nos creó seres pensantes. Debemos responderle valiéndonos de nuestro intelecto, y este funcionando para recibir las Escrituras para determinar qué quiere Dios. No vivimos en un mundo impersonal. Dialogamos con los hombres, claro que sí; para esto existe la iglesia. Pero primero y aun más, debemos estar en diálogo con Dios.

¿Qué dice el texto? ¿Qué sentido tiene? ¿Qué voy a hacer a la luz de lo que me dice? ¿Por qué dice lo que dice? ¿Por qué no lo dice de otra manera? ¿Es importante y en qué sentido? ¿Es cierto? ¿Me gusta o no me gusta? ¿Por qué? Etc.

No creo en revelación inmediata y directa de Dios hoy día. Pero esto no quiere decir que no hay comunicación. Sólo quiere decir que la revelación llega con las Escrituras recibidas por la mente, y que, de esta manera, me obliga a responder de manera responsable y razonada. Por supuesto Dios influencia el pensamiento humano, alumbrando el entendimiento, Ef. 1:17,18, y véase Col. 1:9. Esta influencia es a veces más que una mera persuasión. Dios presiona y logra los resultados que Él desea. Hace todas las cosas según el designio de su voluntad. Obra en su pueblo tanto el querer como el hacer, por su santa voluntad. Pero, sin embargo, nos trata como seres humanos hechos a su imagen, no como robots preprogramados o como títeres manipulados. ¿Existe la manipulación divina? A veces, claro que sí, porque Dios lleva a cabo su voluntad en un universo infinitamente grande, tan vasto que niega todo intento de comprenderlo. No es al azar, sino según la determinación suya que todo acontece. Aunque la palabra “manipulación” conlleva un sentido peyorativo, diría que en todo la hay, pues Dios obra todo según el designio o consejo de su voluntad, pero esta manipulación, si bien real, no existe sin que haya el elemento misteriosamente relacionado con la actuación divina, el elemento de la actuación válida y significativa de la acción humana. Los teólogos llaman a este concepto la concurrencia divina en la providencia. Concurrencia es, pero nunca en términos de igualdad de actores.

Así, pues, en toda nuestra insistencia en la soberanía de Dios, siguiendo las Escrituras, con igual insistencia hablamos de la respuesta humana. Tenemos que pensar, asimilar, utilizar y responder a lo que Dios está diciendo en la Biblia, y colaborar con sus actuaciones y su revelación.

Sepamos que el estudio es también devoción, porque el estudio nos lleva a escuchar la voz de Dios acertadamente y con exactitud, a escuchar así todo lo que dice, pues toda la Escritura es inspirada por Dios. La atención cuidadosa dada al texto no es un atentado contra la espiritualidad; no es crear barreras entre nosotros y Dios. No pecamos contra Dios si nuestro pensamiento es activo. Más bien, la forma como Dios se comunica es precisamente mediante la Palabra escrita, y para entender qué dice Dios, tenemos que pensar con toda la intensidad y la penetración de que seamos capaces. Honramos a quien nos habla sólo si entendemos y respondemos inteligentemente a lo que nos dice. El silencio muchas veces indica desacuerdo o desinterés. Si no respondemos, es como si consideráramos de poco peso las palabras de aquel que nos habla.

 

- ♦ -

Volver